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¿Es eficaz y justo que tus ahorros te sobrevivan?

En estos momentos donde avanza, de manera importante, la desigualdad social, es preciso reconsiderar el valor social de la herencia.

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Personas mayores, en una residencia.

La mutabilidad de la sociedad es quizás el factor más atractivo con el que cuenta el oficio del sociólogo. Intentar atrapar las nuevas tendencias sociales tiene mucho de aventura exploradora. Hace unos meses, asistí complacido a un seminario sobre cambios demográficos y respuestas públicas. Lo organizaba el Gobierno de Navarra dentro del proceso de participación de la Estrategia de Envejecimiento Activo promovida por el Consejo Interdepartamental de Salud. De mucho interés. La principal conclusión es que ha aparecido, para quedarse, un nuevo actor social. El de las personas mayores, con un peso demográfico creciente que dispone de un importante tiempo libre y abre nuevas relaciones sociales.

Entre otras, me quedé con una reflexión de un ponente: “Que tus ahorros te sobrevivan no es muy eficiente porque el titular no disfruta de su esfuerzo”. Aunque claro, nunca sabe uno cuando va a morir por lo que des-acumular precipitadamente puede llevar a algún riesgo. Aquí se abre un debate de mucho interés que nos sitúa en la necesidad de reflexionar sobre la herencia como hecho cultural. En estos momentos donde avanza, de manera importante, la desigualdad social, es preciso reconsiderar el valor social de la herencia. La herencia es un hecho social y como tal, ha cambiado con los tiempos y culturas. Algunos autores como Piketty nos advierten de que para evitar que la fuerza del pasado condicione el presente se hace preciso disminuir la importancia de la herencia, limitarla.

La comunidades autónomas compiten descabelladamente por ver quién desfiscaliza más el Impuesto de Sucesiones. A ello se le une que las rentas de capital cada día se mueven libremente sin apenas impuestos.

Con ello, se realzará la elección del esfuerzo y el mérito individual de cada persona, más allá de la familia donde haya nacido. Recientemente, se ha publicado un estudio que advierte de que más de la mitad de los multimillonarios europeos heredaron sus fortunas, en comparación con un tercio en los Estados Unidos.

A esto se le une otro hecho a tener en cuenta. Nuestro modelo de Estado de Bienestar Social, todavía vigente, se basa en la solidaridad. Desde este principio de solidaridad se despliegan muchas políticas públicas que se hacen notar sobre todo cuando envejeces. Tales como el sistema de pensiones, el sistema de Dependencia o la Sanidad. En esta tesitura, tiene lógica que la persona una vez fallecida devuelva parte de esa solidaridad pública que ha recibido en vida. Para ello, es preciso reactivar un impuesto de sucesiones suficientemente progresivo y efectivo. Sin embargo, las cosas no van por ahí. La comunidades autónomas compiten descabelladamente por ver quién desfiscaliza más el Impuesto de Sucesiones. A ello se le une que las rentas de capital cada día se mueven libremente sin apenas impuestos.

Los tiempos están cambiando a base de bien. La robotización, la globalización, la tecnología, la longevidad son hitos que han dado la vuelta a nuestra sociedad. El sistema financiero es inteligente y sumamente adaptativo. Aprende rápido. Por ejemplo, ante el incremento de longevidad, propone hipotecas inversas; rentas vitalicias, seguros de todo tipo...Son productos que se basan en asegurar una renta en vida a cambio del patrimonio una vez fallecido. Sin embargo, las políticas públicas, y los sistemas fiscales que las nutren, son más lentas en adaptarse a la nueva sociedad. En las políticas públicas prevalece la norma y el reglamento frente a la adaptación y flexibilidad. La inercia frente a la innovación. Si la tendencia de nuestra sociedad es hacia la longevidad y la liberación del tiempo de trabajo, aprovechémoslo. Hagamos los cambios normativos necesarios. Fomentemos otras políticas públicas, innovemos, para que el progreso técnico no se perciba como riesgo. Vivir más y mejor no puede ser percibido como un mal social.

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