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Geuk, una mirada dentro de nosotros

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Un momento de la reunión. Foto: Ixi García.

Un momento de la reunión. Foto: Ixi García.

“Para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada.”

Antoine de Saint-Exupéry

Hay causa

El alineamiento 'irrupción digital + crisis económica + crisis social' de los últimos años ha provocado un seísmo de considerable escala en todos los sectores de producción cultural que sin duda transformará el viejo modelo en el que la cultura era pieza inherente al bienestar social.

La reducción del gasto por habitante en cultura del conjunto de la administración pública ha sido de un 20% solo durante los años 2010-2012. Mientras tanto, en este mismo período el gasto medio por persona en bienes y servicios culturales decreció en un 24,6% hasta una cifra que nos remonta a la dada en 2004.

El sector cultural se ha empobrecido, ha reducido su peso en la economía (del 3,1% del PIB en el 2005 al 2,5% en 2012, casi un 20% menos) y ha aumentado la polarización entre sus agentes.

Estas y otras muchas otras estadísticas explicarían la destrucción de tejido, empleo y capital humano que estamos conociendo; la incertidumbre productiva, el aumento de la desigualdad en el interior de la estructura cultural; la precarización límite para los profesionales de una economía de la cultura que la mayor parte de las veces es incompatible con una vida personal autónoma y con futuro.

Y mientras, la nave de la cultura en Euskadi está en llamas entrando a la atmósfera del nuevo planeta donde habitará el próximo ciclo y sus tripulantes sufren la aceleración de su gravedad preguntándose encogidos si caerán al mar o a la tierra, las políticas culturales de lo público parecen el Mayor Tom, flotando ingrávidas y alucinadas en el espacio exterior mientras cantan el Space Oddity de David Bowie.

En un tiempo que reclama especialmente la fuerza de la acción política, la actitud de la administración en su conjunto se resume en determinación cero, riesgo cero, peripecia cero, parafraseando a un conocido dramaturgo bilbaíno.

Realmente, hay causa y resulta totalmente apropiado el profuso trabajo de Geuk, fundamentalmente el de su equipo motor, que nos ha traído hasta aquí y que se sintetiza en la redacción y exposición pública del Plan de Medidas Urgentes para el sector cultural vasco.

Revisión de adjetivos

Tras dieciséis meses de actividad puede ser oportuno elaborar en común un juicio sobre aciertos y errores. Desde mi –cómoda- posición como observador repaso algunos de sus calificativos más importantes.

¿Geuk es integradora?

Hoy día, es claro que tiene una cierta pero discreta potencia representativa de la cultura vasca aunque apenas ha traspasado algunas capas en su proyección a la sociedad. Creo que cabe plantearse tres preguntas cualitativas.

¿Es realmente posible gestionar la disparidad de prácticas, personas físicas y jurídicas, necesidades y discursos de la asamblea sin un liderazgo aglutinador y sin una misión orientadora bien definida? Segunda pregunta: ¿Una llamada que quiere llegar urbi et orbe a toda la diversidad de agentes, no conseguirá finalmente que ninguno de ellos se dé por directamente concernido a comprometerse?

Tercera: ¿De verdad que todos los agentes deben de ser llamados? ¿Por qué? ¿Todos sufren de igual manera la situación? ¿Todos son parte de los problemas; todos parte de las soluciones?

¿Geuk es horizontal?

Las técnicas de debate utilizadas para los encuentros han sido incontestables en cuanto que procesos participativos abiertos e igualitarios; seguramente habrán sido muy excitantes para muchos asistentes, pero finalmente alejan a profesionales de opinión relevante que no encuentran ni espacio ni referencias inter-pares suficientes. Se desaprovecha así capital intelectual y los espacios de posible influencia que pudieran crear a su alrededor.

¿Geuk es propositiva?

Desde la primera y difusa intención de hacer una reflexión estratégica sobre la cultura vasca hasta la propuesta actual, centrada en un plan de emergencia para el sector, Geuk ha recorrido un proceso de depuración y precisión propositiva absolutamente acertado que creo debería continuar, pues en él radica, sin duda, una de sus mayores fortalezas.

¿Geuk es inclusiva?

Existe un problema medular en esta primera fase de Geuk: las tensiones entre ‘cultura vasca’ y ‘euskal kultura’, si la semántica forzada de los conceptos pudiera ser compartida para entendernos. Este problema trata sobre si somos una sola comunidad ciudadana que comparte el bilingüismo como un patrimonio común, independientemente de cómo lo practique, o dos comunidades culturales calificadas dualmente por el propio idioma –un idioma elegido frente al otro-, donde, para una, el euskera marcaría la frontera hacia una experiencia cultural euskaldun a la que no puede acceder por disfuncionalidad o desconocimiento del idioma; y para la otra, el castellano es una línea roja que no quiere traspasar por negación, rechazo o, simplemente, por desconexión con la cultura del castellano. Son dos concepciones que crean entre sí un círculo vicioso, una fricción mutua de derechos que refleja y, a la vez, alimenta la polaridad político-ideológica que sin duda existe en su interior. Por ello, cabe preguntarse con total franqueza si Geuk existe aún gracias a la voluntad y  a la convicción estratégica de sus promotores más activos de que la pluralidad es un fundamento básico para la plataforma o, por el contrario, simplemente se acepta coyunturalmente la convivencia como un mal menor, necesario ahora a fin de garantizar el éxito en esta fase de construcción de Geuk.

La respuesta a esta pregunta sobre la sinceridad inclusiva podría ser clave para la continuidad del grupo.

¿Geuk es activa?

El balance de la primera fase es provechoso, gracias a su equipo promotor, pero para ganar en capacidad de acción sería imprescindible fortalecer el grupo promotor incorporando nuevos efectivos. La pregunta surge inmediatamente: ¿Cuáles son elementos fuerza que pueden hacer tan atractiva Geuk como para comprometerse con ella? ¿Cuál es la bandera a seguir?

La nave de la cultura en Euskadi está en llamas entrando a la atmósfera del nuevo planeta donde habitará el próximo ciclo y sus tripulantes sufren la aceleración de su gravedad

Coordenadas de futuro

Schopenhauer decía que no hay ningún viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige. Continuar para ser… ¿qué? ¿Geuk podría pretender ser un grupo de presión, un círculo de observación que tiene capacidad de constituir opinión y un cierto margen de acción sobre las políticas culturales? Es una visión posible, pero ganar ese crédito exige condiciones, de las que apuntaré dos:

Geuk como laboratorio social.

Me he referido anteriormente al fenómeno de la alteridad cultural, una comunidad frente a otra, divididas ambas por sus propios idiomas.

La cohesión de una comunidad respetuosa de derechos es una virtud que se construye día a día, en cada ejercicio humano, en cada acto social. Vivir es intercambiar y esta es una de las razones por las cual la vida es especialmente creativa en las orillas, en los límites de ecosistemas diferentes. Pienso que Oteiza mostró la gran fertilidad de los espacios no-ocupados, de las zonas de contacto.

Pues bien, creo que Geuk es una zona de contacto entre diferentes sensibilidades y sistemas de pensamiento. Tengo la impresión de que Geuk tiene ya sentido aunque  solo fuera por su virtualidad como laboratorio social de cohesión y transversalidad. Frente a las inercias reduccionistas y aislacionistas que tan confortables nos resultan, el encuentro activo de diferentes sensibilidades es una oportunidad de seguir construyendo convivencia. Por no ser iluso, también puede fracasar y ser justo lo contrario. Mayakovski (creo) decía que quien se atreve, se arriesga a perder algo; quien no se atreve,  se arriesga a perderlo todo.

Geuk como laboratorio de ideas.

En el desarrollo de políticas culturales innovadoras que tendrán que procurarse los nuevos modelos posibles aún en proceso de definición, no sobran los espacios inter: intersectoriales, intergeneracionales, interprofesionales, inter… Y, sin embargo, serán muy importantes. Si los agentes creativos queremos ser influyentes en las políticas culturales deberemos de ser capaces de generar ideas con adn innovador: nuevas, inteligibles, aplicadas a la resolución de problemas concretos y viables. Y producir muchas, de las cuales algunas pocas serán excelentes.

La dialéctica de lo político siempre permanecerá, pero entre nuestros instrumentos de acción deberá encontrarse capital propositivo o se desactivará nuestra fuerza.

Si no lo hacemos nosotros, tampoco faltarán ideas: habrá fundaciones, consultorías, departamentos universitarios, agendas europeas, gabinetes especializados  o equipos políticos que las diseñarán. Cómo no, es probable que bastantes de ellas sean acertadas y participativas y algunas pocas, excelentes.

La pregunta es: los agentes creativos, ¿podemos permitirnos dejar que otros agentes desarrollen las ideas y quedarnos nosotros con las reivindicaciones?

*Pello Gutierrez, actuando como mirón cultural y miembro de Kultura Abierta.

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