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Crítica: El lobo de Wall Street

Un cargado cóctel de sexo, drogas y acciones basura durante 180 minutos.

Scorsese recupera el espíritu de sus cintas sobre criminales mafiosos para mostrar el ascenso de un criminal corporativo.

La interpretación de Leonardo DiCaprio es el corazón de la película y evita que decaiga el interés en ella pese a lo reiterativo de algunos momentos.

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El lobo de Wall Street.

El lobo de Wall Street.

El lobo de Wall Street
Dirección: Martin Scorsese.
Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Matthew MacConaughey, Kyle Chandler, Rob Reiner.
Género: Biográfico. USA, 2013.
Duración: 180 minutos.

‘El lobo de Wall Street’ propone un viaje al exceso que permite al espectador explorar aspectos como la codicia y la lujuria de la mano de un Leonardo DiCaprio omnipresente, desatado y totalmente entregado a su papel. Esta película supone la quinta colaboración entre el director Martin Scorsese y el protagonista de ‘Titanic’ desde que coincidieran en la monumental ‘Gangs of New York’.

Jordan Belfort (DiCaprio) es un chico de 25 años y residente en un barrio humilde que aspira a conquistar el mundo financiero de Wall Street como agente de bolsa. Mark Hanna (Matthew MacConaughey) es su mentor y quien le ofrece consejos tales como masturbarse y drogarse varias veces al día para permanecer centrado y lograr los objetivos. Cuando Berfort obtiene la licencia que le permite desarrollar su labor como corredor bursátil; la caída del mercado en el Lunes Negro de 1987 frena en seco una carrera recién comenzada. Tras unos momentos de incertidumbre e incluso de considerar brevemente la posibilidad de desviar su camino profesional hacia otras áreas alejadas del ámbito financiero; consigue un puesto como agente en una firma de inversión que opera fuera de Wall Street con acciones basura que cuestan centavos pero con un porcentaje de comisión muy superior al mercado cotizado. En este punto, Jordan Belfort ve clara su oportunidad pues se siente capaz de captar un gran número de inversores y por lo tanto grandes beneficios. Así lo hace y tras impresionar con sus habilidades comerciales a sus compañeros y enseñando sus ganancias mensuales a un vecino (Jonah Hill), crea junto a ellos pero bajo su dirección, una agencia propia de inversión con un nombre de reminiscencias de alta alcurnia pero inventado: Stratton Oakmont.

Martin Scorsese es un director y figura clave enmarcada en el denominado Nuevo Hollywood que en los años 70 supuso una profunda renovación de las normas establecidas en la industria cinematográfica hasta ese momento. Títulos como ‘El tren de Berta’, ‘Malas calles’, ‘Taxi driver’ o ‘El último vals’ le convirtieron en toda una referencia. Posteriormente realizaría grandes obras como ‘Toro salvaje’, ‘Uno de los nuestros’ o ‘Casino’. Temáticas como la mafia, unos actores fijos en sus repartos como Robert De Niro, Joe Pesci, una presencia constante de la violencia y una cámara y montaje frenéticos son características de un estilo imitado/homenajeado/plagiado hasta el hartazgo pero que no afecta a la fuente original. Desde su encuentro con DiCaprio a comienzos de la década pasada, el director neoyorquino ha imprimido un nuevo brío a su carrera y, en ‘El lobo de Wall Street’ a sus 71 años, presenta una vigorosa pieza cinematográfica rebosante de desbocada energía alucinógena.

La cámara de Scorsese no se despega ni un momento de Leonardo DiCaprio que encabeza un espléndido reparto de nombres conocidos y otros no tanto pero que son una grata sorpresa, como es el caso de la australiana Margot Robbie, que interpreta a la mujer trofeo del personaje de DiCaprio y que es parte del reparto de la recomendable ‘Una cuestión de tiempo’; que obtuvo el Premio del Público en el pasado Festival de San Sebastián. Pero la composición a tumba abierta de Jordan Belfort que lleva a cabo DiCaprio acapara la atención del espectador casi en su totalidad pues rebosa intensidad e histrionismo muy adecuados al perfil del personaje y perfectamente ejecutados por el actor. A modo de curiosidad, DiCaprio fue el candidato original para interpretar a otro ejecutivo "agresivo" llamado Patrick Bateman en ‘American Psycho’ y del que finalmente se encargó  Christian Bale.

Matthew MacConaughey tiene una de las intervenciones más breves y al mismo tiempo memorables de toda la cinta y el hasta ahora actor especializado en comedias Jonah Hill,  encara con resultados satisfactorios un personaje que recuerda en ciertos momentos a algunos de Joe Pesci vistos en otros films de Scorsese. Una de las escenas más conseguidas a todos los niveles pero especialmente en el de  guión y que los actores desarrollan adecuadamente, es la que se desarrolla en el yate del personaje de DiCaprio con éste y el agente del FBI que intenta cazarle y que está interpretado por Kyle Chandler. El director de excelentes películas Rob Reiner encarna con ternura al padre del personaje de DiCaprio.

El film está basado en las memorias del ex agente bursátil y estafador Jordan Belfort. El guión cinematográfico ha sido elaborado por Terence Winter. Ha escrito varias series entre las que destacan ‘Los Soprano’ y ‘Boardwalk Empire’. De ésta última fue además el creador y Scorsese dirigió el capítulo piloto. El guión está enfocado en recrear detalladamente algunos de los excesos realizados por Belfort y sus incondicionales colaboradores. Winter afirma que todo lo que se muestra ocurrió realmente y que incluso han dejado fuera aspectos potencialmente más escandalosos que los reflejados en pantalla. La mirada desde el guión hacia Belfort y sus chicos no es en ningún momento recriminadora pues no se muestran los efectos que provocan en los ahorradores estafados las actuaciones del protagonista de la historia. Por el contrario, el tono es contagiosamente festivo con notables momentos humorísticos. Hasta que un agente del FBI no se pone tras la pista del agente de bolsa, sus únicos problemas son los que se causa él mismo. Nos introducimos en la historia siendo partícipes de los pensamientos del personaje principal por medio del recurso de la voz en off y por las frases dirigidas directamente a cámara, del mismo modo que ocurre de manera modélica en el largometraje ‘Alfie’. Gran parte de los 180 minutos de la película bien pudieran describirse como un bucle de dinero, drogas y sexo pero el guión unido al resto de elementos narrativos consigue que el espectador siempre esté atento por cualquier giro que se pueda dar en las aventuras de Belfort. La maldad cinematográficamente es una virtud, como tantas veces se ha evidenciado en la historia del cine y esa es una de las razones por las que ‘El lobo de Wall Street’ es efectiva.

Los escenas con las drogas como personaje destacado son numerosas pero para  el protagonista: "la droga más poderosa es el dinero".

Por suerte, eso sólo ocurre en la ficción...

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