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Munilla advierte del error de tensar la convivencia social para "dar cabida a reivindicaciones partidistas"

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ha advertido del "error gravísimo" que supondría que se "tensase al extremo la convivencia social, con objeto de dar cabida a todas las reivindicaciones partidistas", que "no son en sí mismas ningún valor absoluto, sino cuestiones opinables y, por lo tanto, relativas".

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En la celebración eucarística con motivo de la festividad de San Sebastián que Munilla ha presidido en la donostiarra basílica de Santa María del Coro ha explicado que en la vida hay que elegir entre "el bien común de la sociedad, o nuestro exclusivo interés".

"Quienes persiguen el bien común por encima de todo, necesitan ejercitarse en las virtudes de la justicia y de la prudencia, para conjugar los intereses personales, en el contexto de una perspectiva social", ha sostenido.

Sin embargo, ha criticado que "quienes no persiguen otra cosa que su propio interés, suelen hacer gala de imprudencia, obstinación y hasta de crueldad". Tras destacar que la fe cristiana "aporta elementos decisivos para el bien común", el prelado donostiarra ha señalado que si se percibe que el interés personal se contrapone al bien común, o viceversa, es porque se está "confundiendo el bien moral con el egoísmo".

Munilla ha lamentado que, en la actualidad, "suele confundirse la tolerancia con el relativismo, y la prudencia con la cobardía" y "la virtud de la prudencia tiene que estar puesta al servicio de la justicia".

"Pienso que el drama consiste en que la política, siendo muy necesaria, ha llegado a convertirse en el único principio rector de la existencia humana", ha señalado.

A juicio del obispo donostiarra, "la política pretende decidir el bien y el mal; pretende redefinir la naturaleza humana y la propia familia; pretende determinar el principio y el fin de la vida humana; pretende ser la única responsable del sistema de enseñanza".

En este contexto, ha advertido de que sería "un error gravísimo que un valor moral absoluto, como por ejemplo es el caso del respeto a la dignidad de toda vida humana desde su concepción, quedase sin protección de forma incondicional, en virtud de una falsa prudencia", al igual que también "sería otro error gravísimo que se tensase al extremo la convivencia social, con objeto de dar cabida a todas las reivindicaciones partidistas, que siendo más o menos legítimas, no son en sí mismas ningún valor absoluto, sino cuestiones opinables y, por lo tanto, relativas".

Finalmente, ha señalado que "cuando el ejercicio de la prudencia pretende sustituir a la justicia, o al revés, cuando la invocación de la justicia pretende hacer innecesaria la prudencia, entonces la injusticia y la imprudencia terminan por caminar juntas".

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