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“Los cambios del PP en la universidad tienen unas consecuencias brutales a medio plazo”

El rector de la Universidad del País Vasco (UPV), Iñaki Goirizelaia, sigue pensando que “la universidad es una pluma al viento de los vaivenes políticos”.

Con un incremento del presupuesto para este año apenas imperceptible, Goirizelaia es consciente de que la UPV luchará por hacerlo lo mejor posible, pero no por “ser la mejor”.

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El rector de la UPV, Iñaki Goirizelaia, durante la entrevista.

El rector de la UPV, Iñaki Goirizelaia, durante la entrevista.

Iñaki Goirizelaia (Bilbao, 1958) ha pasado el ecuador de su segundo mandato al frente de la Universidad del País Vasco (UPV). Cuando termine, en noviembre de 2016, habrá consumido ocho años como rector. En la historia de la UPV nadie había llegado tan lejos. En el momento actual, cuando muchas miradas se vuelven hacia la universidad en busca de respuestas, Goirizelaia asegura que su ambición como rector es “la máxima”, pero los presupuestos obligan a luchar “por ser la mejor universidad posible, no la mejor”. Frente a los que le piden más beligerancia con los recortes que ha sufrido la UPV, él responde que “pegar un puñetazo encima de la mesa y plantarse no es cosa del rector”, que debe preservar su posición institucional. A pesar de los ‘mordiscos’ que ha sufrido, “la UPV ha conseguido ser referencia para todos los ámbitos”, según el rector. Y advierte: “Mientras yo sea rector no habrá ningún cambio de modelo que suponga más coste para los alumnos”.

Acaba de presentar los presupuestos y la máxima aspiración de la UPV es ser la mejor universidad posible, no la mejor.

Tenemos un presupuesto que se conforma de la subvención del Gobierno y de recursos propios. La suma de estos dos conceptos supone un incremento para 2015 muy pequeño con relación al año pasado. Así que podemos mantener nuestra actividad docente de calidad, nuestra actividad investigadora, los puestos de trabajo….Eso significa que podemos hacer la mejor universidad posible, pero nos gustaría pasar de ser una buena universidad a crecer como universidad en el contexto europeo. Y eso este año va a ser complicado. Esperemos que en los próximos años, con las mejoras que puedan darse en el plan universitario, se pueda cambiar el ritmo.

¿La universidad navega según los vaivenes políticos?

Los cambios políticos son brutales a medio plazo para la universidad. Los diferentes gobiernos intentan siempre hacer cambios que nos modifican constantemente las reglas de juego en la universidad. Esto es lo que hemos visto con el Gobierno del PP en los últimos años. Ha ido modificando las normas. Y esto tiene unas consecuencias que no se miden en el corto plazo, pero que a medio plazo son brutales. Sigo pensando igual que hace unos años, la universidad es una pluma al viento de los vaivenes políticos. Con las normativas anteriores solo se podía cubrir el 10% de las personas que se jubilan; ahora es el 50% y tampoco soluciona nada. Los cambios continuos en las distintas normativas son muy preocupantes. La educación debe estar fuera de estos cambios.

Pero tanto del Gobierno central como del autonómico.

Claro. Me gustaría que la estabilidad se mantenga en el tiempo, pero depende de los sucesivos gobiernos.

Se ha echado de menos un discurso más beligerante del rector hacia los recortes. ¿Tal vez no le ha faltado dar un puñetazo encima de la mesa?

Lo que pasa es que el rector no puede cerrar los ojos y considerar a la universidad como un ente aislado. La universidad tiene una responsabilidad y no puede dejar de ver lo que está pasando en su entorno. Pegar un puñetazo encima de la mesa y plantarse nunca le toca al rector. El rector siempre tiene que hacer el esfuerzo máximo para conseguir lo mejor para la universidad. Y plantarse y dar un golpe encima de la mesa no es lo que tiene que hacer un rector. Le toca siempre mantener una posición institucional.

¿La UPV ha conseguido vertebrar a la sociedad vasca?

Creo que en los últimos 15 años la UPV juega un papel fundamental en todos los ámbitos, desde la salud a la tecnología pasando por el campo social… No hay un día que no haya un profesor de la UPV hablando en los medios, firmando artículos. Estamos constantemente divulgando la actividad que desempeñamos y creo que hemos conseguido ser referencia en la sociedad para todos los ámbitos. Hoy se nos mira como la universidad referente de este país. Y además se nos valora. La UPV es la institución más valorada por la sociedad vasca. Algo quiere decir.

¿Y también como referente moral?

Sí. El debate que se produce en la universidad es reproducido de la sociedad. La UPV es una especie de laboratorio pequeño de la sociedad vasca porque aquí convivimos todos con sensibilidades diferentes. Eso tiene un valor moral que se transmite a la sociedad.

Desde algunos ámbitos se achaca falta de pulso a la UPV, de que no imprime carácter.

Lo que ocurre es que en ciertas actuaciones donde es necesario cuidar a los investigadores, donde tienen que tener la sensación de que la UPV les arropa, no hemos conseguido transmitir esa percepción por las estrecheces económicas que vivimos. Entonces es posible que algunos se pregunten: ¿Ya me merece la pena? Pero la mayoría de nosotros somos vocacionales. Nos gusta la investigación, la docencia, transmitir nuestro pensamiento y a veces las estrecheces las superamos con esa pasión.

¿Es posible que la sobrecualificación se convierta en un problema para los universitarios? ¿Usted recomendaría a un joven de 18 años que ha terminado el Bachillerato que se matricule en la universidad?

Sin duda. Cuando se dan mensajes alarmistas conviene precisarlos muy bien con información contrastada. El menor porcentaje de paro entre nuestros jóvenes está entre los universitarios. Sin duda. La gente que ha pasado por la FP tiene una inserción laboral menor. Creo que la formación universitaria, además de ofrecer los conocimientos adecuados, te da un plus, que es el de pensar, razonar, ser crítico. Te da un poso que se genera acudiendo a las aulas, debatiendo, analizando. Son competencias que es difícil conseguir sin pasar por la universidad. Además, no se me rasgan las vestiduras porque alguien decida hacer una FP después de terminar la carrera universitaria. Es más complicado que alguien que ha hecho una FP después siga estudiando en la universidad.

¿Por qué?

Una persona que ha orientado su formación hacia una manera de estudiar que no es la misma que la universidad pueda estar condicionada. Pero alguien que haya pasado por la universidad no va a tener ningún problema para realizar después una FP. No me genera ningún tipo de contrasentido, máxime cuando sé que la universidad te pone en mejor situación de cara al mercado laboral que cualquier otro tipo de formación. Lo que sí hay que hacer es coordinarnos mejor con la FP, para que ese paso sea lo más fácil posible. En un mercado como el vasco, con un alto porcentaje de actividad industrial, no es posible innovar sin conocimiento. Generar conocimiento se produce con personas que tienen la capacidad de analizar la situación, de contrastarla con otros países y decir por dónde hay que ir. Y eso lo tienen que hacer los titulados superiores. Eso se consigue en la universidad.

Nuevo modelo 3+2

¿Qué opina de la fórmula de 3+2, tres años de grado y dos de másteres?

Este proceso de debate lo tuvimos hace tiempo, hace 12 años. En aquel momento, como universidad considerábamos que el 3+2 era la opción adecuada. En aquel momento, con el Gobierno de Rodríguez Zapatero se decidió ir al 4+1. Yo no lo veía. No solo por la convergencia con otros países europeos, sino porque una formación básica de tres años completada con una más especializada de dos años da flexibilidad y una educación suficiente. Cuando se decide el 4+1 se acabó el debate. Y ahora estamos con ese modelo, donde los grados han ganado valor por ser de cuatro años cuando antes eran de tres en algunas ocasiones. Encima no lo hemos evaluado. Ahora estamos acreditando las titulaciones de cuatro años para saber si lo hemos hecho bien. En algunos casos los másteres están empezando este año. No tenemos datos suficientes para decir si la apuesta que se ha hecho es buena o mala. Y pegar el salto al 3+2 sin este análisis está fuera de lugar. A nadie se le ocurre dar un salto así sin estudiar con detalle lo que tienes, evaluarlo y ver las partes buenas o malas.

Los estudiantes creen que el 3+2 va a encarecer la enseñanza, haciendo que la universidad sea solo para para la élite.

Hay que realizar un estudio del coste real que le supone a un estudiante pasar de un modelo a otro. Con todo bien analizado, si queremos podemos dar el salto. Pero sería un salto con una condición: que en ningún caso el estudiante tenga que pagar más de lo que paga hoy con el 4+1. El coste debe ser igual en los dos modelos. Si el coste del 3+2 es mayor que el del 4+1 sí se estaría produciendo un encarecimiento, pero repito que mientras yo sea rector solo plantearé un cambio hacia el 3+2 si el coste es el mismo.

La reestructuración de los centros, pasando de los actuales 31 a 20, ¿podría convertir a algunos en sucursales de otro, es decir, centros de primera y segunda?

Este proceso de reorganización ha suscitado debate, con posiciones a favor y en contra. Es un debate enriquecedor para todos y el resultado final es que todos salimos fortalecidos. Los profesores que tienen miedo de que sus centros se conviertan en sucursales de otros no han tenido en cuenta el problema que supone quedarse como están. Y quedarse como están no es una opción. En algunos casos, dejar todo igual implicaba un tremendo riesgo para ese centro. El mensaje ha calado en la comunidad universitaria y todos miramos hacia adelante.

¿Es una reorganización para ahorrar costes?

No. ¿Por qué?

Pues porque habrá menos cargos directivos.

Pero eso es el chocolate del loro. La fortaleza de la universidad reside en su carácter de elemento tractor para la sociedad, de su actividad académica sin límites. En ningún caso me hubiera planteado una reestructuración como un ahorro. Eso no tiene sentido. Reorganizar la universidad para los próximos 40 años pensando en que vamos a ahorrar a corto plazo es un sinsentido. Tenemos un pasado del que no renunciamos, pero no podemos ser esclavos de ese pasado. Todas las universidades están cambiando. No podemos quedarnos con una estructura que viene de hace muchos años y que no resulta la adecuada para el desarrollo futuro.

¿Una apuesta para jugar en Primera División?

Me gustaría jugar no en Primera, sino en la Liga de Campeones. Y siguiendo con el símil futbolístico le diría que se fije en el Eibar. Un equipo con estructura pequeña, pero que ha conseguido llegar a Primera. Si se quiere mantener ahí, tiene que correr tanto como el resto de los equipos. A la UPV le pasa igual. Somos una universidad joven que ha conseguido meterse entre las 500 mejores del mundo. Si queremos seguir estando entre ellas debemos correr tanto como los demás. Este es el problema. Aparte de las dotaciones presupuestarias adecuadas, también es importante que nosotros nos organicemos bien.

En esa carrera, cree que vivirá lo suficiente para ver a algún investigador de la UPV coronado con el Premio Nobel.

Lo tenemos que tener presente, otra cosa es que lo consigamos. Sí me gustaría que todos los que se sienten en la silla del rector de la UPV pensemos una y otra vez que nuestro objetivo es que algún día tengamos varios premios Nobel. Esa es mi ambición como rector y es lo que debe mover a la universidad. Cuando establezco prioridades y criticó el plan universitario es porque creo que no podemos cambiar la velocidad a la que se mueve esta universidad para acercarnos a ese objetivo.

Termina su mandato en noviembre de 2016 y ya ha anunciado que no va a seguir.

Cuatro años son pocos, pero ocho está bien. De ahí para arriba creo que es demasiado. Trabajamos con ganas, con ideas, con proyectos…A partir de los dos mandatos creo que lo importante es que entre una persona nueva con otras ideas, otros aires. Seguir y seguir en el cargo es lo peor que se puede hacer.

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