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“El servicio doméstico ayudó a formar la identidad de las mujeres trabajadoras”

La historiadora Eider de Dios Fernández investiga sobre la evolución del servicio doméstico en Euskadi, que “sigue siendo clasista, ahora con las migrantes extracomunitarias especialmente"

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Empleada del servicio doméstico. Foto: UPV

Empleada del servicio doméstico. Foto: UPV

La doctora del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco, Eider de Dios Fernández, acaba de recibir el premio Victoria Kent que otorga la Universidad de Málaga por su investigación sobre la historia del servicio doméstico. Se trata de un análisis de la historia familiar que permite observar cómo se relacionan las diferentes clases sociales.  En una entrevista con la revista Campusa (editada por la Universidad del País Vasco), la historiadora recalca que el servicio doméstico ha vivido grandes avances y retrocesos. “El siglo XX es un buen ejemplo de sus mejoras pero también de sus involuciones”.

En su opinión, aún no se han superado los estereotipos transmitidos por el franquismo en torno al servicio doméstico. “Creo que han cambiado los estereotipos, pero que no han sido superados. El servicio doméstico ya no es una institución que trata de reeducar a las hijas de ‘la otra España’. No obstante, hoy en día es uno de los pilares del ‘mito de la clase media’. Me refiero a que es fundamental para sustentar el sistema patriarcal y el deficitario Estado de Bienestar, y aunque con respecto al primer franquismo haya mejorado notablemente, sigue siendo clasista, ahora con las migrantes extracomunitarias especialmente”.

La investigadora apunta que a partir de los años cincuenta las mujeres que entraron en el servicio doméstico lo hicieron pensando que era la mejor forma para una mujer de clase humilde de llegar a la ciudad y de poder ahorrar así durante unos años, pero nunca como un oficio vitalicio. “Las sirvientas y los sirvientes vitalicios, al menos en la historia contemporánea de España, siempre fueron excepcionales, pero el franquismo quiso ver en esa excepcionalidad la norma dentro de su concepción idealista del pasado, y publicitó esa idea de él o ella en el servicio vitalicio como modelo a seguir”.

Durante la II República se dan los primeros intentos de profesionalización. “Lo que ocurrió es que no se incluyó al servicio doméstico en todas las regulaciones laborales, sí en la Ley de Contrato de Trabajo pero no en la Ley de Jornada Máxima, ambas dictadas en 1931. Aun así, durante el periodo republicano se produjeron mejoras, de hecho la CNT y la UGT las consideraron trabajadoras de pleno derecho y dispusieron de secciones en las organizaciones para ‘las empleadas del servicio doméstico’”.

En cuanto a si el servicio doméstico sirvió a las mujeres para desarrollar su identidad, considera que sí. “En las mujeres que han querido ser entrevistadas la idea de que el servicio doméstico les ha ayudado a formar su identidad de mujeres trabajadoras, supermujeres o mujeres hechas a sí mismas es evidente”.

Para la historiadora, las mujeres migradas actuales que prácticamente monopolizan el servicio doméstico están reivindicando con mayor contundencia su afiliación en la Seguridad Social. “Bien porque necesitan los famosos ‘papeles’, bien porque siguen un modelo de mujer más independiente que el que siguieron las mujeres que entraron en el servicio doméstico durante los cincuenta y sesenta. Las migrantes actuales solo disponen de ellas mismas y saben de la importancia de ser reconocidas oficialmente como trabajadoras, y luchan por ello. De esta manera han podido reforzar la lucha de las trabajadoras de hogar en el Estado”.

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