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Harto de indignados

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Estamos a las puertas de unas elecciones generales y este mero hecho nos indigna, porque lo relevante es estar indignado. Los referentes del periodismo español son siempre los primeros indignados. No mostrar indignación es un síntoma de flaqueza o de cesión. Es no ser sensible a lo que pasa. Indignación o nada, parece ser la clave de lo que pasa en España. No conviene reflexionar en exceso, ni pararse a pensar no vaya a ser que dejemos de estar indignados y dejemos de pensar que todo debe cambiar porque todo es un desastre.

Pues me resisto al simplismo y me alegro de haber asistido el pasado 20 de abril en San Sebastián al encuentro empresarial que organiza la SGR Elkargi. Sin duda, el acto empresarial más importante de Euskadi. Reunió una mesa redonda curiosa con Antonio Garrigues Walker, Adela Cortina, Josu Jon Imaz y Cristina Garmendia. Me quedo con el mensaje que transmitieron los dos primeros, tal vez porque sean almas libres que se pueden permitir decir aquello que otros no pueden por la edad o la posición. Y lo mejor es que lo dicen con mesura.

Adela Cortina es catedrática de Ética y expresó de forma clara la importancia de la libertad y la capacidad de elección que ésta nos da. "Depende de lo que hagamos nosotros". Qué razón tiene Cortina. La libertad individual de cada uno nos lleva a ser parte de todo lo que pasa. Esa superestructura que llamamos sistema, que tanto nos indigna y por lo visto nos somete, somos nosotros con nuestras decisiones diarias. 

A Cortina le había leído artículos pero no así a Garrigues, de quien había leído pero no le había leído ni oído. Gran diferencia. Ya sabía que era de inclinación estadounidense -algo que no me desagrada aunque esté mal visto por los indignados-, pero no es eso loque me impresionó. Me gustó su libertad para hablar, su cercanía y su mensaje fresco y limpio. Me apunté una de sus frases: "El derecho al pesimismo es intolerable". Me pareció brillante aplicada a un país como España donde nuestra indignación nos hace pensar que todo es un desastre y que todo lo hacemos mal. Es sencillamente mentira. Ni somos los más corruptos ni los que tenemos peores servicios. 

Los referentes del periodismo español son siempre los primeros indignados. No mostrar indignación es un síntoma de flaqueza o de cesión. Es no ser sensible a lo que pasa. Indignación o nada, parece ser la clave de lo que pasa en España.

¿Por qué el sistema español de trasplantes es referencia mundial? Porque en este país hay muchas cosas que funcionan y lo hacen muy bien. Algunos dirán que es lo único pero es mentira. No merece la pena enumerar nada porque para eso ya están los indignados. Pero paso de ellos. Estoy harto de ellos y sus chamanes. Aquellos que con su varita mágica, como ya he dicho en ocasiones anteriores, han encontrado la solución a la indignación, porque nos hacen creer que la solución son sencillamente ellos.

Quiero recomendar en este punto un libro que me ha satisfecho: ‘El retorno de los chamanes’, de Víctor Lapuente. En este absurdo mundo de las declaraciones, de los telepredicadores, de los medios de comunicación de combate, de los indignados y del poder de las frases huecas de fácil titular; me entusiasma que haya personas con mucho sentido común, personas que merecen, en medio del ruido, que se oiga su palabra.

Estamos ante unas elecciones y votaremos, y los partidos acabarán pactando, y dejaremos de ver cómo en nombre de la patria las derechas populares y los populismos de izquierdas culpan de que no haya gobierno a los que han intentado el acuerdo entre diferentes (PSOE y Ciudadanos). Indígnense lo que quieran, pero en qué han cedido populares y populistas en España. Solo el pacto, el acuerdo y la cesión traerán soluciones. Olviden los milagros. Y, por favor, dejemos de indignarnos y sigamos construyendo juntos. Vayan a una hemeroteca y busquen periódicos de hace 40 años y piensen en lo que hoy es España.

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