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El coste real de la Sanidad vasca: 151 euros la visita a urgencias, 140.000 los trasplantes más graves

Una noche de ingreso en el hospital supone 582 euros y llamar a la ambulancia medicalizada 824

Son las tarifas de Osakidetza, un documento orientativo salvo para extranjeros y mutuas y aseguradoras, que tienen que hacer frente a estos gastos

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Personal de Osakidetza atiende a un enfermo tras ser trasladado en helicóptero

Personal de Osakidetza atiende a un enfermo tras ser trasladado en helicóptero IREKIA

Son conocidas como ‘facturas en la sombra’ y reflejan el coste real de la atención sanitaria en hospitales públicos aunque su disfrute sea totalmente gratuito para la ciudadanía. En Galicia, Valencia o Cataluña se llegaron a entregar a los enfermos a título orientativo al final de su estancia en el servicio de salud para que tomaran en consideración que no es lo mismo acudir a urgencias o al ambulatorio, por ejemplo. En Osakidetza, esta práctica no se realiza con carácter general, si bien es público el denominado “libro de tarifas” en el que se recogen los cuadros del “coste efectivo de los servicios de salud”, que es el principal gasto del Gobierno vasco con 1.584 euros por habitante al año (dato de 2015) frente a una media española de 1.232.

En el año 2017 los ‘precios’ de Osakidetza entraron en vigor el 15 de febrero y alcanzan un nivel de detalle muy grande al singularizar centenares de servicios médicos, cada uno con su coste diferenciado. Una visita a urgencias, por ejemplo, cuesta 151 euros si no supone la hospitalización. Pero sólo es la visita, ya que el resto de pruebas “se facturan aparte”. En un ambulatorio el máximo son 55 euros (77 a domicilio). En cuanto a los médicos especialistas, una primera consulta con cita está tasada en 201 euros, si bien las sucesivas suponen 100 euros. En este sentido, el servicio vasco de salud está impulsando la telemedicina y la consulta telefónica, especialmente para crónicos. La atención por teléfono, en el supuesto más caro, se factura a 100 euros y a sólo 7 en el caso de dudas con el personal de enfermería.

¿Y si me quedo ingresado? Lo cierto es que el coste de las “estancias” (que implican pernoctación y alimentación, además de la atención facultativa) varía en función del lugar. Los centros más caros están en las tres capitales (incluido Cruces) y en las Encartaciones. Los hospitales de ‘interior’ son más baratos, como también los centros de “media y larga estancia”. En líneas generales, una noche en Txagorritxu o Basurto supone 582 euros, que se elevan a 1.627 si se produce en una unidad especializada como Cuidados Intensivos. En cuidados paliativos la minuta baja a 267 euros. Los ‘electros’, las pruebas para detectar alergias y otros tratamientos básicos se incluyen en estas tarifas, como también la autopsia ordinaria en caso de fallecimiento.

Los precios se disparan en el caso de los procedimientos “singularizados”. Y en algunos casos de manera notable. El trasplante de médula ósea en los casos más graves (nivel 4) se factura a más de 140.000 euros. Siempre en números redondos, son casi 100.000 euros los costes de los trasplantes hepáticos, intestinales o pulmonares. O 60.000 en el caso del páncreas y 65.000 en el del riñón.

Atender una hemorragia intracraneal grave ronda los 14.000 euros y una meningitis hasta 19.000. Las neoplasias más especializadas alcanzan los 13.000 euros. La implantación de un desfibrilador cardíaco también supera los 100.000 euros, mientras que la de un marcapasos puede llegar a los 20.000.

Hasta 21.000 euros el nacimiento

¿Y dar a luz? ¿Cuánto cuesta parir? Las clases de preparación o “educación maternal” tienen un coste de 91 euros por sesión. La gimnasia posparto es más económica. Después, una cesárea, en función de la gravedad del caso, oscila entre 4.000 y 21.000 euros y el parto natural entre 2.000 y 13.000 (entre 1.900 y 7.000 si el bebé es prematuro). Lo que sí es bastante más oneroso es operar a un neonato. Una intervención “mayor” en casos muy graves y con un recién nacido que no supere los 1.500 gramos de peso puede rondar los 150.000 euros. En realidad, la factura depende de manera decisiva del tamaño del bebé.

Los problemas de salud mental también vienen recogidos en el libro de tarifas. Atender un trastorno alimenticio puede suponer hasta 29.000 euros en situaciones extremas, lo mismo que un abuso de alcohol, de opiáceos o de drogas (la cocaína es ligeramente más cara y supera los 30.000).  Y las quemaduras de tercer grado más severas se facturan a 122.000 euros. Los tratamientos por VIH se quedan en un máximo de 21.000 euros.

La 'magia' de Da Vinci encarece la factura

Osakidetza avisa, eso sí, de que si en cualquiera de estas intervenciones se emplea el robot Da Vinci “el precio se incrementará en 3.218 euros en concepto de material fungible”. Ubicado en Txagorritxu, Basurto, Cruces y el Donostia, esta máquina permite al cirujano operar sentado dirigiendo hasta tres brazos automatizados y siguiendo la operación desde una pantalla con imágenes tridimensionales, según el fabricante. Se emplea en urología, pediatría, ginecología, cirugía cardíaca y otras especializadas.

También se recogen las tarifas de otros servicios menos especializados. Administrar una vacuna supone 15 euros, una sesión de hemodiálisis 264, una radiografía 36, una ecografía básica 64, una audiometría 57 y una colonoscopia 250.

Y no podían faltar los precios de ambulancias y helicópteros de Osakidetza. La ‘tarifa plana’ de una ambulancia medicalizada son 824 euros, que incluye un servicio de hasta 100 kilómetros (ida y vuelta). A partir de ahí, son 2,54 euros el kilómetro. Si la ambulancia es de soporte vital básico ese transporte baja hasta los 277 euros (452 si incluye enfermería). La movilización del helicóptero médico, lógicamente, es bastante más cara: 6.917 euros.

¿Quiénes tienen que pasar por caja?

Según Osakidetza, las facturas reales se giran exclusivamente a colectivos muy específicos. Por ejemplo, a los ciudadanos de la Unión Europea “no residentes” en España y a los oriundos del resto de países extranjeros. También se carga el coste de la atención médica en el sistema público a los seguros y mutuas en caso de que deriven a sus clientes tras un accidente laboral, de tráfico o en el curso de actividades deportivas.

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