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Egocentrismo navideño

En Navidad, las obligaciones familiares, los gastos en exceso y hasta la forma única de relacionarse de cada familia nos pueden conllevar a centrarnos en viejos conflictos. Por el contrario, lo más recomendable sería aprovechar estas fechas para crear una ocasión en la que practicar las emociones, la aceptación, ser empáticos e incluso simpáticos.

Llevamos desde noviembre con las calles iluminadas y con anuncios publicitarios que inevitablemente han descontrolado el consumo familiar, una prueba más de que esta crisis, al margen de económica, es también una crisis de valores. No lo duden, nos hemos distanciado del sentido original de recogernos, bien de forma reflexiva o religiosa, y desaprovechamos este momento para hacer balance emocional de la dirección que llevamos. Y en medio de esta vorágine de invitación al gasto, el estado del despiporre tiene la desfachatez de trasladarnos, de forma velada, que seamos buena gente, porque es lo que ahora toca, uno sigue sin explicarse, el empeño por hacer ahora lo que en el resto del tiempo deberíamos intentar con más convicción.

Ya han pasado las comidas y cenas de trabajo que nos han obligado a la relación, no por necesitarla, sino por qué se ha establecido la obligatoriedad de hacerlo, seguramente se podría quedar otra día, con más tiempo, que apeteciera más, con menos apremio, pero no, miren, imposible. En todo caso, lo importante es saber decidir. Acudir si se va a estar con alegría y satisfacción, y si por el contrario vamos con resignación u obligación, mejor declinar. Hacemos en demasía lo que no nos apetece por salvaguardar nuestra imagen.

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Bien Común o Identidad

“El bien común abarca el conjunto de aquellas condiciones de la vida social, con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección (Juan XXIII: Pacem in terris).

La sociedad no es una mera suma de personas que viven en un espacio determinado; es la relación que se produce entre ellas. Toda sociedad es dinámica e interactiva. La comunicación, el compartir, la empatía, el mutualismo, la solidaridad entre ellas es el fluido social que genera lo que entendemos como Bien Común. El Bien Común es un valor social intangible, una riqueza social, que se produce al compartir beneficios entre todos los miembros de la comunidad. Por otra parte, la identidad es un proceso de individualización grupal mediante el cual tú te identificas con otras personas a través de tus características propias. La identidad colectiva supone la suma entre personas que se sienten idénticas, semejantes. Muchas veces, se agrupan frente a otras identidades. La identidad es un espejo; la sociedad es un caleidoscopio, espejo de espejos. De este modo, dos procesos sociales. Bien Común e Identidad.

Cuando una sociedad entra en crisis, se desestructura, se fragmenta. Se intensifica la pérdida de valores colectivos, del Bien Común. Se acentúan los procesos de exclusión. Se refuerza lo particular frente al común. El sentimiento grupal versus el sentimiento comunitario; los individuos tienden a agruparse entre los suyos. En definitiva, la identidad como proceso de reafirmación individual cobra fuerza.

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La medalla de la memoria

El ejercicio de la memoria no es siempre un viaje agradable a las entrañas de nuestro pasado. Nadie dijo que ese caminar iba a ser cómodo, porque nuestro pasado fue como fue y en él hay cosas que nos recuerdan la degeneración humana cuando se trata de una guerra o de terminar con un contrincante político. Lo decía Gregorio Armañanzas, psiquiatra, en un documental de affna36; cuando las víctimas expresen su dolor va a doler a los victimarios pero eso es parte del proceso.

Lo que se ha dicho en torno a  la medalla de oro viene a dejar en evidencia la gestión desastrosa del pasado que se ha hecho en nuestra tierra.

Rascar en nuestros recuerdos resulta muchas veces sobrecogedor porque, si esa mirada es honesta, suelen caerse no pocos mitos. El ser humano, precisamente por su delicadeza, necesita la memoria como esencia de haber sido y la posibilidad de seguir siendo en el recuerdo propio y en el de los demás. Para los que vienen esa es una herencia difícil de gestionar.

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Obediencia

Hace ya unos días leía un artículo con respecto a la escolarización de los alumnos de origen sociocultural diferente en nuestra Comunidad Foral. Básicamente, la idea trasladada era que estos alumnos se concentran más los centros públicos. Hasta ahí, la lectura iba bien, pero claro, quien escribía no pudo contener su sesgo, y deslizó matices curiosos, el primero que como muchos de estos menores vivían en entornos rurales por lo tanto no podían ir a otro centro que no fuera público y que en Navarra los centros concertados asumían un 17% de ese alumnado, una de las tasas más altas de estado.

Y miren, se cuentan estas cosas y aquí no pasa nada. Nadie sale a decir que hombre, que sería necesaria no ya una adecuada y equilibrada distribución del alumnado cuando se pueden generar necesidades, sino que en lugar de quedarnos en ese dato, podíamos acercarnos mucho mejor a la tasa de la Comunidad Autónoma Vasca que es de un 30%, no por nada, sino por escoger una comunidad cercana, foral, con modelos lingüísticos parecidos. En esta desidia tampoco nadie indica que las administraciones educativas pueden y deben facilitar mayores dotaciones de recursos a los centros con condiciones de especial necesidad de la población que escolarizan, en lugar de asignarles recortes de oficio una y otra vez.

Y en este silencio por respuesta, en este ambiente cargado de conformismo, me vino de nuevo a la mente la famosa entrevista en la que el máximo dirigente educativo de nuestra comunidad, para argumentar su defensa de la educación pública, indicó como razón de peso que había nombrado como director a “uno de los suyos”. Y en este desasosiego, el que te produce no entender cómo uno de los nuestros hace exactamente lo que haría uno de los suyos, comprendí que todo tiene truco en esta vida, o mejor dicho, lógica psicológica. Hasta la obediencia tiene su explicación. Porque miren, si en general somos todos tan obedientes es porque desde que nacemos estamos demasiado acostumbrados a recibir órdenes. Primero de nuestros padres, luego también de nuestros maestros, de los jefes y ahora algunos también de los responsables políticos. Se cree que habitualmente no utilizamos nuestra iniciativa hasta que alguien desde fuera nos lo dice.

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Siempre suceden más cosas

El pasado 10 de diciembre la prensa publicaba que, según Acnur, 3.419 personas murieron intentando cruzar el mediterráneo en 2014. Al día siguiente supimos que las tarifas de taxi de Pamplona eran las cuartas más caras del Estado, dos jubilados en helicóptero estrenaron el aeropuerto de Castellón y otro ser humano, Fernando Alonso, hizo oficial su fichaje por McLaren.

No seré yo quien pretenda decidir qué noticias son importantes y cuáles no, pues para eso hay expertos, periodistas y tertulianos en los bares. Pero una pregunta me martillea desde entonces: ¿cómo es posible que ese 10 de diciembre, en el momento en que la primera rotativa imprimió aquel número deshumanizado, no se parase el mundo? Si el planeta fuese un lugar con sentido común, aquel día todas esas cosas que pasan constantemente habrían dejado de ocurrir. Simplemente eso, habrían parado.

De esta manera habrían mostrado la necesaria deferencia contigo, conmigo y con cualquier otro piloto de carreras; y nos habrían dado tiempo para sentarnos en el sofá e interiorizar toda la tragedia, toda la culpa, toda la atrocidad que esconde la aberrante cifra: 3.419. Nos habrían permitido sentir el dolor de cada una de esas muertes y tratar de asumir cuánto ocupan todos esos cadáveres, muchos más que los que veremos en toda nuestra vida.

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La estabilidad se echa en falta cuando no se tiene

La frase sobre la estabilidad política la escuché recientemente en una Conferencia. Reconozco que me gustó mucho porque viene a sumarse a mi idea de entender la política como algo aburrido. Cuando expreso que la política debe ser aburrida quiero resaltar que debe ser predecible, controlable, evaluable, estable. La política, no confundir con politiquería, es el compendio de acciones que enmarcan las decisiones públicas, de Estado.

Estamos hablando de medidas sobre Salud, Educación, Pensiones, Vivienda, Impuestos... Por tanto, la ciudadanía debiera tener certezas sobre qué esperar de las políticas públicas que a ellos se dirigen. El marco regulador y proveedor de prestaciones y servicios a la ciudadanía debe tener perdurabilidad y estabilidad. Cierto es que, fruto del momento magmático que vivimos, la estabilidad política es algo que brilla por su ausencia. Pero es que además ni está, ni se le espera. Es tal el grado de ruptura de confianza entre representantes y representados que el PP, con su actual mayoría absoluta, no es capaz de procurar estabilidad. Qué decir de Navarra que ha padecido en esta legislatura el fallido que significa gobernar sin mayoría.

En estos momentos, los puentes están denostados, no se llevan; se alienta la confrontación entre sociedad civil y Estado. Una confrontación imaginaria, no real, dado que el Estado no es otra cosa que un producto social. Tenemos lo que decidimos. El año venidero tiene un claro componente electoral y esa ciudadanía que hoy se muestra cabreada con aquello que construyeron y legitimaron tendrá que decidir sobre nuevas construcciones políticas.

No estoy prejuzgando, ni apostando por ninguna alianza determinada. Ni coalición PP-PSOE, ni coalición PP-Nacionalistas, ni PSOE-Podemos. Al que suscribe no le produce ningún temor aquello que decida la ciudadanía. Por ejemplo, en Gipuzkoa, Bildu gobierna en la Diputación desde hace más tres años y no se ha roto el marco institucional.



Soy consciente de la dificultad de convencer a los desposeídos del sistema de la necesidad de fomentar el acuerdo. Por eso, lo primero que hay que re-establecer es el principio de inclusión social frente al de exclusión. Pero posteriormente reivindico la necesidad de que se produzcan acuerdos y alianzas entre distintas representaciones políticas que procuren gobiernos avalados por mayorías sociales.

No estoy prejuzgando, ni apostando por ninguna alianza determinada. Ni coalición PP-PSOE, ni coalición PP-Nacionalistas, ni PSOE-Podemos. Al que suscribe no le produce ningún temor aquello que decida la ciudadanía. Por ejemplo, en Gipuzkoa, Bildu gobierna en la Diputación Foral desde hace más tres años y no se ha roto el marco institucional. Lo que estoy intentando reafirmar es la necesidad de avanzar en acuerdos entre diferentes opciones políticas que procuren un horizonte de estabilidad política, de consenso. Que permita acometer con eficacia, eficiencia y legitimidad los grandes y graves retos sociales a los que nos enfrentamos.

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Actitudes defensivas

El estrés, la tensión y los conflictos pueden provocar actitudes defensivas. Cuando estamos en esa situación nuestro cerebro no es capaz de evaluar con mucha precisión los detalles de las situaciones y responde de manera más impulsiva, generando una respuesta de ataque o por el contrario de huída. UPN celebró el sábado su consejo político para elegir candidato a la presidencia del Gobierno de Navarra en las próximas elecciones, el domingo su supuesto líder pronunció en Tudela su primer discurso como candidato, tachó a sus contrarios políticos actuales de catastrofistas y a los futuros de estar de moda y de querer aprovecharse de las dudas sin proponer soluciones . Las respuestas no han tardado, por ser la primera vez, falta de autocrítica, excesiva complacencia y continuismo han sido las consideraciones. Demasiadas tensiones en los últimos días y algunas fisuras comentadas de partido facilitaron una respuesta defensiva.

Está claro que las primarias han generado una fuerte corriente de simpatía , se entienden como el mecanismo más apropiado para avanzar en la democratización de la vida pública y en el procedimiento para hacer más transparente la toma de decisiones colectivas. No obstante, si se fomentan conductas  defensivas crece el riesgo de la fraccionalización y la competitividad. El PSN culminó sus primarias para encabezar la lista a la Alcaldía de Pamplona en las elecciones municipales con la victoria de Maite Esporrín. Su resultado final se ha convertido en un activo político en manos de su protagonista. De nuevo los socialistas pamploneses tendrán la candidata que desean verdaderamente, alejándose de  conductas más relacionadas con la búsqueda de mirlos blancos o paracaidistas políticos.

Está claro que las primarias han generado una fuerte corriente de simpatía pero si se fomentan conductas defensivas crece el riesgo de la fraccionalización y la competitividad

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Ilegalidades y mentiras en el transporte sanitario…

Cada cierto tiempo salta a la palestra alguna noticia relacionada con el servicio de transporte sanitario, no precisamente para alabarlo. Éste esencial servicio representa un problema que ningún Gobierno ha sabido o ha querido solucionar. No crean ustedes que la problemática es nueva. Hace más de una década que el transporte sanitario revolotea por el Parlamento, en este caso afectando a dos departamentos, Salud e Interior, ambos competentes en materia de urgencias y emergencias.

El pasado viernes 14 de Noviembre, la Comisión de Salud del Parlamento de Navarra compuesta por parlamentarios de los diferentes grupos, visitó el Centro de Coordinación de Emergencias SOS Navarra 112, donde fueron recibidos entre otros cargos por el director gerente de la Agencia Navarra de Emergencias. Allí se les refirió lo “magnífico” que es nuestro modelo de gestión de emergencias, los “numerosos” recursos con los que la Comunidad Foral de Navarra cuenta y el “excelente” funcionamiento del sistema, salvo alguna puntual demora en los tiempos de respuesta en determinadas zonas. También se dio fe de que no hay problemas legales con la exigencia formativa de los intervinientes en el transporte sanitario; nada más lejos de la realidad.

Desde nuestro punto de vista, la situación es bien distinta: la Comunidad Foral de Navarra carece de un Servicio de transporte sanitario para urgencias y emergencias propiamente dicho; somos la única Comunidad Autónoma del Estado que carece de un órgano que planifique, coordine, dirija y controle el transporte sanitario. Lo que tenemos es un batiburrillo de intervinientes, un puzle donde hace tiempo que las piezas no encajan.

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La sorpresa y el lado bueno de las cosas

La sorpresa es considerada como una de las emociones más básicas, la más breve de todas, está muy relacionada con la adaptación y la evolución. Se produce de forma súbita ante una situación novedosa o extraña y es bueno saber que desaparece con la misma rapidez con la que aparece. Desde el punto de vista político, fundamentalmente es una reacción a un suceso que se aparta del plan establecido.

Pues miren, exactamente eso, una gran sorpresa, es lo que generó el Navarrómetro en la sociedad navarra el viernes pasado ante la noticia que augura un vuelco histórico en las elecciones forales de 2015, con Podemos como primera fuerza política, seguida de EH Bildu, y con una UPN que se desploma y pierde más de la mitad de sus escaños. El sobresalto esperado del lunes (últimamente es muy buen día de pesca, recuerden Operación Púnica, abandono de Barcina....), con el registro de Alberto Catalán de su candidatura para encabezar la lista de UPN a las elecciones forales a última hora, no sabemos si disipó un tanto los flecos del impacto comentado o por el contrario se gestó por su culpa.

Pero no pendulemos, volvamos a nuestra encuesta, generó pronto las primeras declaraciones políticas, aunque la verdad, para lo que fue el notición, poca cosa. Los agraviados aludieron falta de cocción de la encuesta, simplicidad de la misma, incredulidad y otros argumentos digamos que adaptativos e incluso peregrinos. La actitud más nítida observada entre nuestros políticos ha sido precisa y curiosamente la propia represión de las emociones, han entendido que era social y políticamente necesaria cierta inhibición de las mismas para no afectar a la estructura y funcionamiento de sus grupos en este delicado momento.

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¿Por cuánto tiempo podemos vivir en crisis?

La crisis representa lo nuevo que no acaba de nacer y lo viejo que no termina de morir. Un frase clásica que es ilustrativa para explicar los momentos en que vivimos. Estamos asistiendo al advenimiento de una nueva cultura social que podemos denominar como Sociedad Postcrisis. Tal como en su momento hubo Sociedad Postguerra o Sociedad Postindustrial. La crisis que padecemos, desde hace más de siete años, está transformando nuestros valores sociales, nuestra forma de pensar, nuestros estilos de vida, nuestra forma de vivir. No es coyuntura, es cambio de época. Los cambios están para quedarse.

Ha sido necesario que se produzca un fallo multiorgánico, en términos sociales, para darnos cuenta de que el modelo estaba agotado. Crisis Inmobiliaria, Crisis Financiera, Crisis de Deuda, Crisis de Consumo, Crisis de Empleo, Crisis de Cohesión Social, Crisis Institucional… Todas ellas, a mi modo de ver, tienen una madre común: Crisis de Valores.

Cuando aquello en lo que creemos no se corresponde con aquello que hacemos se produce una discordancia molesta que debe ser reducida cambiando de hábitos o pensando de otro modo. Cuanto antes demos por agotado el actual sistema cultural, de valores colectivos, que ha sostenido la fracasada etapa de crecimiento insostenible, mejor. Esta crisis de valores sociales, por lo tanto cultural, provoca desorientación a la mayoría social; es lo que definió Freud como el Malestar de la Cultura. Es hora de pensar en otra sociedad, en otra cultura social, en otros estilos de vida.

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