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“Las instituciones fracasan porque la ciudadanía no se siente representada ni escuchada”

James Steinberg, exsubsecretario de Estado de EE UU, advierte de que la participación ciudadana sigue siendo una cuestión central, “urgente y necesaria”

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Manifestación contra la reforma laboral.

Manifestación contra la reforma laboral.

“La gobernanza colaborativa, que tiene gran resonancia en nuestro tiempo,  no es un concepto nuevo, sino algo que está arraigado a la historia”.  De hecho, en los primeros asentamientos existentes en Estados Unidos en la era colonial, “se construyó una democracia más allá de los mecanismos formales” porque la sociedad no confiaba en sus representantes. Así lo ha explicado James Steinberg, exsubsecretario de Estado de EE UU, en el curso de verano de la Universidad del País Vasco ‘Gobernanza colaborativa y abierta’.

En los años 90, la necesidad de implicación en la vida política de voces externas al sector público era cada vez mayor. “Vivíamos en un mundo con una gran división entre lo público y lo privado”. Pero a pesar del transcurso de los años, actualmente la participación ciudadana sigue siendo una cuestión central, “urgente y necesaria”. “Los políticos no están haciendo bien su trabajo. Hay un fracaso en las instituciones porque la ciudadanía no se siente representada ni escuchada. Aunque se está intentando lo contrario, no se están obteniendo los resultados que quieren los ciudadanos”.

La existencia de una “ciudadanía despegada”, es decir, alejada de la esfera pública, es una cuestión mundial que atañe tanto a los países desarrollados como a los no desarrollados. “El Brexit es un ejemplo del cuestionamiento de la legitimidad de las instituciones europeas”.

Los grandes desafíos a los que se enfrenta el mundo globalizado (migración, salud, energía, problemas transfronterizos, etc.) son una muestra de que “hay que adaptarse a la diversidad del mundo. Antes las instituciones estaban formadas por élites, pero hoy en día es necesario escuchar a la ciudadanía”.

La gobernanza colaborativa ha dejado en evidencia la dificultad de las instituciones formales a la hora de adaptarse al proceso de globalización. “Los gobiernos tradicionales han dado una respuesta poco eficaz a temas como enfermedades infecciosas, guerras, vulneración de los Derechos Humanos, etc. pues no han sido capaces de crear confianza entre la ciudadanía”. Esta falta de adaptación se ha visto claramente reflejada en la crisis europea, donde “las instituciones no atienden a los problemas reales porque hay una complejidad de la sociedad”.

Por el contrario, fuera de las instituciones formales sí han surgido nuevos modos de resolver cuestiones internacionales. En los últimos 20 años, representantes de empresas, ONGs, y el sector privado en general han llegado a la conclusión de que “solo trabajando hombro con hombro se van a producir avances”. Este tipo de procesos se han iniciado, entre otros, en Sudáfrica, donde se abrió un diálogo social que dio lugar a “cambios que hemos visto de forma fehaciente  y que fueron esenciales para forzar a los gobiernos a cambiar”; en la creación de un Tribunal Penal Internacional, la implicación de la sociedad civil en el Consejo de Seguridad de la ONU o en el tratamiento de infecciones como el SIDA o el ébola que afectan a la salud pública mundial.

“Estamos en las primeras fases de gobernanza colaborativa, pero existe un convencimiento de que, sin participación pública, los estados no pueden ser eficaces. Al final es un proceso que beneficia a todos”.

La gobernanza colaborativa es un “desafío enorme” que requiere, por un lado, de mecanismos formales y, por el otro, de una preparación de las generaciones futuras. “Las universidades, donde se deben crear nuevas maneras de pensamiento, deben formar parte de ella”. Se trataría pues de “llevar la perspectiva de la gobernanza colaborativa a las aulas” ya que, aunque sean asuntos que no se pueden resolver en un día, “si se implica a los estudiantes, estaremos en la vía adecuada”.

Otro aspecto esencial en este nuevo modelo es “cambiar el diálogo y crear verdaderos diálogos, es decir, hablar, ser escuchado y escuchar”.  Para establecer este nuevo diálogo, es fundamental que los ciudadanos tengan acceso a la información. “Aunque tradicionalmente la diplomacia era algo secreto, hoy no nos lo podemos permitir. Debemos reconocer la necesidad de compartir la información a pesar de que pueda complicar los procesos”. El acceso a la información sirve, además, para luchar contra otro problema mundial: la corrupción. “Cuanta más transparencia, más difícil les resultará a ciertas personas beneficiarse”.

Publicar la información a través de redes sociales es un “gran desafío” si se tiene en cuenta que hace 40-50 años, los medios de comunicación tradicionales monopolizaban el suministro de información, por lo que muchas voces se quedaban excluidas. Las nuevas herramientas tecnológicas han ayudado a dar protagonismo a esas voces que antes no tenían presencia en los medios, es decir, hay una mayor democratización de la información. El problema ahora es que, en la mayoría de las ocasiones, no existen filtros entre la información de calidad, la ficción, la “información basura”, etc. Por esta razón, Steinberg propone “mecanismos alternativos que presenten referencias a la hora de interpretar la cosas”.

“La mejor respuesta –ha concluido el Ex Subsecretario – es la educación.  No podemos cambiar la tecnología, pero si desarrollamos un pensamiento crítico, nos podremos acercar a la mejor solución posible”.

 

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