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Mobile, qual piuma al vento

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Stalin no era una enamorado de la democracia precisamente. De tal manera, que para desprestigiar los procesos electorales comentaba que éstos eran muy volubles. Se cuenta que decía: “La democracia depende del estado de ánimo con el que la persona se levante ese día a votar”. El 26 de junio tendremos ocasión de comprobar cuánto la opinión ciudadana ha cambiado en estos seis meses. Veremos si las personas que votaron en diciembre lo siguen haciendo del mismo modo en junio. De hecho, un reciente CIS nos decía que 8 de cada 10 electores repetiría su sentido de voto.

Pero claro, como diría el bueno de Heráclito nadie puede bañarse dos veces en el mismo río. El agua fluye constantemente. De tal modo, que a pesar de la repetición, las elecciones no serán las mismas. De momento, es presumible que muchas personas dejen de participar en este proceso. En diciembre, la participación electoral fue una de las más altas de las producidas. En Navarra, participó más del 74% del cuerpo electoral y en España, el 73%. Se entendían que eran unas elecciones novedosas, de mucho interés. Incluso que transformarían un sistema político que era impugnado por una parte de la sociedad. Así pues, una de las claves, quizás la mayor, de este proceso electoral será qué traducción, qué sentido político, tiene una mayor abstención. En teoría, la abstención afecta más al voto urbano que al rural; afecta más a la izquierda que a la derecha; más a los jóvenes que a las personas de edad. En fin, veremos.

Para conjugar pluralidad con gobernabilidad es preciso acordar. Muchas veces, los electores exigen a sus partidos que no acuerden con el otro. “Si apoyas a tal, no te voto más” les dicen sus bases a los partidos. Sin embargo, el resultado final exige de ello. El empate infinito conduce a la nada.

Por otro lado, en las elecciones pasadas dos partidos políticos emergían con fuerza, de forma novedosa. Esos dos partidos no han caducado pero ya no son nuevos. Es más, Podemos busca coaligarse con un partido clásico como el PCE-IU. Por otra parte, probablemente las papeletas que tendrán los electores serán distintas. Se presume una agregación entre Podemos e IU. En Navarra, todavía desconocemos cómo irán Geroa y Bildu y parece que la coalición cuatripartita al senado se rompe.

Pero la madre del cordero, estará en comprobar si en estos seis meses el escenario resultante de volver a preguntar a la ciudadanía cambia respecto al anterior. En mi opinión, no lo hará. En el terreno de la gobernabilidad, tendremos el mismo escenario que se produjo el 21 de diciembre. Cierto es que unas opciones subirán, otras bajarán. Es más, a algunos parece que sólo les interesa la 'pole position'. Pero seguirán haciendo falta acuerdos entre diversos. Habrá que sumar voluntades diferentes que miren a un mismo horizonte. Porque si algo dejó claro la voluntad popular el 20 de diciembre es que apostaba por un sistema político nuevo, más plural.

Para conjugar pluralidad con gobernabilidad es preciso acordar. Muchas veces, los electores exigen a sus partidos que no acuerden con el otro. “Si apoyas a tal, no te voto más” les dicen sus bases a los partidos. Sin embargo, el resultado final exige de ello. El empate infinito conduce a la nada. De este modo, a mismas preguntas, mismas respuestas. Nos preguntaron qué sistema político queríamos, les dijimos que uno más plural. Nos lo van a volver a preguntar, les vamos a decir lo mismo. Ahora, en mi modesta opinión, lo que la ciudadanía debiera hacer es forzar a las opciones políticas a que muestren una mayor voluntad por acordar; por salir de sus trincheras. Es decir, que maduren.

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