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Cuando llegar el primero no es signo de victoria

Mucho se habla estos días de Borgen. Reconozco que yo también caí seducido por esa serie danesa de televisión. En ella, se relataba la política de ese país a través de la ficción. Sobre todo, me gustó ese estilo luterano de ejercer la política, sin boato ni parafernalia. La representación política como ejercicio de ciudadanía. Nada que ver con  “House of de Cards” que desprende poder por los cuatro costados.  Parece ser que Miquel  Iceta también ha visto la serie y se ha apuntado al episodio donde el tercer partido llega a gobernar por vetos de los partidos mayoritarios entre sí. A partir del jueves veremos si esa opción tiene algún recorrido.

Pero dejando la ficción televisiva a un lado,  merece la pena una reflexión política sobre cómo no siempre consigue el premio el que llega  primero. Cabe recordar que en los sistemas de tradición parlamentaria gobierna quien más apoyos tenga en el parlamento;  no quién más votos saque en las urnas. Es decir, la meta no se encuentra al final de  las urnas sino en el proceso político derivado de las  mismas. Por ejemplo, en Navarra gobierna el segundo partido, a mucha distancia del primero.

Como en alguna ocasión he comentado, el nuevo sistema político español se ha complejizado fruto de la aparición de nuevos agentes políticos. En la actualidad es casi impensable que un solo partido gobierne con mayoría absoluta. Algo que hasta en cuatro ocasiones ha ocurrido en el Gobierno de España después de la última dictadura. En Navarra, nunca. Pero a este factor de multiplicidad de los agentes políticos se le une otro más.  La polarización política  se acentúa fruto de una ciudadanía todavía enfadada por el anquilosamiento de las instituciones. Por ello, los viejos acuerdos entre los viejos partidos son poco probables; casi se entienden como traición. Esto no es Alemania.

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Medalla de oro de Navarra, los problemas del decreto que lo regula

Uno de los perjuicios graves de la concesión de la Medalla de Oro de Navarra este año ha sido reeditar viejos debates que fuera de contexto son un arma arrojadiza. No en vano es peligroso adoptar en política un presentismo histórico que trata de preservar sólo una parte de la visión de una época para arrimar argumentos a debates del presente. Decir que Campión era racista y supremacista blanco y euskalduna en su época (quién habla del resto de premiados y digo premiados porque premiadas no hay apenas), es ignorar que mucha parte de la intelectualidad de Europa lo era, de una manera u otra.

Transcribir parte de una cita de Cánovas del Castillo causa sonrojo en la actualidad, por mencionar a algún político de otra tradición: «Los negros en Cuba son libres; pueden contratar compromisos, trabajar o no trabajar, y creo que la esclavitud era para ellos mucho mejor que esta libertad que sólo han aprovechado para no hacer nada y formar masas de desocupados. Todos quienes conocen a los negros os dirán que en Madagascar, en el Congo, como en Cuba son perezosos, salvajes, inclinados a actuar mal, y que es preciso conducirlos con autoridad y firmeza para obtener algo de ellos. Estos salvajes no tienen otro dueño que sus propios instintos, sus apetitos primitivos….”

Por tanto, no deberíamos estar haciendo una enmienda a la totalidad histórica a un personaje. Lo cual no significa por supuesto que comulguemos con él o con sus ideas. En su época también hubo gente que hizo lo correcto y que no defendía esas afirmaciones. Sin embargo, con un poco de mala fe y de partidismo, nadie saldría vivo (viva), de semejante escrutinio y menos con los criterios sociales de un futuro que a todas las personas se nos escapa en buena medida. Con todo este ruido político y mediático no faltará quien cuente partidarios y detractores de una medalla o de otra. Y así nos vamos entreteniendo.

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Una sociedad intangible

Trabajadoras de una empresa coneservera.

El genial Antonio Gaudí fue atropellado por un tranvía que le causó la muerte. Fue tomado por un mendigo dado su aspecto y su vestimenta. Tras esos ropajes de pobreza se escondía una de las mentes más geniales del siglo pasado. Su talento no estaba revestido de adornos externos. Lo intangible, lo que no puede ser percibido físicamente, empieza a descollar en la nueva sociedad. Lo inmaterial despunta. El conocimiento, las patentes, las redes sociales, la marca, la reputación, la innovación...Todos ellos son conceptos en alza. La sociedad materialista va dejando paso a una sociedad menos tangible. Dos pueden ser las razones para ello. Por un lado, la nueva economía no se basa en la mano de obra sino en la cabeza para obrar. Por otro, la crisis nos ha hecho percibir que se puede vivir con menos; aunque el consumo es muy tentador.

En la actual economía, la clave ya no es producir sino aportar valor. La mercancía, el fetiche de la sociedad industrial, ya no es lo que era. Los productos son algo realmente fácil de crear; cada día son más asequibles si seguimos el criterio de utilidad. Un gran smartphone lo tienes por 100 euros; un coche con prestaciones adecuadas por 12.000 euros; cualquier ropa sin marcas la tienes por 50 euros... La clave de la competitividad ya no se aloja en producir más, sino en ser diferente. Por ello la publicidad, el sustrato ideológico del mercado, ya no nos trasmite el verbo poseer sino experimentar. Lo importante no es la compra sino la emoción. La robotización, la digitalización, el sistema de impresión 3D… está descubriéndonos una nueva economía. Vamos avanzando a una economía del talento. Que no quiere decir que sea más ecuánime que la anterior.

La clave para los sociólogos es percibir cómo será esa nueva sociedad fruto de fractura vivida. Barreiro en su libro la “Sociedad que Seremos” nos la vaticina como más inmaterial, más solidaria, más intangible. Bienvenido sea ese optimismo de la voluntad.

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El nuevo sistema político, todavía sin fraguar

En los Grados en Ciencias Políticas posiblemente se incluya una materia llamada Segunda Transición Española. Entre otras cosas porque los politólogos fueron protagonistas y no analistas. Lo vivido políticamente en estos tres últimos años no es una mera anécdota. Es un verdadero capítulo que ha abierto una nueva etapa política, un nuevo sistema. La ciudadanía impugnó, de forma palmaria, el anterior sistema bipartidista. Parodiando a la Jurado, se les acabó el amor de tanto usarlo. Hemos  pasado de un bipartidismo con bisagra nacionalista a un cuadripartidismo con un nacionalismo enrocado en su territorio.

El nuevo sistema político es novel; no está asentado en sus parámetros y magnitudes principales. Incluso, algunos de los nuevos políticos muestran dosis de impericia.  Por lo tanto, no está fraguado y necesita tiempo en su sedimentación. Así, hay que contemplar las encuestas electorales con un cierto escepticismo. Los barómetros del CIS, el último en octubre, apenas asoman algunos rasgos relevantes. Quizás el que mayor interés suscita es el hecho de que las transferencias de votos se producen entre los mismos bloques políticos no de un bloque a otro. El eje estereotipado de derecha e izquierda se mantiene a través del tiempo. Pero la competencia electoral se produce dentro de cada espacio no entre los espacios. La competencia es interna no externa. Por ello, el PSOE y Unidos Podemos están en continua gresca. Por otro lado, en estos momentos, el PP pierde confianza en beneficio de Ciudadanos y el PSOE gana confianza en perjuicio de Podemos. Pero es pronto para apreciar si este vaivén tiene carácter de tendencia.

Hemos pasado de un bipartidismo con bisagra nacionalista a un cuadripartidismo con un nacionalismo enrocado en su territorio

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La violencia sexual es violencia machista

Este mensaje, junto con el de 'Nosotras si te creemos', esta presente desde el lunes 13 de noviembre  en las calles de Iruña y en otros muchos lugares.

Como dice Beatriz Jimeno,  "una violación y el consiguiente juicio y tratamiento social son un reflejo de la historia de las relaciones entre hombres y mujeres y un reflejo social, simbólico, material, jurídico, mediático etc., de la posición de mujeres y hombres en una sociedad dada".

El  juicio que se está celebrando en Pamplona por la violación  múltiple de una chica durante los San Fermines de 2016 es histórico para conseguir este concepto: La violencia sexual es violencia machista y como tal debe de ser considerada. Este juicio es un ejemplo claro de lo que significa la cultura de la violación y al ocurrir en un momento en el que las mujeres hemos decidido y podido salir del armario frente a las agresiones sexuales  que todas vivimos por el hecho de ser mujeres, lo convierten en un momento muy muy especial. Está en juego  la respuesta que el Estado, y el poder judicial en concreto,  va a dar a una agresión especialmente brutal, por tanto si la cultura de la violación va a salir reforzada o fragilizada de este juicio. Su tratamiento, su castigo, su reparación, nos va a mostrar  como abordamos las agresiones machistas en toda su concepción y en particular la violencia sexual.

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Violencia machista y medios de comunicación

El juicio contra los 5 acusados de violación grupal en los sanfermines comienza este lunes en esta sala

El lunes 13 de Noviembre comienza el juicio por la agresión sexual en grupo a una mujer durante las fiestas de Sanfermines de 2016.

El tratamiento irresponsable de este caso en algunos medios de comunicación ha servido para denostar la imagen y arrebatarle la intimidad a una mujer que, además de haber sufrido una agresión sexual gravísima, se ha visto sometida a un juicio mediático y social paralelo.

Y esto a pesar de que las agresiones sexuales a mujeres no sólo ocurren en los ámbitos festivos y de ocio, sino en todos los ámbitos sociales, y que donde más agresiones sexuales hay es precisamente en el entorno conocido de las mujeres, a manos de sus parejas, familiares y amigos, y no entre desconocidos.

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Conoce tu aldea y conocerás el mundo

Hace muchos años, un tío mío se casó con una lisboeta de tez morena. Era principios de los años 50 del siglo pasado. Cuando la feliz pareja arribó por el pueblo los vecinos se quedaron pasmados ante la mestiza pareja. Hoy sin embargo, la variedad de países de origen que existe en mi pueblo es tal que nadie se asombraría.

Así es, una de las grandes transformaciones sociales que hemos vivido en estos años ha sido la globalización. Nunca como ahora hay tantas personas que  migran de un lado para otro. Sin embargo, el que las puertas de nuestros límites espaciales se hayan abierto no evita el reforzamiento de las identidades tanto de índole religiosa como de naturaleza patria. Es más, quizás el rebrote de las identidades pueda obedecer a esa globalización anómica.

En la izquierda, las diferentes identidades colectivas siempre han sido objeto de intensos debates. Hace más de cien años, Pepote Stalin quiso cerrar el debate y escribió su libro “El marxismo y la cuestión nacional” pero no lo consiguió;  ni en su propio país y era mucho el poder de ese hombre. El otro día, mi excompañero Francisco Frutos también quiso cerrar la cuestión de manera categórica. No nos engañemos, el debate, incluso coqueteo, entre el nacionalismo y la izquierda es un bucle melancólico.

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Pactamos por encima de nuestras posibilidades

En estos tiempos en los que el acuerdo y el pacto poco menos que suenan a traición conviene recordar que hubo una época en el que eran valores superiores, quizás sobrestimados. El Pacto de la Moncloa, el Pacto Constitucional, el Pacto Antiterrorista, el Pacto de Toledo…Todos ellos, eran acuerdos realizados entre diversos y diferentes agentes políticos y sociales sobre temas de mucha transcendencia: Economía, salarios, pensiones, derechos constitucionales, terrorismo. Se  realizaban  porque la ciudadanía así lo reclamaba. Tenían apoyo y legitimidad social. Los pactos eran bien vistos por la ciudadanía porque el clima de polarización y de extremismo en esa época era muy fuerte. No olvidemos que la Transición dejó muchos muertos;  por más que ahora  hablen de ella como si de un cuento se tratara.

Sin embargo, como en casi todo, lo malo no fueron esos grandes pactos sino las fotocopias que se hicieron a partir de los mismos. Se fue la mano acordando. Se acordó por encima de las posibilidades. PP y PSOE, con CiU o PNV, como socios tornadizos, hegemonizaron grandes esferas de las instituciones, sociedad y economía. Pactos desde las alturas bajo el argumento del interés general, pero poco entendible por el  interés común. La consecuencia de ello es que tuvimos un sistema de partidos muy fuerte, pero una sociedad débil.  Que se debilitaba, día a día,  ante la poca autonomía que presentaban sus organizaciones y la escasa influencia que éstas tenían.

Hasta que llegó el 15M y denunció los llamados pactos de las élites reclamando el empoderamiento social. El fenómeno de la indignación social no es propio de España; desde diversas ópticas también  afloró en Europa y EEUU. Los de abajo a por los de arriba. El 15M, espoleado por la crisis económica,  fue la alarma que anunció que hasta aquí habíamos llegado. A partir de ahí, el escenario político empezó a girar. Pero como si de la ley del péndulo se tratara,  hemos pasado de pactar demasiado a demonizar cualquier acuerdo que se haga. En estos momentos, lo que vende es el descuerdo, la entidad y la  identidad de cada parte. La cesión por el acuerdo queda minusvalorada. La capacidad de intermediación queda denostada.

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Navarra tiene quien le escriba

La asociación Co.CiudadaNA lleva ya tres años explorando en las tendencias de Navarra a través de las opiniones cualificadas de un nutrido grupo de personas de relevancia social. Ciento setenta  personas del ámbito empresarial, universitario, institucional, creativo y de la comunicación mediante un cuestionario panel responden sobre temas de Marca Navarra. Unas preguntas son de actualidad y otras estructurales para contemplar variaciones posibles. Este colectivo, estos panelistas, no representa el conjunto de la sociedad de Navarra, pero su cualificación, experiencia y rol le hace merecedora de que sus opiniones sean de mucho valor y significación. Cuando el otro día se presentó el III Panel de Tendencias de Navarra me acordé de la novela de García Márquez, “El coronel no tiene quien le escriba”. En ella, se expresaba que de ilusión e  ideas no se come pero  se alimenta.

Este año, en las ventanas de actualidad se ha preguntado sobre dónde invertir; qué trabajadores necesitan las empresas y cuál será el futuro del comercio tradicional ante el comercio digital. Los panelistas expresan que hay que invertir prioritariamente en proyectos dedicados a servicios y prestaciones para mayores. Nos dicen que, a pesar del empuje del comercio digital, el tradicional mantendrá una cuota significativa. Ir de tiendas es también una forma de relacionarse socialmente. Los  empleadores demandan trabajadores/as inteligentes. Flexibles; con capacidad de entender los cambios y de relacionarse con los demás.

Envejecimiento, robotización, digitalización, son los tres conceptos que nos encaminan por una nueva sociedad. Seremos más viejos; más virtuales y las máquinas trabajan por nosotros. Cabe retener estos tres mantras para no perdernos en nuestro devenir social.

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La ciencia política

Siempre que pienso en la  política me viene la imagen de la pintura de la tabla de ajedrez del maestro Van Huys. Dos jugadores en torno a una partida y una dama fuera de escena. La tabla de ajedrez como escenario político en el que interactúan los agentes influyentes.En muchas ocasiones, la Teoría de Sistemas, la Teoría de Juegos,  ha sido aplicada como explicación comprensiva en la Ciencia Política. La política como un sistema de competencia interdependiente que se produce entre dos o más sistemas racionales;  que son antagonistas y  buscan maximizar sus ganancias y minimizar sus pérdidas. Los partidos políticos actuando desde el desarrollo de la estrategia más óptima para cada uno.

Si aplicamos la Teoría de Juegos a la política española nos resulta un escenario de lo más geométrico y multivariable. La tabla de la política española tiene muchas dimensiones y múltiples jugadores. Un escenario global que abarca todo el Estado y varios escenarios diversos, propios en cada espacio. En estos momentos, un escenario quiere salirse de la partida general. No diré que quieran pegar una patada a la tabla pero sí  saltársela. La cuestión es que la tabla catalana no es soberana,  depende de  la de España. Y la tabla española depende de la catalana.

El escenario español, la tabla de ajedrez  común,  inauguró su partida el año pasado mediante unas elecciones generales. Al Partido Popular le corresponde mover ficha al estar en el gobierno. Necesitado de apoyos externos, primero buscó ayuda en el PSOE y posteriormente, en Ciudadanos y el PNV. Si alguien,  antes de las elecciones generales, hubiera dicho que Ciudadanos y el PNV pudieran converger indirectamente en su apoyo al PP nadie le hubiese creído. Pero así es. La estrategia política trata de sacar rédito por cada parte mediante el aprovechamiento máximo de la influencia.

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