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¿Por qué los grupos alargan tanto los discos?

Desde hace más de una década, los grupos alargan el minutaje de los discos hasta hacerlos extenuantes. Es una de las razones por las que existe la impresión de que cada vez hay menos clásicos

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Desde hace diez años, los grupos alargan el minutaje de los discos.

Desde hace diez años, los grupos alargan el minutaje de los discos.

Año 2016. Ningún grupo que vaya a sacar un disco hoy en día va a ofrecer menos de 50 minutos de música. Nadie sabe muy bien por qué, pero se ha ido extendiendo la creencia de que, en la nueva época de las descargas gratuitas y de Internet, hay que ofrecer mucho para que el seguidor se disponga a pagar por lo que consume. De tal manera que para convencerle de que compre el vinilo, el Cd o se haga con la descarga digital, los artistas nos proponen nuevas canciones y, además, añaden descartes, versiones de otras bandas, los ruidos que hacían en el estudio cuando estaban borrachos y los mensajes de voz que envían a sus parejas acompañados de acordes de guitarra acústica.

Está muy bien. Eso es generosidad. Así podemos escoger entre diferentes versiones del disco: extended version, classic version, no version, de luxe, digipack, completa, sin queso y con camiseta con doble estampación. Mola. Total, que para cuando llegas a casa y te pones el disco es imposible saber cuántas canciones son nuevas, cuáles son remakes, y si el single edition contiene el solo o no porque te lo incluyen tres veces, una de ellas instrumental por si no tenías postre.

Cuando te has abierto la birra, puesto la camiseta y encontrado la única hora y media libre de toda la semana, te das cuenta de que has desperdiciando 35 minutos en saber qué demonios vas a escuchar. Y, si acaso te las ingenias para alargar el rato de soledad y te dispones a escuchar con atención el material, entonces, empiezan a pasar una tras otra canciones y canciones hasta que tus orejas dicen basta. Ya no sabes discriminar cuánto es potable y cuánto se debían haber guardado debajo de la cama.

Esta tendencia va contra el sentido de los tiempos. Cada vez tenemos menos espacio libre para dedicar atención exclusiva a creaciones culturales. Estamos en la era del mp3 y de escuchar canciones sueltas o trozos de discos mientras vamos en el coche o viajamos en autobús. Es más, suena la música a la vez que hacemos otras cosas, por ejemplo, compartir impresiones en las redes sociales o internet. Así que cuanto más largos sean los trabajos, menos probabilidad de apreciar las obras en su conjunto.

Extrañamente, es algo que pasa sólo en la música. No ocurre con otros ámbitos creativos a los que también afecta la selva de Internet. Sería como si un escritor decidiera publicar novelas de 800 páginas en lugar de 200, o como si un cineasta alargara las películas hasta las cuatro horas esperando así mayor recompensa del público. No, la literatura y el cine no han cambiado en este ámbito.

Estoy seguro de que esta tendencia está afectando a la creencia, cada vez más extendida, de que hoy en día se hacen menos discos con la categoría de clásicos que hace veinte años. Es normal. Por muy bueno que seas, es imposible crear 80 minutos brillantes cada dos años. Es más, si de esos 80 minutos 50 son buenos, los 30 restantes se cargan el conjunto. Por reiterativos y mediocres. Lo hacen todos. Lo acaban de hacer Metallica, los Maiden y hasta los Duretes del Barrio. Y es un error monumental.

Ningún disco clásico de Motörhead, ninguno, pasó de los 42 minutos, y la mayoría apenas pasaba de los 35 ( Aces of spades, Bomber, Orgasmatron). El Screaming for vengeance de Judas priest dura 38 minutos, el Turbo 40, British steel 36 y Painkiller, con sus solos aparentemente larguísimos, 46. Slayer tampoco te marean: Reign in blood 34 minutos, South of heaven 37. Metallica necesitaron 54 minutos para hacer de Master of puppets un clásico eterno y emplearon una hora justa en su Black album, en este caso porque no tenía desperdicio. El Powerslave de Iron Maiden dura 51 minutos, The number of the beast 39; y el Appetite for destruction 53. Cuando un grupo tenía material abundante, hacía un disco doble. Así, los Keeper of the seven keys de Helloween eran, son y serán brillantes porque la primera parte dura 36 minutos y la segunda 54. Y así hasta el infinito.

Ahora, sin embargo, Iron Maiden nos torturan con 82 minutos, Metallica acaban de aplastarnos con 88 y no quiero ni pensar con lo que nos pueden amenazar Guns N’ Roses si se les ocurre grabar un disco. Si los redujeran en duración 35 minutos probablemente su material sería juzgado de otra manera. Desde luego Hardwire… To self-destruct tiene, al menos, 40 minutos de gran brillantez.

Y lo dejo aquí, que me estoy alargando.

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