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Por qué es tan complicado que la universidad conecte con la empresa

Muy pocas empresas, organizaciones y administraciones se acercan hasta la Universidad del País Vasco para adquirir los resultados de sus investigaciones debido a la complejidad para acceder a los mismos

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El director de Innovación y Transferencia, Gorka Artola. Fotos: Tere Ormazabal (UPV).

El director de Innovación y Transferencia, Gorka Artola. Fotos: Tere Ormazabal (UPV).

El Área de Innovación y Transferencia del Vicerrectorado de Investigación de la Universidad del País Vasco trabaja para transferir a la sociedad lo que produce la universidad en forma de descubrimientos, nuevos conocimientos, tecnologías….Sin embargo, esa es la intención, pero en muchos casos no lo consigue. ¿Por qué? Gorka Artola, director de Innovación y Transferencia de la Universidad del País Vasco (UPV), asegura que “muy poca gente desde fuera está dispuesta a lidiar con nuestra complejidad [la de la UPV] para acceder a los conocimientos que producimos”.

Cuando Artola accedió al cargo, reconoce que venía con muchas ideas preconcebidas respecto de la universidad, ideas que, además, son lugares comunes en muchas esferas de la sociedad. “Más allá de la caricatura de que aquí solo trabajamos cuando hay clases, la sociedad, y particularmente las empresas, imaginan la universidad como un gran laberinto que contiene conocimientos, tecnologías y oportunidades para mejorar la vida de las personas y generar riqueza, pero que muchos de esos bienes no terminan de salir de la propia universidad”. Y no lo hacen bien porque salir del laberinto hacia fuera es difícil, bien porque “acceder desde fuera al laberinto para ir a recogerlas, es aún más difícil”.

Tras unos meses desempeñando el cargo, la sensación de Artola es que esa imagen no dista demasiado de la realidad. “He experimentado nuestra complejidad interior, no sé si tanto como laberíntica, pero sí lo suficiente como para entender que navegar en nuestro interior requiere de una cartografía muy elaborada y constantemente actualizada”.

“Hablando con los agentes del exterior del laberinto [empresas, entidades, administraciones públicas] tienen el deseo de colaborar con la universidad y adquirir estos conocimientos y resultados de la investigación. Pero, a diferencia de lo que ocurre en el interior, muy poca gente desde fuera está dispuesta a lidiar con nuestra complejidad para acceder a los mismos. La realidad es que son pocas las organizaciones que se acercan a la universidad con ese objetivo”, se lamenta el director de Investigación.

Según Artola, el problema principal no es el dinero sino “el tiempo que las empresas deben invertir para, primero, conocer resultados de la investigación y, después, crear relaciones de confianza entre grupos de investigación y empresas que hagan que el proceso de transferencia fluya como algo natural y duradero”.

Hay varios ejemplos de este tipo de casos, apunta en la revista Campusa, editada por la UPV: investigadores e investigadoras que en su día dieron a conocer los resultados de su trabajo a empresas e instituciones y que crearon relaciones de confianza mutua de las que surgieron de forma sostenida en el tiempo proyectos de investigación.

En la práctica, Artola cree que donde más impacto se puede generar con el mismo esfuerzo es en la comunicación de los resultados de investigación a la sociedad. “Si no somos capaces de transferirlos, que no sea porque se hayan quedado encerrados en el laberinto, comuniquemos y demos a conocer nuestros resultados de investigación de forma más directa e intensa a las empresas, administraciones y a cualquier posible interesado”.

 

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