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Más promesas y menos realidades

No considero que el proteccionismo sea la panacea, pero el  proceso de globalización  aplicado ha sido nocivo. Un mercado libre para capitales,  no para las personas y sus derechos.

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EFE

En cierta ocasión, un candidato comenzó su mitin dando cuenta de las múltiples cosas que había realizado en su  mandato. Sin embargo, no provocaba entusiasmo en el público. Un espontáneo intentando ayudarle le recomendó: Más promesas y menos realidades.

En estos tiempos políticos se está imponiendo con fuerza un discurso falsario que huye de la realidad hacia la ensoñación. Es lo que definimos como populismo; un pensamiento que propone soluciones sencillas a problemas complejos y que siempre encuentra al culpable en el otro.  Ya sabe que el mejor amigo del hombre no es el perro, sino el chivo (expiatorio).

Este pensamiento tiene una alta  fuerza comunicativa. Por la sencillez de su lógica, todo es blanco o negro. Por el poco esfuerzo que exige escrutar lo que se dice dado su lenguaje coloquial. Y porque te exime de responsabilidad. Esa  fuerza comunicativa prende con facilidad cuando son muchas las personas frustradas en sus expectativas. El modelo social que alumbramos en los años 60 del siglo pasado se ha quebrado y está siendo sustituido por otro sin consenso social. La brecha social se agranda. El sociólogo David Harvey ha llegado afirmar que en esta ocasión la lucha de clases la han empezado los poderosos.

Algo tiene que ver  el proceso de globalización aplicado en ese empeoramiento social. Por ello, el populismo se presenta crítico contra la globalización. El discurso de Theresa May, primera ministra de Gran Bretaña,  tras el Bréxit fue claro: más proteccionismo para salvaguardar a las clases populares. Idéntico al de Trump o Le Pen.

En estos tiempos políticos se está imponiendo con fuerza un discurso falsario que huye de la realidad hacia la ensoñación. Es lo que definimos como populismo

No considero que el proteccionismo sea la panacea, pero el  proceso de globalización  aplicado ha sido nocivo. Un proceso eminentemente económico donde las clausulas sociales en los intercambios comerciales se desvanecen bajo el manto argumental de la libertad de mercado. Un mercado libre para capitales,  no para las personas y sus derechos. Ello provoca que sean muchos “los perdedores de la globalización”. La Internacional Liberal de la Globalización está siendo sustituida por la Internacional Autoritaria del Proteccionismo. Mientras la Cooperación Internacional entra en crisis: tal como vemos con la Unión Europea, los Compromisos de Kioto o las clausulas sociales de la Organización Mundial del Comercio.

La globalización no sólo conlleva que haya perdedores también provoca desorientación  cultural. Vivir en la tribu nos proporciona sensación de seguridad y predictibilidad. La uniformización cultural rompe identidades culturales tradicionales que se resisten a desaparecer y en muchos sitios rebrotan.

Pero claro, todo lo anterior es análisis; queda pendiente la respuesta de cómo se combate el populismo. Recientemente, Habermas  nos recomendaba no esperar a los desastres que pueda provocar el populismo y expresaba la necesidad de apostar por la polarización política para  enfrentarse a esas posiciones. Asimismo consideraba que hay que seguir el camino de la incrustación de una cooperación internacional democráticamente legitimada.

Comparto la idea; hay que enfrentarse dialécticamente al populismo y debemos reforzar la cooperación internacional. Pero también merece hacer un repaso a la Historia. En esa mirada retrospectiva podemos apreciar procesos que han permitido avanzar a la sociedad frente a etapas obscuras basadas en el miedo y en el enclaustramiento. Períodos históricos tales  como el Renacimiento, la Ilustración, la Modernización o el Estado de Bienestar. Todos ellos han tenido elementos en común que debemos fomentar. Liderazgo de colectivos de personas librepensadores que planteaban retos de innovación social; creencia colectiva en el progreso y búsqueda inequívoca de la igualdad. Quizás siendo realistas avancemos en la utopía.

 

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