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Una breve disquisición sobre los inicios del cómic


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The yellow kid loses some of his yellow

The yellow kid loses some of his yellow

Pocas veces se puede afirmar contundentemente que una de las bellas artes nació un día en concreto, porque….veamos, ¿qué día nació la pintura? ¿Y la escultura? ¿O incluso el cine?…normalmente se tienen que conjugar muchos factores para poder afirmar que un arte ha nacido como tal. Sin embargo, si que podemos asegurarlo respecto al llamado 9º arte. Si, amigos, el cómic nació exactamente el día 16 de febrero de 1896. Aquel glorioso día un simpático loro exclamaba desde las páginas del dominical del New York World: “sic em towser!” naciendo así unos de los más populares medios de expresión del siglo XX  y por supuesto, del XXI. Porque…. ¿quién no ha leído un tebeo alguna vez en su vida? ¿Quién no conoce personajes ya míticos en la cultura popular como Superman o Tintín?

Comprendo que ustedes, tremendos conocedores del medio, me refutarán tan arriesgada afirmación. Me parece estar oyendo ya sus vocecillas de 'hipsters' resabidillos recordándome a Töpffer o a Bush por ejemplo, quienes ya utilizaban las técnicas del arte secuencial unas décadas antes; bien, pues dejen que me explique.

El arte secuencial, o la narrativa gráfica o el cómic o las historietas, o como diablos quieran llamarlo ya existía desde el principio de los tiempos. Los relatos hechos con series de dibujos se remontan a la antigüedad, ya en Egipto las pinturas murales servían para relatar las hazañas de sus faraones, los relieves romanos ensalzaban a sus héroes, en la Edad Media se pintaban frescos para explicar pasajes bíblicos, etc. Todos estos ejemplos  bien pueden entrar en la definición de lo que conocemos como cómic. En fin, que “monitos” (como se les conoce en Méjico) o “muñequitos (Cuba) o tebeos, han existido siempre, aunque de un modo muy arcaico y primitivo. No fue hasta la llegada de su adorado Rodolphe Töpffer que comenzaron a tomar la forma definitiva como los conocemos ahora.

El arte secuencial, o la narrativa gráfica o el comic o las historietas, o como diablos quieran llamarlo ya existía desde el principio de los tiempos. Los relatos hechos con series de dibujos se remontan a la antigüedad, ya en Egipto las pinturas murales servían para relatar las hazañas de sus faraones


 

Töpffer (Ginebra 1799-1846) fue profesor, escritor, pintor y caricaturista, y si, también hoy está considerado como el padre de la historieta moderna. En 1827, con cierto afán pedagógico, creó para sus alumnos un album titulado “Les amours de monsieur Vieux-Bois”. Quedó tan contento con la experiencia,  que dos años después le seguiría “Voyages et aventures du Dr. Festus”, alabado incluso por el mismo Goethe, quien le aconsejó su publicación. (Cosa que hizo naturalmente bajo seudónimo, pues no quería que su carrera como escritor se viera empañada por su trabajo como historietista). Así editó “Histoire de monsieur Cryptogramme” (1830), “Histoire de monsieur Jabot” (1831), etc .Tal fue el éxito de sus dibujos, que pronto su obra sería traducida y editada en otros países (de forma pirata, pues entonces aún no funcionaba la SGAE) donde se repitió el éxito que había tenido en su país. Al final de su vida, comprendiendo por fin la importancia de estas creaciones, escribió dos tratados donde terminaba defendiendo la narrativa que había inventado, por la cual se le recuerda hoy en día. Sin embargo, las historietas de Töpffer, no pasan de ser unas caricaturas satíricas influenciadas por Hogarth y por Rousseau, donde los textos se incluyen bajo las viñetas, en una celdilla explicatoria. Tras Töpffer, el alemán Wilfred Bush (1832-1908) o el francés Christophe (1856-1945) produjeron historietas gráficas narradas con dibujos, pero siempre colocando los diálogos bajo la viñeta, en esos pequeños bloques, que no facilitaban en absoluto la lectura de sus historias. Había autentica necesidad de avanzar en el lenguaje de los cómics.

Y por fin (sí, amigos, ya vamos llegando) ocurrió. Siguiendo los pasos de estos caricaturistas satíricos, el estadounidense Richard Felton Outcault (1863-1928) había publicado una serie de viñetas políticas en la revista “Truth” durante el período de 1894 al 95, con tanto éxito, que el periódico que editaba Joseph Pulitzer por aquella época, el New York World, se interesó por su trabajo y comenzó a publicar sus enormes viñetas en su revista dominical World Funny side el 17 de febrero de 1895, ganando enseguida una gran popularidad entre sus lectores, por lo que a partir del 5 de mayo de ese mismo año comenzó a publicarse en color. La serie se titulaba 'At the circus in Hogan´s Alley' y en ella Outcault presentaba una serie de personajes típicos de los bajos fondos neoyorkinos, pobres, hambrientos y desarrapados- De entre ellos, pronto destacó uno, un muchacho llamado Mickey Dugan, medio irlandés medio chino, quien vestido únicamente con un enorme camisón amarillo (en sus comienzos azul) se convirtió enseguida en el favorito del publico pasando a ser conocido únicamente como “The yellow kid”. La peculiaridad de este chico amarillo era que sus reflexiones se veían escritas en su holgado camisón (adelantándose así también a los mensajes que ahora lucen todos uds. En sus 'T-shirts') frases impertinentes y audaces que iban cambiando de una viñeta a otra. Outcault estaba a un paso de dar con la piedra angular de este arte: el globo o bocadillo, a partir de ahora 'balloon' (porque reconozcan que sus acepciones castellanas suenan fatal).

Así, solo era cuestión de tiempo que cualquiera de los personajes de Hogan´s Alley se pusiera a hablar espontáneamente y eso es precisamente lo que sucedió con el loro del que les hablaba al principio cuando exclamó aquel mítico 16 de febrero su famosa frase. Había nacido el cómic tal y como lo conocemos ahora.

Tampoco crean que a partir de entonces todo fue miel sobre hojuelas, la idea del 'balloon' no le pareció demasiado buena a su creador y apenas volvió a usarla ocasionalmente, parece ser que le hacía más gracia seguir escribiendo sus ocurrencias sobre el camisón del 'yellow kid', sin embargo el germen ya estaba inoculado y si a su creador solo le parecía una anécdota…  siempre hay alguien con más visión que se da cuenta de las posibilidades del invento, y ahí estaba (no se lo creerán) William Randolph Hearst (sí, sí, el mismo excéntrico multimillonario retratado tan cruelmente como el 'Ciudadano Kane' de Orson Welles).

Así, Hearst, ni corto ni perezoso, contrató para su periódico (el N.Y. Journal)  a toda la plantilla al completo del World Funny Side de Pulitzer, para lanzar un suplemento dominical llamado American Humorist. Naturalmente, el disgusto de Pulitzer fue morrocotudo, y acabaron en los tribunales, quienes dictaminaron que la serie Hogan´s Alley pertenecía a su periódico, pero los personajes (incluyendo al dentudo amarillo) pertenecían a su autor. Esta sentencia provocó que el personaje apareciese a la vez en los dos dominicales, pues Pulitzer contrató a George Lusk para continuar el trabajo de Outcault. Toda esta guerra entre editores por el personaje, dio nombre a lo que hoy conocemos como prensa amarilla.

Así, Outcault cambió el título de la serie por 'Mcfadden´s Row Of Flats' (incluso más tarde por 'Around the world with the yellow kid') y, convencido por Hearst, comenzó a dibujar al personaje en una serie de viñetas secuenciadas, no en una enorme y única como hasta entonces, incluyendo los 'balloons' de diálogo dentro de las mismas.

Durante los dos siguientes años, 'the yellow kid' se convirtió en el personaje más popular de la prensa neoyorkina, apareciendo en todas las portadas del dominical de Hearst  (y del de Pulitzer, claro). El final de la serie es bastante anecdótico, Hearst sabía de sobra que la mejor manera de vender periódicos era (igual que hoy) una buena guerra, así que influyó todo lo posible para conseguirla, manipulando a la opinión pública (igual que hoy) para que odiasen a un pequeño reino europeo que, para Hearst era  el eje del mal (¿les suena?), así Hearst convenció a sus lectores de que ese pequeño reino representaba una terrible amenaza para la seguridad de los EE.UU. y consiguió su pequeña guerra. Por desgracia, la primera victima colateral de este conflicto fue el propio 'yellow kid', pues el color amarillo que le caracterizaba recordaba bastante a la bandera del enemigo, y los lectores comenzaron a desconfiar de este personaje. Asi, en 1898 el 'yellow kid' pasó a la historia (o a la historieta como prefieran) y fue cancelado de la noche a la mañana. Outcault siguió dibujando otras series (con bastante menor éxito) como Búster Brown y por fin, en 1920 se retiró a Flushing N.Y. donde moriría ocho años después sin ser consciente del todo de que había inventado un nuevo lenguaje que revolucionaría el arte popular. (Por si no lo he mencionado antes, ese pequeño reino que fue pateado por los bravos 'marines'  fue, ya se lo habrán imaginado, España).

* Iñigo Yarza es dibujante de cómics.

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