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Donostia, laboratorio de pruebas de Bildu

En el ecuador de la legislatura, Bildu confirma que ha venido con la pretensión de quedarse.

La oposición no ve ningún avance en la política desplegada por el alcalde Juan Karlos Izagirre.

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“Pensaban que no íbamos a hacer nada, que sólo íbamos a paralizar proyectos” pero “estos dos años sólo son el comienzo”, dice el alcalde, Juan Karlos Izagirre a modo de balance de la primera mitad de su camino al frente del ayuntamiento donostiarra.

Desde 2011, se han priorizado proyectos como Urumea; Txomin Enea (cuya segunda fase se pondrá en marcha con el derribo de la cárcel de Martutene); la creación de empleo, para lo cual, dice el alcalde, “se ha invertido hasta seis veces más que hace pocos años”; priorizar al peatón (peatonalizaciones de diversas calles de la ciudad), la bici (con el servicio de alquiler de bicicletas eléctricas cerca de ponerse en marcha), el transporte público y el billete único (Mugi). Todo esto con “108 millones de presupuesto menos que hace cinco años”, dice Izagirre.

“Queremos una Donostia abierta, participativa, transparente, sostenible, igualitaria, plural y euskalduna”, una ciudad dicen “basada en las personas y más justa socialmente”. Destaca el alcalde en ese sentido a “las personas por encima del cemento y el hormigón” y es que “hemos recortado en proyectos faraónicos”, para “apostar por una política de minorías, de ciudadanos, de barrios”.

El alcalde también ha dedicado palabras a su equipo de gobierno. A “la cuadrilla” con la que dice, “seguirá trabajando en los dos próximos años” ya que “este grupo no lo deshace ningún Tribunal Constitucional”. Según el fallo, deberá prescindir de dos de sus concejales (en este caso Jabi Vitoria y Nerea Txapartegi, -Hacienda y Cultura-) pero “seguirán trabajando para este ayuntamiento”, asegura el alcalde.

No todo eran palabras de gloria, y es que el primer edil pide disculpas a la ciudadanía por las inundaciones del Urumea, y se lamenta de manera especial por la reciente detención de los ocho jóvenes donostiarras acusados de pertenencia a Segi, perseguidos, según Izagirre “única y exclusivamente por hacer política”, lo que el alcalde califica como “un momento muy duro en la legislatura”.

Izagirre también se refirió al Ejecutivo de Iñigo Urkullu a cuenta de los proyectos paralizados por los recortes en el presupuesto para este año, y es que, dice el alcalde “si no encontramos la correspondencia que debemos en algunos proyectos, la reclamaremos”. "Pondremos", añade, "toda la carne en el asador para que lo que ya esté comprometido salga adelante”, en referencia a la estación de Loiola o la aportación del Gobierno vasco para Donostia 2016.

Inmovilismo

“La falta de idea y de claridad” es según el portavoz jeltzale, Eneko Goia, la que ha presidido estos dos años de mandato. Desde el PNV hacen un balance “ciertamente pobre porque una ciudad que tenia una visión de lo que quería ser, y ciertos proyectos en marcha, ha visto cuestionados todos ellos y hasta dos años más tarde no se ha vislumbrado que pudieran convertirse en realidad”.

Desde el Partido Popular, Ramón Gómez recuerda que para ellos la llegada al poder de la izquierda abertzale fue una “decepción desde el inicio”, y denuncia, “en su primer año se dedicaron a estudiar, sin hacer nada más; y el segundo año de legislatura ha resultado realmente decepcionante porque la ciudad sigue en una inacción total”. “El ayuntamiento funciona porque tenemos unos técnicos que hacen funcionar este ayuntamiento”, dice Gómez, “pero desde luego la dirección es la que falla y el alcalde no está liderando esta ciudad”. Dicen los populares que “San Sebastián necesita un cambio, una ilusión, marcar un rumbo y una estrategia que no tiene con este gobierno”.

Por su parte, el portavoz socialista Ernesto Gasco, ha declarado que “dos años después San Sebastián sigue parada” y añade, “lo peor no es que esté parada, sino que hacen alarde de la parálisis a la que tienen sometida a San Sebastián, que ha perdido garra y fuerza en muchos aspectos, tanto a nivel nacional como internacional” y mientras tanto, “Izagirre se ha dedicado a bailar, en la Plaza de la Constitución a la que quiso cambiarle el nombre, en la Plaza de Sarriegi. Se ve que ante los problemas de la ciudad, el remedio es el folklore. No tiene liderazgo ni capacidad para ejercerlo.”

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