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Sortu se mueve con timidez y lentitud hacia el reconocimiento de las víctimas de ETA

Los herederos de Batasuna, que por primera vez acudirán al acto de Parlamento en recuerdo de las víctimas del terrorismo y de los abusos policiales, llevan desde 2012 mostrando su incapacidad de forjar un discurso nítido autocrítico tras haber jaleado el terrorismo

El resto de partidos exige al mundo político que nunca ha condenado a ETA un pronunciamiento claro de reconocimiento del daño causado por los etarras

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EH Bildu inicia una reflexión "crítica" sobre la violencia en el pasado para reparar a todas las víctimas

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Sortu, el partido heredero de la izquierda abertzale que nunca ha condenado el terrorismo de ETA, sigue dando pasos y realizando gestos en relación a las víctimas del terrorismo y al daño causado por la organización terrorista. Pero los partidos de la órbita constitucionalista (PSE-EE, PP y UPyD) siguen demandando una posición mucho más "clara y nítida" al partido que preside Hasier Arraiz, porque no solo no tuvo empatía con las víctimas, explican, sino que ese mundo político aplaudió los asesinatos y les dio cobertura política, como ha recordado el exlehendakari, Patxi López, al valorar el nuevo gesto de Sortu.

El tímido paso de Sortu se produce a escasos días de la celebración del Día de la Memoria en Euskadi. Por primera vez desde el cese definitivo de la actividad terrorista hace cuatro años, los parlamentarios de Sortu incluidos en la coalición EH Bildu acudirán el próximo martes 10 de noviembre al acto que anualmente convoca el Parlamento vasco para recordar a las víctimas del terrorismo y de los abusos policiales. A ese acto no acuden ni el PP, ni UPyD, que siguen exigiendo que el homenaje se circunscriba a las víctimas del terrorismo.

Sortu lleva con un debate abierto en torno al reconocimiento del daño causado por la violencia etarra y su falta de empatía y cercanía con las víctimas del terror desde febrero de 2012. Ni siquiera las conversaciones que mantuvo durante meses desde finales del pasado año con el PNV al más alto nivel -con los presidentes de ambos partidos Hasier Arraiz y Andoni Ortuzar involucrados- para negociar un documento en torno a este tema para reactivar la ponencia de Paz y Convivencia sirvieron para acelerar el debate. El propio Ortuzar reconoció en septiembre pasado que estaba "harto" de la incapacidad del partido de Arraiz para armar un discurso claro sobre este asunto, al tiempo que le pedía "meter la directa" en el tema de paz y convivencia.

En febrero de hace ya más de tres años, en un acto celebrado en el Kursaal donostiarra, la dirigente Maribi Ugarteburu dio lectura al documento en el que bajo el título 'Viento de solución'  los herederos de Batasuna asumían que su proximidad política con los terroristas de ETA "ha podido suponer un dolor añadido o un sentimiento de humillación para las víctimas". Ahora, en el escueto texto de tres puntos, hecho público en una comparecencia el pasado jueves de Arraiz (Sortu) y Rebeka Ubera (Aralar, la escisión en su día de Batasuna), se vuelve a admitir esa insensibilidad, se asegura estar inmersos en una "reflexión crítica" por las "decisiones adoptadas en el pasado respecto al uso de la violencia" y se apunta expresamente: "sentimos profundamente que nuestra actitud política no haya acompañado siempre el dolor de cada víctima", aunque no se cita ni a ETA, ni a las más de 850 víctimas causadas por esa organización terrorista. Tres años después de su primera aportación, ese manifiesto es su "pequeña aportación", reconocen, "a un ejercicio crítico que debería ser compartido por todas las partes y debe estar encaminado a reconocer todo el daño causado".

Juicio a los 'generales' de ETA

¿Cómo se explica que entre ambas declaraciones hayan pasado más de tres años? Todas las fuentes consultadas apuntan a los problemas internos que se han vivido en la izquierda abertzale y a la presión de los sectores más renuentes a seguir dando pasos unilaterales, mientras más de 400 presos de ETA siguen en la cárcel y no se vislumbre ningún movimiento en política penitenciaria desde el Gobierno de Mariano Rajoy. Junto a esa realidad en las cárceles españolas y francesas, todas las fuentes consultadas sitúan cualquier movimiento de calado de ETA en relación a su desarme definitivo después de las elecciones generales. 

En ese contexto de divergencias internas, el sector más duro de los presos de ETA tampoco quiere abrir vías que resquebrajen la unidad del colectivo de reclusos, una de las obsesiones de la dirección etarra. Y el documento leído en el juicio que se sigue en París contra los últimos 'generales' de ETA -incluido el supuesto jefe militar de la organización Mikel Carrera Sarobe, 'Ata', y el también miembro del Zuba (Comité Ejecutivo)  Xabier Goienetxea Iragorri, 'Goiene', con un lenguaje duro y ortodoxo, tendría esa explicación. Ese reconocimiento que se exige del daño causado, a juicio de ese grupo de exdirigentes etarras, "no es más que un nuevo obstáculo que hace de quien se empeña en encontrar soluciones el portador del peso de la responsabilidad". Y se añade: "nos parece obsceno hacer de ese sufrimiento infligido a los demás y a nosotros mismos un espectáculo (...) Si por el espectáculo de este sufrimiento se busca la humillación y la rendición del enemigo, a sabiendas de que eso no hará más que perennizar el conflicto, estamos ante un crimen". 

Y lejos de denunciar la violencia terrorista de ETA, estos presos se reafirman en la defensa del uso pasado de la violencia: "la lucha armada", sostienen, "ha sido instrumento ineludible para que nuestra nación sobreviva". Al tiempo que censuran la política con los presos: "Se impide a ETA poner término a su proceso de desarme. Se hace política a costa de las víctimas. Los presos, rehenes en las prisiones de los Estados a menudo en condiciones peores a las de los años más duros del enfrentamiento armado, sufren el chantaje de la petición de autocrítica".

La parte de la dirección de Sortu más proclive a seguir dando pasos unilaterales se mueve entre arenas movedizas: la situación de los presos -a los que la Audiencia Nacional acaba de rechazar su solicitud de ser trasladados a cárceles del País Vasco- el último acto de violencia callejera -reivindicado por los sectores críticos con Sortu y EH Bildu- y la falta de avances en la entrega de armas y definitiva disolución de ETA. Por el momento no se esperan novedades de calado en relación a la paz y la convivencia en Euskadi, según las fuentes consultadas, que ya se sitúan en esta materia después del 20-D.

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