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En nombre de la igualdad

Cuando uno toma la decisión de huir de lo políticamente correcto, sabe bien que se expone a que los fanáticos, que no son pocos, lo anatematicen, como sabe perfectamente que este es un viaje solo de ida, pues no hay vuelta atrás en la determinación de opinar desde la absoluta libertad, sin hipotecas ni estrategias de ningún tipo, sin otra autocensura que la simple adecuación a unas elementales normas de corrección y el respeto a las posturas divergentes. Luego, como es lógico, se puede estar más o menos acertado.

Reconozco abiertamente mis reticencias respecto a las políticas de igualdad (lo que, durante la época zapateril, algunos llamaron "igual-da"), aun a riesgo de que se me tache de lo que se me quiera tachar. Si hemos de escoger entre ser libres o ser iguales, yo me quedo con lo primero. Trataré a continuación de razonar mi postura.

No es el momento de entrar en cuestiones estrictamente educativas ni de valorar el plan para educación en igualdad y prevención en las aulas del Departamento de Educación del Gobierno de Navarra, que de momento desconozco. Tampoco de preguntar cómo se piensa trabajar la coeducación en los centros que, sostenidos con fondos públicos, separan a los alumnos de las alumnas (aunque preguntado queda). Dejaré también para otra ocasión mis dudas sobre si es responsabilidad del docente la prevención de la violencia de género. Lo que me gustaría tratar hoy es la intromisión de nuestros gobernantes, a mi modo de ver intolerable, en la libertad individual de los alumnos.

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Verdad peligrosa

Leía el otro día a Alfred W. Adler, médico y psicoterapéuta austriaco, fundador de la conocida escuela de la psicología individual. Fue un colaborador de Freud y cofundador de su grupo, pero se apartó tempranamente de él al divergir sobre distintos puntos de la teoría del psicoanálisis. Él dijo en una ocasión una frase interesante: “Una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como peligrosa”.

Y es que cuando algo supone un contratiempo, cuando nos aprieta alguna cuestión, en general, solemos resolver las cuestiones de diferente manera, o bien nos apegamos y nos centramos excesivamente en nuestras ocupaciones y tareas, intentando olvidarnos de lo que nos desasosiega; y, en este caso, a la clase política de nuestra comunidad le afectaban muchas esta semana. Desde los temas considerados menores pero que tienen su enjundia, como la intención de realizar flujogramas entre los departamentos del Políticas Sociales, Salud y Educación para la atención de menores (¿uno más?, no sería más fácil hacer funcionar los actuales... ), otros quizás un tanto alejados ya en el tiempo, pero que uno entendía deberían haber tenido más repercusión, como el salto por los aires del organigrama del Departamento de la Hacienda Foral a punto de finalizar la legislatura (algo que me cuentan había costado mucho tiempo consolidar orgánica y funcionalmente y se lo han cargado de un plumazo), o cuestiones más actuales, como la ley de presupuestos mediatizados por el pago de interés de la deuda, la violencia de género, recursos sanitarios a implantar en educación, la modificación de las idoneidades en la adopción sin promover nuevas normativas que la regulen específicamente, pero si con cese de personal correspondiente, o la modificación de la Ley del Vascuence (qué cosas tiene el euskera, que ante actuaciones para que se pueda estimar la iniciativa de poder satisfacer demandas de modelo lingüistico en zonas no cubiertas por el tejido legislativo actual, desde el Departamento, para poder abordar lo que le indica el Parlamento intente solucionar esto de nuevo con los centros concertados, aunque sean ikastolas... y que provoque en algunos la idea de echar en falta más iniciativas parlamentarias para que la enseñanza pública garantice la igualdad de oportunidades para todo el mundo en otras cuestiones, como la distribución equitativa de alumnado desfavorecido o el estado de los centros públicos fuera del área metropolitana de Pamplona).

Pero, como decía, cuando algo supone un contratiempo, sin descuidar los temas que te ocupan pero te distraen, puedes intentar no evadirte de la realidad y hacer un punto de inflexión para mejorar tu desempeño diario (eso sí, mirándote con exigencia al levantarte y con complacencia al acostarse). Y en esto va y justo, cuando uno está eligiendo una cuestión de las comentadas, sobresalto, emerge la noticia de que una redada masiva contra la corrupción golpea al Partido Popular, incluyendo de entre los detenidos al que fuera 'número dos' del gobierno de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, por formar parte de una supuesta trama de cobro de comisiones.

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Esperanza en la regeneración

La escasa tradición democrática de España es una de las causas por las cuales la dedicación a la política ha tenido poco prestigio social. Hace muchos años, en tiempos franquistas, se solía contar el siguiente chiste:

“¡Mira qué es mala la política! Si añades esa palabra a lo que más se quiere en el mundo se vuelve desagradable. Por ejemplo, madre política, suegra.”

La desconfianza ciudadana hacia los que ejercen la cosa pública no es una moda emergente en España; más bien, se convierte en un atavismo. Entre sus factores estructurales, el comentado de escasa tradición democrática; pero también el escaso valor social que tiene el Comunitarismo, el Bien Común. Propio de los países del Sur de Europa.

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De pasiones, emociones y conocimientos. Mejor, escuchen a Monteverdi

Si hay algo que obsesiona a iluminados, gurús y 'pedabobos' (permítaseme la expresión para diferenciarlos de los pedagogos serios) es la falta de pasión que sospechan en quienes no somos partidarios del beso de tornillo como estrategia didáctica. Y, últimamente, esto empieza a ser molesto porque confundir la seriedad en el trabajo con ser un desaborido supone entrar en cuestiones personales más propias de pelea de vecinos que de racional intercambio de pareceres.

Hablo de los 'expertos' que abogan por la eliminación de los exámenes, la conversión del aula en una sesión de terapia o en un reality-show, ocurrencias que defienden, rumbosos, en tertulias, jornadas pedagógicas y otros saraos. Estas ideas 'innovadoras' contienen una acusación implícita de insulsos hacia los docentes que no compartimos tales disparates, una acusación que proviene de quien se cree con la capacidad de acumular tanta pasión en su misma mismidad que no nos queda a los demás ni una pizca que acoger. Plantearé cuatro objeciones: la primera, que tengo derecho a enseñar con la pasión que me dé la gana, como con la simpatía que Dios me haya dado (mucha o poca), con mi color de pelo o con mis gafas porque soy miope; la segunda, que la pasión y la extravagancia son conceptos muy diferentes; la tercera, que estas concepciones tontunas de la enseñanza, más propias de la psicología positiva que de planteamientos pedagógicos serios, pueden causar secuelas considerables en nuestros alumnos, como enseguida argumentaré; y cuarta, que solo quien domina lo que ha de enseñar puede llegar a transmitir pasión por ello.

Está claro que un alumno percibe el entusiasmo del profesor (o la ausencia del mismo) cuando imparte clase pero esto no significa que se le deban saltar las lágrimas mientras trabaja o que esté obligado a dar tres volteretas y media para demostrar arrebato

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Patch Adams

Miren, normalmente, cualquier noticia importante suele producir impacto entre quienes nos rodean o nos acompañan. Como ya he comentado en otras ocasiones, se sabe que comunicar un acontecimiento significativo produce, normalmente, un serio efecto, y si esta noticia se produce sin preámbulos o de golpe, pueden producir hasta problemas.

Pero por eso, o quizás en este caso por todo lo contrario, para dar tiempo a hacerse a la idea, para no comunicar el cambio hasta el último momento, en el debate sobre el estado de la Comunidad Foral, se ha dado el pistoletazo de salida de las Elecciones Municipales y Forales.

De hecho, la intervención de la presidenta en el citado debate vino muy mediatizada por ello (cifras y comparaciones con otras comunidades del Estado a favor de nuestra comunidad, acusaciones de deshonestidad al resto de los grupos y, lo volvió a hacer, acusó a los demás de castigar a los ciudadanos mientras ellas se atribuía el coraje de tomar las decisiones en minoría, increíble… volvió a trasladar la responsabilidad fuera de sí).

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Osasuna: pan, circo carísimo y otras responsabilidades

A finales de los años 80 el fútbol español estaba absolutamente quebrado. Todos los clubes tenían deudas muy superiores al valor de sus activos y, por tanto, eran incapaces de poder atenderlas. El opio del pueblo estaba en serio riesgo de desaparecer y la joven democracia no podía permitirse un pueblo sin circo, de modo que el Estado acudió al recate y aportó los fondos necesarios para sanear a todos los clubes en quiebra.

Para evitar que volviera a ocurrir algo similar, obligó a la reconversión en Sociedades Anónimas Deportivas a todos los clubes de fútbol profesionales, exigiendo aportaciones de capital por parte de los aficionados. La idea inicial fue que el accionariado de los clubes quedase repartido en tantas manos como fuese posible, pero poco a poco personas adineradas compraron paquetes accionariales grandes y pasaron a ser propietarios de los clubes.

De esta manera, Jesús Gil era dueño del Atlético de Madrid, Ruiz de Lopera del Betis, Ruiz Mateos del Rayo Vallecano y un tal Piterman lo fue del Alavés. Las aficiones seguían sintiendo los equipos como propios, pero la realidad es que eran propiedad de otros. Por eso la gente de Vitoria se molestaba con las decisiones de Piterman en la gestión del Alavés, pero no podía hacer nada pues era SU CLUB, no el de los alaveses.

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Resolviendo disonancias

Uno intenta comprender cómo funciona el cerebro de aquellos que viven a todo 'black', con sus tarjetas y sus gastos de representación, y se cuestiona entonces si los seres humanos somos tan racionales como dicen. Pero lo que sí le sorprende a uno es que estemos tan obsesionados por la coherencia, que seamos capaces de justificarlo todo. Saber que la frase “paso de lo que los de los demás piensen de mí" es la expresión estrella de las conversaciones cotidianas, es buena muestra de que nuestro pensamiento indica lo contrario, que solemos estar obsesionados con la apariencia.

Cuando tomamos una decisión, es casi imposible que reconozcamos que nos hemos equivocado. Nos encontramos más cómodos si nos convencemos de que hemos elegido lo óptimo. Mejor dicho, nos sentimos muy mal cuando mantenemos simultáneamente dos pensamientos contradictorios. Necesitamos resolver la disonancia para equilibrarnos. Fíjense si no de lo que ha sido capaz el máximo dirigente de la Sanidad de la Comunidad de Madrid, llegando incluso a criminalizar a la trabajadora infectada por el virus del ébola, con tal de no asumir cualquier responsabilidad al respecto y admitir entonces sus errores.

Pero no todo el mundo resuelve igual estos aspectos, Michael Corleone resolvía con un estilo muy definido las frecuentes disonancias que le generaba el asumir ser El Padrino de Coppola sin haberle interesado los negocios familiares y, sin embargo, el Hamlet de Shakespeare desplegaba una mayor carga reflexiva en su famoso soliloquio que recoge una de las más famosas y bellas citas de la literatura universal.

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Bombones e impuestos

Se suele decir que comer un bombón es como las bajadas de impuestos: dulces en el momento de comerlos pero amargos en sus efectos a largo plazo. Recientemente, una mayoría política en el Parlamento de Navarra ha rechazado determinadas medidas fiscales que UPN, con el apoyo del PP, planteaba. Se trataba básicamente de bajar presión fiscal a través de dos impuestos personales (IRPF y Patrimonio) y en el que grava los beneficios a las empresas (Sociedades). El argumento esgrimido para realizar estas propuestas fiscales era que, dado que la economía navarra presenta síntomas de mejora, no hacía falta continuar con el actual nivel de presión fiscal. Hay que recordar que hace dos años, el anterior Gobierno de UPN y PSN, aumentó la carga impositiva en Navarra dado que la crisis exigía una mayor solidaridad fiscal.

Por tanto, la propuesta fiscal rechazada se basaba, sin entrar en intenciones electorales, en un análisis optimista de nuestra economía. Cierto es que hay algunos datos favorables en nuestra economía, pero no en nuestra sociedad. La larga crisis económica ha abierto una importante brecha social. Los Informes de Cáritas son ilustrativos. En estos momentos, la protección social, a través de las políticas públicas, es más necesaria que nunca. Por otra parte, la situación de nuestra Hacienda Foral es delicada. El conflicto sobre el IVA de Volkswagen genera una importante incertidumbre sobre el futuro de nuestras cuentas públicas. Unas cuentas que arrastran una Deuda Pública que supera los 3.500 millones de euros. Recientemente, el Presidente de la Cámara de Comptos ha advertido de la difícil situación en que nos encontramos. Así pues, nuestra Hacienda no está para relajar la presión fiscal. Baste preguntar a los Técnicos de Hacienda. Incluso, si me apuran, diré que la Consejera de Hacienda puede haber pensado que no hay mal que por bien no venga.

El think tank Civismo expresó que de no llevar a cabo la reforma de IRPF, los navarros pagarán por IRPF entre 73 y 350 euros más que el resto de los españoles, dependiendo de su condición. Dando por buenas estas cifras, los navarros pagaremos más, pero también tenemos mejores servicios. Baste hacer una comparación con nuestra Sanidad. Navarra es la Comunidad española con mejores servicios sanitarios, según el Informe elaborado por la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública y que el Gobierno de Navarra divulgó mediante sus servicios de prensa. Recientemente, se ha conocido un Informe de la OCDE sobre el bienestar en las regiones de 34 países. En él, se analizaba entre otros factores, la educación, la salud y el acceso a los servicios. Pues bien, Navarra se encontraba como la segunda región española que mejores niveles tenía. Así pues, más impuestos pero mejores servicios, para nosotros y para nuestros hijos.

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Así valora la Administración los méritos del docente

Cada vez que me dispongo a leer el borrador del concurso de traslados lo hago como quien se dispone a ver una película de terror con la mano en la cara, entreabiertos los dedos, pensando que así la impresión, que intuye sobrecogedora, será menor, pero seguro de que va a llevarse un mal rato.

Casi dos 'legislaturas' después del nacimiento de APS (Asociación de Profesores de Secundaria de Navarra), uno sabe bien lo difícil que es no ya cambiar las cosas sino incluso moverlas un poco de su sitio, matizarlas, introducirles un mínimo de sensatez. Pese a todo, no queda otra que perseverar. Ya lo dijo Atticus Finch en 'Matar a un ruiseñor': "El hecho de que hayamos perdido cien veces antes de empezar no es motivo para que no intentemos vencer". Así, los obstáculos no deben ser una excusa para dejar de denunciar todos los abusos, disparates e irregularidades que surjan en este oficio nuestro tan vilipendiado. La defensa de un baremo justo, que premie al buen profesional de la enseñanza, es un objetivo irrenunciable para cualquiera que crea que la educación es un servicio público indispensable.

La farragosa normativa es la primera piedra que debemos sortear, el primer intento disuasorio. Analizada con paciencia y detenimiento, comprobamos que determinados aspectos vienen fijados por un Real Decreto (normativa de ámbito estatal) que no permite su alteración. Solo una posible y no tan lejana representación sindical nacional de profesores de Secundaria abriría la puerta a una posible reforma en profundidad de los baremos (este es el objetivo de la Federación SPES, constituida por asociaciones sindicales de profesores de instituto de Andalucía, Aragón, Castilla y León, Cataluña y Navarra, con las recientes creaciones de SPES/Comunidad Valenciana, SPES/Región de Murcia y SPES/Comunidad de Madrid y probables nuevas e inminentes incorporaciones). Pero este Real Decreto marca unas directrices generales y deja un margen no pequeño a cada comunidad autónoma para su concreción.

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Entender y ejercer el autogobierno

Navarra vive momentos difíciles tanto en lo económico como en lo social y lo político. Eso es obvio porque lo estamos notando todos, de un modo u otro. Me centraré en estas líneas en la parte institucional porque la actualidad me lleva a hacer estas reflexiones.

Estas últimas semanas asistimos atónitos al conflicto en torno al IVA de Volkswagen. Que puede tener gravísimas consecuencias económicas para Navarra, desde luego, pero que también demuestra la falta de respeto del PP hacia esta comunidad y su Convenio, y la posición nada contundente de UPN para defender que Navarra cumple y que si alguien quiere que nuestro sistema quiebre habrá que ponerse muy serios institucionalmente. Porque el autogobierno está recogido en las leyes, lo amparan la Constitución y el Amejoramiento, y, por tanto, ni es un invento de los navarros, ni es un privilegio.

Son muy preocupantes las posiciones centralistas y uniformistas del Partido Popular, de las que podemos traer a colación más ejemplos. Como el episodio ocurrido en la Asamblea de Madrid, donde, a través de los votos del PP, se consideró que el Régimen Foral de Navarra debería desaparecer por ser un privilegio. El PP, a través de una institución democrática, propuso medidas políticas que van en contra de la ordenación territorial expresada en la Constitución Española. En ese marco de pensamiento popular no es de extrañar que, a día de hoy, el señor Montoro siga insistiendo en que Navarra tiene una deuda con el Estado. El PP no cree en Navarra como Comunidad Foral. Su concepto es el de una España uniforme y homogénea.

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