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La culpa siempre es de la comunicación

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El 24 de mayo por la noche, o tal vez el 25 por la mañana, veremos a algún partido político decir que han tenido un problema de comunicación y que no han sabido llegar a la gente. La comunicación se ha convertido en una fantástica excusa para todo. En un lado, están los medios de comunicación en los que habitan seres perversos e ignorantes cuya vocación es manipular la realidad. Al otro lado, están los responsables de comunicación que siempre se equivocan en su voluntad de engañar. Y en el medio, todos los inocentes que de una forma u otra habitan entre estos dos males. Espero que hayan entendido la ironía, pero por si las moscas prefiero dejar claro que lo que he escrito es una majadería.

Soy un firme defensor de la comunicación, a la que me dedico profesionalmente, y del periodismo, del que he vivido y conozco relativamente bien. Me atrevo a defender que el número de inútiles e incapaces en estos dos oficios, que creo diferentes, aunque complementarios, es una constante. También lo es entre los ingenieros, los médicos, los abogados, los fontaneros o los alquimistas. Ni más ni menos. Sin embargo, disfrutan de uno de esos oficios que están en boca de todos.

Quiero dejar claro que para mí un periodista es aquella persona que trabaja en la presentación de informaciones, bien como reportero o como editor de las mismas. Descarto que periodista sea todo aquel que trabaja en un medio de comunicación. Hay mucho de espectáculo en los medios, aunque vaya camuflado de periodismo. Las reglas del buen periodista son sencillas y pocas, pero difíciles de cumplir. No nos tenemos que ir al New York Times para buscarlas. Están bien recogidas en el Libro de Estilo de El País. El problema es que no se cumplan y siempre depende del medio, pero mucho del periodista.

Malvive el oficio de periodista en España porque las empresas periodísticas están mal y al final se nota. Muchos grandes profesionales han tenido que dejar el oficio antes de tiempo sin contar con la posibilidad de traspasar su buen hacer a los jóvenes valores. Pero esto pasa en muchos otros sectores también.

La excusa de quien pierde unas elecciones y dice que “no han sabido comunicar bien” es posible que sea cierta. Pero muchas veces el problema es que no han sido capaces de hacer cosas que sean susceptibles de ser comunicadas

Y en el otro lado está la comunicación, donde unos profesionales se ocupan de la imagen y de la reputación. Entiendo que la comunicación es un factor de competitividad para una empresa, pero para otras organizaciones también. Sin embargo, la comunicación es solo un camino en una estrategia global. Para poder comunicar hay que hacer algo que merezca la pena ser comunicado. La excusa de quien pierde unas elecciones y dice que “no han sabido comunicar bien” es posible que sea cierta. Pero muchas veces el problema es que no han sido capaces de hacer cosas que sean susceptibles de ser comunicadas. Creo que la comunicación se debe basar en lo que se hace y no en promesas y en lo que gustaría hacer. Repetimos a nuestros hijos que es más importante lo que hacemos que lo que decimos. Probablemente no sea del todo cierto y que lo bueno sería ir coordinado entre lo que se hace y se dice y que sea coherente y cierto.

Señores políticos, les ruego que para intentar conectar con el electorado sean honrados, transparentes y no prometan lo que no es posible. Usen todas las herramientas posibles, pero no tomen al ciudadano por tonto. Tal vez nos engañe una vez, incluso dos, pero no perdonaremos un tercer intento. Tampoco lo perdonarán los denostados periodistas, que son tan solo aquellos que quieren contar lo que pasa, aunque nos empeñemos en ocultarlo. Es solo un juego.

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