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Y… ¡acción en Amurrio!

Miguel Parra graba en la localidad alavesa El jardín de Vero, su tercer cortometraje.

Con un elenco que incluye a Natalia Mateo y Javier Godino como protagonistas, el madrileño aborda la memoria histórica.

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Un momento del rodaje del cortometraje en Amurrio.

Un momento del rodaje del cortometraje en Amurrio.

¿Qué sucedería si en tu jardín apareciese una fosa común? Esa es la pregunta a la que trata de dar respuesta el nuevo cortometraje de Miguel Parra, El jardín de Vero. Amurrio fue entre el 2 y el 5 de julio el lugar de rodaje del corto sobre la memoria histórica dirigido por el madrileño. Periodista, guionista y presentador de cine, contó con un elenco conformado, entre otros, por los actores Natalia Mateo y Javier Godino para la realización de su tercer corto.

En Sin respuesta y Rawan16/07, sus dos primeras obras, el madrileño se acercó a los desahucios y al integrismo religioso, respectivamente. La crítica acogió positivamente ambas piezas, que ya han sido elegidas para varios festivales. La primera, de hecho, fue preseleccionada para el premio Goya al mejor cortometraje de ficción. “Decidí rodarla porque era una idea muy fácil de llevar a cabo, aunque muy curiosa al mismo tiempo”, admite. Sin embargo, fue muy aclamada. “Algo rodado en día y medio se convirtió en un fenómeno, llegó a ser uno de los cortos del año”, recuerda Parra.

En este caso, el descubrimiento de una fosa común es el telón de fondo. Vero (encarnada por Natalia Mateo), acuciada por una mala racha económica, decide vender su patrimonio familiar a unos compradores chinos. Sin embargo, una fosa aparece en su jardín el día en que pretende cerrar el trato con los ejecutivos. Este hecho es el desencadenante de todo lo que sucede después. Pedro (interpretado por Javier Godino), pareja de Vero, la acompaña y es testigo y partícipe de todo lo que sigue al inesperado hallazgo.

Parra eligió a dos actores con los que ya había trabajado anteriormente para dar vida a los protagonistas de este corto. “Cada personaje te pide un tipo determinado de actor y estos les venían como anillo al dedo”, cree el director. Mateo ya coincidió con él en Sin respuesta. “En este papel le pegaba todo”, alega Parra, que ve en la española a una actriz con incontables recursos dramáticos. En el caso de Godino, contó con él para un pequeño papel en ese mismo corto, pero en esta ocasión le ha concedido el de protagonista. “Los argentinos están generacionalmente más cerca del problema de los desaparecidos y de la gente que fue borrada del mapa por motivos ideológicos”, explica el madrileño. “Podía empatizar más con el problema”. Además, una vez concluido el trabajo, Parra considera que, aun siendo todo lo que se cuenta dramático, Godino ha sabido darle un giro especial. “Ha conseguido imprimirle un toque de humor muy especial al personaje”, declara.

No hubo más razones que las meramente técnicas para la selección de Amurrio como lugar de rodaje. “Por desgracia, el de las fosas comunes es un problema de todo el Estado español”, lamenta el director. “Las hay desde el sur de Cádiz hasta Finisterre”. Por ello, Álava se presentaba como una buena opción para el rodaje y la ambientación del corto.

Compromiso con la realidad

Al igual que en sus dos primeras incursiones en el mundo del cortometraje, en El jardín de Vero Parra aborda un tema de índole social. Como periodista, la actualidad le influye mucho a la hora de elegir los temas que tratar. “El detonante de los tres cortometrajes ha sido alguna noticia que he leído y me ha inspirado para crear una historia, aunque no tuviera nada más que el punto de partida en común con ella”, confiesa. “Como artista, hay que tener un cierto compromiso con la realidad”.

El director se siente cómodo en el mundo del cortometraje. “En España, con los cortometrajes existe una independencia que sospecho que en el mundo del largometraje no existe”, afirma. Parra achaca esta diferencia a la menor necesidad de financiación. “No se está sometido a los condicionantes impuestos por grandes distribuidoras norteamericanas, japonesas, chinas o rusas”, reitera, y cree que esto le brinda la posibilidad de decir lo que quiera.

Con la cámara y los trípodes ya recogidos y Amurrio dejando a un lado la ficción para regresar a la realidad del día a día, Parra espera que el cortometraje no deje indiferente a nadie. Para ello, ha buscado cincelar unos personajes que aporten puntos de vista que no sean los esperados. “Lo que pretendo con este corto es levantar un espejo en el que el espectador pueda mirarse y decidir si se reconoce o, de lo contrario, si comprende al otro”, explica. Ahora, con el producto ya fuera de su control, serán los espectadores los que decidan. Prevenidos… ¡Acción!

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