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“Aun creyéndonos libres, lo cierto es que estamos sometidos”

José Ramón Mariño, miembro de la Comisión Nacional del TTIP de ATTAC España, advierte de que la vía del libre comercio crea más desigualdad

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La primera columna, denominada 'No a la deudocracia, al TTIP, al CETA y a los paraísos fiscales' avanza hacia la Puerta del Sol

Una protesta contra el TTIP. Madrid

“Si nosotros somos capaces de marcar las reglas del comercio entre Estados Unidos y Europa, esas normas se van a convertir en las líneas internacionales del comercio, es decir en las del comercio mundial. Todo eso bajo el paraguas de un  planteamiento ideológico del comercio internacional”. José Ramón Mariño, miembro de la Comisión Nacional del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) de ATTAC España, asegura que la posición oficial de la Comisión Europea en la negociación del tratado se reduce a traducir su beneficio en términos de PIB, aduciendo que se trasladará a las pymes. El  TTIP es un acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos que pretende equiparar las normativas a ambos lados del océano.

Mariño, quien ha participado en los cursos de verano organizados por la Universidad del País Vasco (UPV), mantiene una cruzada por la promoción de los Derechos Humanos en el comercio internacional. Para Mariño, a cuesta del TTIP “estamos sometidos, aun creyéndonos libres. No hay mejor método de dominación que ese”.

Según Mariño, el TTIP es un planteamiento de acuerdo global que desde los ejes americano y europeo dibuja un modelo uniformador. “Los que nos oponemos al mismo, haciendo estudios sobre sus propios estudios en torno a los supuestos beneficios económicos, hemos  llegado a la conclusión de que las cifras aportadas son inexactas. El crecimiento es prácticamente ridículo; la creación del empleo real es mínima incluso podríamos hablar de destrucción de trabajo. El apoyo a las pymes no deja de ser un canto al sol”.

En los propios estudios de impacto del acuerdo que hace la comisión negociadora ya se establece que el 80% de los beneficios económicos hipotéticos derivan de la supresión de las barreras no arancelarias. Es decir, “aquel tipo de reglamentos que solo protegen los desequilibrios del mercado y que además se atreven a conformar las preferencias de la sociedad”.

Y pone un ejemplo de ello: “Europa ha decidido que no quiere productos transgénicos. Es una decisión social, pero desde el punto de vista de Estados Unidos se considera que conlleva una limitación arancelaria y, por lo tanto, una barrera al comercio. Como de lo que se trata es de eliminarlas; por lo menos de homogeneizarlas, no vale”.

También está acreditado que la vía del libre comercio crea más desigualdad, según Mariño. “Existe un informe del Fondo Monetario Internacional en el que se establece que las propias causas de la tremenda desigualdad a la que nos vemos abocados las sociedades occidentales viene derivada de la brecha salarial”. Lo cierto es que los sectores que se ven beneficiados por esa globalización aumentan sus beneficios “Mientras la gran mayoría pierde capacidad”.

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