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“El 8 de Marzo no hay nada que celebrar en igualdad; la lucha continúa”

Euskadi cuenta con una ley de Igualdad desde 2005, pero los avances legales solo han creado un espejismo de equilibrio

En cuatro décadas de democracia, ninguna mujer ha dirigido los ayuntamientos de las capitales, las diputaciones o el Gobierno vasco

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Imagen de archivo del Día Internacional de la Mujer.

“Las mujeres de todo el mundo estamos hoy mejor que hace cien años, pero es evidente que esta lucha será muy larga, porque no todos los avances se consolidan. Es más, como estamos observando durante los últimos años, los retrocesos son posibles…... Este 8 de Marzo, por tanto, no hay nada que celebrar. Este 8 de Marzo la lucha continúa”.  Begoña Muruaga, filóloga y prestigiosa feminista, considera que aún queda mucho por hacer en el terreno de la igualdad, que los avances en este terreno son más aparentes que formales. Euskadi tiene una Ley de Igualdad desde 2005, pero a pesar de los esfuerzos institucionales hay tendencias muy difíciles de revertir.

Por ejemplo, las mujeres que trabajan fuera de casa y tienen hijos o hijas menores de 15 años  destinan 4,5 horas diarias a su cuidado en la comunidad autónoma, mientras que los hombres en situación equivalente solo emplean 2,9 horas diarias. El reparto de tareas domésticas entre los ocupados y las ocupadas también resulta desigual: nueve de cada diez hombres dedican dos o menos horas a esas tareas, mientras que tres de cada diez mujeres emplean tres horas o más. La petición de permisos y excedencias para cuidar de los hijos sigue siendo cosas de las mujeres, que solicitan nueve de cada diez.

Las cifras de la desigualdad se amplían en el terreno salarial. Los hombres obtienen una renta media de 24.417 euros, en tanto que las mujeres cuentan con 14.711 euros en promedio, es decir, los hombres obtienen una renta personal 9.706 euros más alta que las mujeres en 2014. ¿Por qué? Pues por la menor tasa de actividad de las mujeres y el sector de actividad en que están empleadas. A pesar de que la sanidad, la educación y hasta la Justicia se han feminizado, las principales cotas de poder de estos ámbitos son coto de los hombres. La reciente elección de una nueva rectora para la Universidad del País Vasco (UPV), Nekane Balluerka, ha roto un techo, aunque en los niveles inmediatamente inferiores, los de catedráticos con responsabilidades, las mujeres siguen en calara inferioridad.

Otro dato que refrenda lo lejos que queda la igualdad real: dos de cada cinco contratos firmados en 2016, el 40,1%, lo son a tiempo parcial, más de la mitad en el caso de las mujeres (53,1%), y uno de cada cuatro en el caso de los hombres (26,8%). El mayor problema de este tipo de contratación es que en su mayoría lo es de carácter involuntario evidenciando la escasa calidad de la relación contractual establecida.

¿Y en el ámbito político? Pues cuando han transcurrido ya más de 40 años de democracia, ni una mujer ha dirigido los principales ayuntamientos, las diputaciones o el Gobierno vasco.

Violencia de género

Los avances que se han vivido en los últimos años en la legislación en torno a la violencia de género y las políticas de igualdad han favorecido que “se cree la falsa apariencia de igualdad real, cuando muchas veces la igualdad solo es formal o legal”. Así lo piensa la socióloga, profesora de la Universidad de Deusto y exdirectora del Instituto Vasco de la Mujer-Emakunde. “Las personas jóvenes son educadas en la igualdad de derechos y acceden de forma igualitaria a la educación. Sin embargo, hay todo un currículo oculto en la formación que no llega a ser consciente: las expectativas que el profesorado proyecta en los chicos y las chicas, el uso del espacio, el valor atribuido a unos y otras, la oferta y asignación de extra-escolares, la elección de materias optativas”.

Es decir: “La segregación educativa que responde a identidades de género que siguen transmitiendo una división sexual del trabajo y del papel social que mujeres y hombres deben desempeñar. El problema no es la diferencia, el hecho de ser mujer u hombre, sino construir a partir de esa diferencia la desigualdad”, recalca en una entrevista con el diarionorte.es

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