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Desde el país vecino

En cierta ocasión, me dieron una definición de lo que era un experto: “Alguien que venía de fuera”. Desde esa óptica, me produce un cierto pudor desde Navarra analizar el proceso electoral que se vive en la Comunidad Autónoma Vasca. No obstante, Navarra es un país vecino y son muchas las similitudes políticas que contienen ambos espacios. Además, las elecciones vascas son algo más que vascas. Sobre ello entraré.

Por un lado, representan el cierre electoral de Podemos. Esta formación que supuso una expresión de impugnación al sistema político existente cierra con estas elecciones sus pruebas electorales. Emergió en las europeas, continuó en autonómicas y municipales y siguió con las elecciones generales. Las elecciones vascas pillan a Podemos en un momento no álgido; más bien de resaca. Ya tienen pasado y no representan lo emergente. Pero el espacio político vasco tiene sus propios factores. Es un espacio político acostumbrado al voto rebelde. No hay que olvidar que HB desplegó, en una campaña electoral, el eslogan “Vota a lo que más les duele”. Además, el voto urbano es alto. Por todo ello, la entrada de Podemos en la Cámara Vasca será amplia. Lo que hará encogerse al resto de formaciones dado que los 75 escaños a elegir son los que son. Esta predicción no es demoscópica es de Principio de Arquimides.

La competencia electoral entre Podemos y Bildu será intensa. Ambos acuden a un mismo nicho electoral. El de la radicalidad política, bien social o territorial. Bildu deberá relativizar su pasado; ponerse al día en el nuevo tiempo vasco en que se vive. Son conscientes de ello pero también de una herencia que no quieren rechazar porque algunos de sus deudos se enfadarán.

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El botijo, un icono de postmodernidad estival

Poco a poco se van acabando las vacaciones y entramos en el período, para mí, más insufrible del año: El relato post-vacacional. El momento en el que tu entorno social te bombardea con sus vacaciones que siempre son geniales y con buen tiempo. Al margen de que les hayan caído chuzos de punta o que hayan discutido constantemente con su pareja. Sin entrar en las opciones personales que cada uno elige a la hora de vacar reivindico las vacaciones postmodernas.

La postmodernidad es algo de lo que se habló mucho a finales del siglo pasado y nadie supo explicar qué era. Quizás por su propia naturaleza herética y dispersa. Más que un pensamiento o una corriente cultural, la posmodernidad es una actitud que cuestiona la hegemonía cultural y los estilos de vida que produce. Mantiene una actitud estética distante frente a las modas. Se refugia en los márgenes, no en la norma. Es decir, va a contracorriente del pensamiento único y de su aparato publicitario.

Cuestiona las verdades absolutas reivindicando la diversidad y la relatividad de la misma. Surgió como una respuesta displicente a la modernidad que todo lo comprendía y abarcaba de manera eficaz. En ese contexto, dado que las vacaciones suponen una interrupción de lo cotidiano, no sólo en tu trabajo sino también en tus hábitos cotidianos por qué no reivindicar unas vacaciones posmodernas. Unas vacaciones capaces de evadirte de tu mundo. De la cultura de consumo dominante, de la realidad virtual que nos envuelve, de la necesidad de representar un rol.

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Hace un año

Leopoldo Calvo Sotelo fue presidente del Gobierno de España por la UCD. Tenía un humor muy fino y sutil. También un cuñado, que fue ministro socialista, llamado Fernando Morán con el que siempre discutía de política. En cierta ocasión, Leopoldo le dijo a Fernando: Contigo es fácil y estimulante discrepar, pero es difícil y peligroso coincidir. Ésa parece ser la base para la dialéctica política, buscar el desacuerdo y huir del acuerdo. El Gobierno de Navarra ha cumplido un año de gestión. Unos, han aprovechado para celebrar el Aniversario. Otros, para terminar el Cabo de Año que marca el tiempo de luto. Como casi en todo, en la falta de pasión se encuentra el equilibrio.

Gobernar tiene mucho de frustración. Por ello, entiendo que cuando los nuevos dirigentes accedieron al despacho se dieron cuenta del poco poder que tendrían. El gasto público es muy rígido dado el alto nivel de deuda y el creciente peso del gasto de personal y gasto corriente. Los ingresos se pueden estirar vía impuestos pero también tienen unos límites muy topados. Si se quieren hacer políticas públicas avanzadas hay que recurrir a la innovación pública algo que provoca un fuerte debate. Por ello, los políticos de todo el mundo se esfuerzan más en el discurso y menos en los hechos. La política se encuentra, cada día, más volcada en las identidades, en las actitudes, en la liturgia de cada grupo. La política se convierte no tanto en un ejercicio de gestión pública sino en un ejercicio de representación.

En ese campo político, en el de las actitudes y representación política, el nuevo gobierno ha intentado diferenciarse del anterior y ha marcado algunas de sus señas de identidad política. Desde mi punto de vista, ha acertado claramente en su apuesta por la austeridad y por la imagen de cercanía. Despojándose de atributos como coches oficiales y rebajando el nivel de escolta se han acercado a la ciudadanía. Por otro lado, están intentando articular el complejo entramado que significa la participación ciudadana con el fin de potenciar la ciudadanía. Pero donde más ímpetu está poniendo es en la visualización política de la parte vasca de Navarra.

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Hay gente para todo

Se cuenta que en cierta ocasión a un afamado torero le presentaron a Ortega y Gasset. Éste se presentó como filósofo; dijo que su oficio era pensar. El torero exclamó sorprendido: Hay gente para todo. Qué hubiese dicho el torero si le hubiesen presentado a un politólogo.

La politología está ampliamente acreditada en otros países. La  École nationale d'administration  en Francia, la National School of Government en Gran Bretaña, la American Political Science Association  son centros de referencia de muchos años de prestigio que en España no existen. Sin embargo, en los últimos tiempos, hemos vivido momentos de gloria. La impugnación social de nuestro sistema político llevó un inusitado interés ciudadano por la teoría política, por el origen de la legitimidad. Además, muchos de los dirigentes de Podemos salieron de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid.

En este subidón profesional, los analistas de encuestas electorales proliferaron como setas. Los politólogos se convirtieron en gurús, jugando a ser adivinos sin tener una bola de cristal. No les interesaban las tendencias que marcaban las encuestas sino los titulares que podrían vender de las mismas. En el pecado se lleva la penitencia. Al fracasar estrepitosamente las encuestas publicadas, de nuevo la marginación social cierne sobre la Ciencia Política.

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Tener ilusión y ser iluso no es lo mismo

Por mi profesión suelo trabajar en planes estratégicos para empresas. Una de las claves de éxito en dichos planes se basa en el establecimiento de los objetivos a cumplir por la organización. Éstos deben de ser ambiciosos, desafiantes para la organización, pero también realistas que partan del escenario de origen. Como diría el bueno de Gramsci hay que combinar el optimismo de la voluntad con el pesimismo de la razón.

Si esta lógica estratégica se hubiese llevado a cabo en Unidos Podemos ahora no estarían en el estado de shock anímico en que se encuentran. Ni tendrían que dedicarse a quitar las malas hierbas. Situaron los objetivos electorales muy altos, su líder verbalizó que estaban cerca de superar al PP. Su resultado fue similar al del diciembre. Tuvieron dos puntos porcentuales menos y mantuvieron sus escaños. Sin embargo, lo consideran un fracaso.

Podemos es una fuerza política con poco más de dos años de existencia. Irrumpió en las elecciones europeas del 2014, cosechó alcaldías muy importantes en mayo del 15 y en la actualidad es una de las cuatro fuerzas significativas en el ámbito estatal. Al igual que Ciudadanos aprovechó la oportunidad de entrar en el hueco social que el PP y el PSOE le habían dejado libre. Propugnaron la regeneración política ante unas instituciones muy fatigadas. Así pues, desde mi punto de vista, nada de fracaso. No obstante, confundieron la ilusión con lo ilusorio.

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¿Quién nos gobernará?

Estamos en la recta final de una campaña electoral muy prolongada. Quedan pocos días para que la ciudadanía española acuda a las urnas para constituir un nuevo gobierno, tras muchos meses de interinidad del actual. Una interinidad de siete meses no es cualquier cosa. Desde la Transición, nunca hemos estado tan expuestos a la información política.

Mi impresión es que se votará prácticamente lo mismo que la última vez. El electorado repetirá, de forma muy mayoritaria, la misma pauta electoral que hizo en diciembre. Así lo dice el trazo grueso de las encuestas. El CIS nos desvelaba que había un 30% de indecisos. Debo dudar de semejante porcentaje. No por el CIS, sino por los encuestados. Muchos se refugian en el terreno de los indecisos para no expresar su voto.

Al ser una segunda reedición, el campo de batalla electoral se encuentra en la abstención. Cada opción electoral lucha para que su electorado no se refugie en ese espacio tan difuso y, desde mi punto de vista, tan estéril. Los partidos no acometen esta campaña como una competición electoral entre adversarios que se disputan al electorado entre sí. No pretenden tanto atraer el voto de otros sino evitar que los suyos se abstengan.

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De patos cojos y jarrones chinos

La expresión “pato cojo” se suele usar para calificar a políticos ya amortizados. Dado que no van a repetir, que están de retirada, no merece la pena disparar contra ellos. La expresión “jarrón chino” sirve para tildar a los expresidentes; muy valiosos pero nadie sabe dónde colocarlos. Estas personas de acreditada experiencia les resultan molestas para los que se quedan. Y les son molestas porque se salen de la lógica política. Ya no entran en la dialéctica de la supervivencia y no tienen que rendir pleitesía a la organización que antaño les sustentó. Por ello, suelen usar un verbo libre, fluido. Un discurso heterodoxo que no pretende tanto quedar bien con la audiencia sino expresar lo que ellos piensan.

Quizás por edad, y porque en cierto modo soy uno de ellos, debo reconocer que a mí me gustan sus discursos. No por su contenido, que dependerá de lo que digan, sino porque se expresan libremente, sin apego al poder. Piensan más en generaciones próximas que en elecciones venideras. Por ello, merece escuchar a los mismos. Hace unos meses, el presidente Obama expuso su último discurso de la Unión. Era consciente de ello y por eso empezó diciendo que no quería hablar del próximo año, sino concentrarse en los próximos diez años. En un futuro político que él no protagonizará.

Fue un discurso volcado en la creencia en las instituciones y en la democracia. Apostó explícitamente por lo políticamente correcto. “No se trata de corrección política. Se trata de entender qué es lo que nos hace fuertes, que no es otra cosa que el acuerdo entre diferentes, el acuerdo institucional”. En nuestro país cabe recordar que mediante el acuerdo entre diferentes, hemos institucionalizado nuestros sistemas públicos de pensiones, de sanidad, de educación... Unos sistemas que debemos mejorarlos para preservarlos.

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Tiempo de evaluar

Los sociólogos no somos adivinos. Si lo fuéramos, nuestra herramienta de trabajo sería la bola de cristal. Analizamos los hechos y los factores que los condicionan. Pero sobre todo, intentamos describir las tendencias sociales. Dentro de “ese atrapar” por dónde va la sociedad, las encuestas son una herramienta diagnóstica importante. Un instrumento que debe realizarse con rigor y presupuesto suficiente; no a subasta. No quiero echar sal en la herida, pero todavía recuerdo la encuesta preelectoral del Parlamento de Navarra de hace dos años. Pronosticaba 18 escaños para Podemos (sacó 7); a UPN le concedía 8 escaños (obtuvo 15); proyectó 11 escaños a Bildu (sacó 8); para Geroa 4 (tuvo 9) y así... Por cierto, nadie pidió garantías sobre la calidad de esa encuesta pagada por el Parlamento.

Así pues, bienvenidas sean las encuestas; pero mi criterio es priorizar los análisis sobre resultados palpables más que las expectativas posibles. Y en ese análisis de los hechos, el 26 de junio nos deparará un importante barómetro político para Navarra, como hace seis meses. Cierto es que la ciudadanía no decide en estos comicios el Gobierno de Navarra sino el de España. Pero servirá para medir la aceptación ciudadana a los diferentes partidos navarros en su labor de gobierno o en su labor de oposición. Así lo han entendido los propios partidos. De tal manera, que algunos propusieron coaliciones electorales para visualizar el apoyo a lo que denominan el Gobierno del Cambio. No llegó a fructificar la propuesta, ni siquiera al Senado.

En diciembre, en las anteriores elecciones generales, las opciones que rechazaron la investidura de la actual Presidenta del Gobierno de Navarra, UPN-PP, seguían en minoría. Prácticamente, se reproducían los mismos parámetros cualitativos de deseo de cambio que se dieron en las elecciones forales. Cierto es que se visualizó una importante pérdida de apoyo hacia la opción que preside el gobierno. Este hecho les advirtió de la necesidad de abrir un tiempo de reflexión, tal como anunció su propio portavoz parlamentario. Desconozco el resultado de dicha reflexión.

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Mobile, qual piuma al vento

Stalin no era una enamorado de la democracia precisamente. De tal manera, que para desprestigiar los procesos electorales comentaba que éstos eran muy volubles. Se cuenta que decía: “La democracia depende del estado de ánimo con el que la persona se levante ese día a votar”. El 26 de junio tendremos ocasión de comprobar cuánto la opinión ciudadana ha cambiado en estos seis meses. Veremos si las personas que votaron en diciembre lo siguen haciendo del mismo modo en junio. De hecho, un reciente CIS nos decía que 8 de cada 10 electores repetiría su sentido de voto.

Pero claro, como diría el bueno de Heráclito nadie puede bañarse dos veces en el mismo río. El agua fluye constantemente. De tal modo, que a pesar de la repetición, las elecciones no serán las mismas. De momento, es presumible que muchas personas dejen de participar en este proceso. En diciembre, la participación electoral fue una de las más altas de las producidas. En Navarra, participó más del 74% del cuerpo electoral y en España, el 73%. Se entendían que eran unas elecciones novedosas, de mucho interés. Incluso que transformarían un sistema político que era impugnado por una parte de la sociedad. Así pues, una de las claves, quizás la mayor, de este proceso electoral será qué traducción, qué sentido político, tiene una mayor abstención. En teoría, la abstención afecta más al voto urbano que al rural; afecta más a la izquierda que a la derecha; más a los jóvenes que a las personas de edad. En fin, veremos.

Para conjugar pluralidad con gobernabilidad es preciso acordar. Muchas veces, los electores exigen a sus partidos que no acuerden con el otro. “Si apoyas a tal, no te voto más” les dicen sus bases a los partidos. Sin embargo, el resultado final exige de ello. El empate infinito conduce a la nada.

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La Buena Vida

Entre los profesionales de la sociología, que alguno hay, cuando se nos pregunta sobre nuestro cometido, solemos responder: Los sociólogos estamos para arreglar lo que rompen los economistas. Lógicamente, es una humorada entre profesionales que se dedican al mismo campo, la sociedad. Pero esconde una cierta realidad, la dimensión social no puede medirse exclusivamente por parámetros cuantitativos de riqueza. Ni colectiva, ni personalmente. Como en su día afirmó Robert Kennedy: “El PIB lo mide todo excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida”.

En parte, esa debilidad del PIB se intentó corregir con otros indicadores de bienestar social;  tales como el índice de desarrollo humano o el índice de desigualdad. Pero la cuestión es más conceptual. A grandes males, grandes remedios. A grandes crisis, grandes reflexiones. Cuando una sociedad no ve futuro, se libera de su pasado. El trabajo ha dejado de ser el recurso normalizado de ingreso en la sociedad. La sociedad no sólo es más desigual sino que se fragmenta y se blinda en grupos e identidades. Ante ello, es necesario pensar al margen de la norma social hegemónica.

Ante una de las crisis sociales más rotundas de los últimos tiempos surge con fuerza el marco teórico de la Sociología de la Buena Vida. Un marco referencial sobre cómo entender nuestra vida en sociedad y sobre cómo entender nuestra relación social bajo el prisma del Bien Común. La Sociología de la Buena Vida parte de una conceptualización moral, de valores, e intenta implementar otros indicadores sociales para medir el Bienestar Social.

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