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Las redes sociales convierten a los militantes de los partidos en activistas

En apenas 10 años, la tecnología móvil ha cambiado la forma de hacer política

El poder basado en la fortaleza y la grandeza “tiene un tiempo limitado” y está mucho más relacionado con aspectos como la creatividad, la agilidad, la rapidez, la red y la comunidad

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Antoni Gutiérrez Rubi.

Antoni Gutiérrez Rubi.

Los cambios tecnológicos han tenido un efecto directo en la forma de hacer política. Han surgido nuevas estrategias y términos como el de tecnopolítica, “una herramienta capaz de impactar en el ámbito de lo político en tres áreas modulares: la acción, gestión y la comunicación”. Así lo explica Antonio Gutiérrez-Rubí, especialista en comunicación política y en el alcance de la participación ciudadana a través de las redes sociales.

El concepto de tecnopolítica introduce una serie de nuevos elementos innovadores como “el cambio de protagonismos, los cambios de juego, las prioridades y el ADN de la comunicación”. Destaca, sobre todo, la capacidad de “pasar de militancia a activismo” ya que, a diferencia de la política tradicional, la tecnopolítica genera secuencias y acontecimientos y, además, no necesita de un orden claro.

Una de las principales características de la tecnopolítica es que obliga a repensar el espacio geopolítico. “La política asociada a la geolocalización, la política tradicional, tiene limitaciones. En la tecnopolítica, por el contrario, mi manera de vincularme a la geografía pasa por un concepto nuevo que tiene que ver con el territorio social; con las comunidades”.

Se trata, por tanto, de un fenómeno que podría explicar el fracaso demoscópico de las pasadas elecciones del 26 de junio, en las que los sondeos electorales no coincidieron con los resultados finales, ha señalado en una conferencia dentro de los cursos de verano de la Universidad del País Vasco.

¿Es suficiente estudiar las opiniones de los ciudadanos a través de encuestas telefónicas según la situación geográfica? “Con los cambios de los últimos años es “nsuficiente para comprender a los electores puesto que las opiniones de las personas tienen que ver con un mundo mucho más complejo, relacionado con sus intereses y sus dudas”.

“Metodológicamente”, añade, “tenemos que hacer una reflexión profunda sobre si medir las opiniones de los individuos dos semanas antes de las elecciones a través de un teléfono fijo es útil. Tomar decisiones estratégicas solo con esta información me parece, como mínimo, arriesgado”.

Nueva demoscopia electoral

La nueva demoscopia electoral tiene varias diferencias con respecto a la tradicional. En primer lugar, se basa en los intereses que son “una manera más profunda e interesante de conocer a una persona”. Además, tiene en cuenta las relaciones, preferencias, las convicciones y creencias frente a los aspectos tradicionalmente analizados por la demoscopia como las búsquedas, las redes, el consumo y el mercado de predicción.

Otra de las innovaciones que trae consigo la tecnopolítica es que pone al individuo en el centro de la práctica política; algo que, “aunque pueda ser cuestionado”, introduce un elemento de individualización que, a su vez, “reduce la distancia entre lo que pienso, digo y hago”.

Por otra parte, la tecnopolítica permite romper con la estructura secuencial de la política tradicional en la que “unos piensan, otros analizan y otros comunican”. Los factores espacio y tiempo, antes imprescindibles a la hora de hacer política, pierden importancia ya que ahora, ambas están conectadas a través de los dispositivos móviles. “Antes, al ver la fotografía de una manifestación veíamos siempre la pancarta y a los líderes que la sujetaban mientras que ahora se toman desde dentro de la protesta”.

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