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Leer para vivir

Libros

No leas, como hacen los niños, para divertirte, o como los ambiciosos, para instruirte. No, lee para vivir Gustave Flaubert

A finales del año 2016 se presentó el informe La lectura en España 2017 , memoria coordinada por José Antonio Millán para la Federación de Gremios de Editores de España. En la introducción el coordinador comenta que ‘… este metalibro a quince manos quiere tomar parte activa en el debate sobre qué es leer, y por qué juzgamos conveniente que la gente lea.’ Este dosier destaca que, según el barómetro publicado por el CIS en junio de 2016 (pregunta 30), casi el 40% los españoles declara no haber leído ningún libro en 2015. Además, el informe comenta que, a pesar de haber aumentado el número de bibliotecas en el estado español, el número de préstamos se ha reducido. Por todo ello, los editores proponen que es necesario dar un nuevo impulso al Plan de Fomento de la Lecturapor parte del Gobierno de España.

La lectura es, sin duda, una fuente de placer y de transmisión del conocimiento. A través de ella, de una lectura sosegada y reflexiva, podemos convertirnos en personas más críticas, menos manejables, más sabias. Pero a leer se aprende leyendo, y por ello creo que los resultados extraídos de la encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológica (CIS) son realmente dramáticos.

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Venezuela, con respeto y solidaridad

En la práctica totalidad del universo político y comunicativo vasco y español defender hoy al gobierno venezolano y los progresos habidos respecto a las condiciones de vida que el proceso de transformaciones ha supuesto en ese país para las grandes mayorías populares, puede abocar directamente al linchamiento. Ver supuestos debates en determinados canales televisivos o tertulias radiofónicas, así como escuchar declaraciones de la clase política tradicional es como oír un discurso monotemático que no se sale ni un ápice de la supuesta verdad: Venezuela es un régimen dictatorial y la oposición solo lucha por la democracia perdida.

Aunque para ser justos, más que el linchamiento de quien disienta de ese discurso dominante, lo que prima hoy en día en esta democracia ibérica es la invisibilización absoluta, no vaya a ser que dar cabida a alguna duda razonable pueda abrir resquicios en el muro político y mediático construido en estos años. El fin, evidentemente, ahogar la más mínima objetividad sobre lo que está ocurriendo en ese país latinoamericano. Sin duda, cualquier observador independiente podrá apreciar el sustrato de tics coloniales que todavía subsisten y que la vieja “madre patria” periódicamente saca a la luz con su íntimo convencimiento de alumbrar el camino de todo un continente atrasado y no civilizado, como si todo se hubiera quedado parado en el siglo XVI o XVII.

En esta misma línea, una hipotética defensa del sistema venezolano se equipara automáticamente, y se descalifica y anula, mediante el recurso fácil de la comparación con otros regímenes ya condenados, cuando no con los mismísimos infiernos. Romper, o simplemente cuestionar el discurso monolítico de ataque ciego a Venezuela es como ponerse del lado del régimen norcoreano, del Irán de los ayatolás o de la última fase del régimen de Sadam Hussein, cuando éste dejó de ser útil a los intereses de las potencias occidentales que tanto le cuidaron y animaron en los años de su enfrentamiento con Irán.

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El PP y su indignación antiterrorista

A juzgar por las lindezas dedicadas a la alcaldesa de Madrid, tal vez haya que recordar que Manuela Carmena no asesinó a Miguel Ángel Blanco. Y costaría algún esfuerzo convencer de ello a quienes han confundido estos días la crítica, siempre legítima, con el linchamiento verbal, que ya no lo es tanto. Máxime, cuando los insultos públicos dedicados a la alcaldesa, por la omisión de una pancarta o una fotografía del homenajeado, contrastan ostensiblemente con el silencio sepulcral con que se ha acogido la ausencia de Aznar y Mayor Oreja de los actos en memoria del concejal de Ermua asesinado por ETA hace veinte años.

¡Son cosas que ocurren en nuestra piel de toro! Fue Carmena la que recibió abucheos por estar presente en esos homenajes, en los que no estuvieron ni el que era presidente del Gobierno de España, ni su ministro del Interior, cuando ocurrieron esos hechos atroces. Y, al no estar, no pudieron ser increpados; aunque tampoco su ausencia fue objeto de reprensión posterior por parte de quienes, con la razón de España por delante, conocen la única forma correcta de honrar a los muertos; y, en consecuencia, saben perfectamente a quién y por qué hay que leerle la cartilla.

Al Partido Socialista, por ejemplo, otro de los acusados de mantener con las víctimas posturas “indignas” y “miserables”, como en tiempos se le acusó de vender España a los terroristas. Una verdad plenamente acreditada con la mayor tropelía que ha podido cometer este partido cuando gobernaba: hacer posible que ETA acabara renunciando a su actividad criminal. Pero seguramente aquello tenía truco y no fue lo que parecía: que ETA había sido derrotada. ¡Qué va! Gracias a la vigilancia de los que nunca han claudicado, se ha descubierto ahora que la banda terrorista, desde la cárcel, sigue mandando mucho. Y, por otra parte, ¿cómo se le ocurrió al Partido Socialista acabar con ETA sin pedir permiso al Partido Popular, que es el que de verdad, con toda su firmeza, sabe hacer estas cosas, no aptas para aficionados?

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El batiburrillo catalán

No es nada fácil aplicar un rigor “académico al asunto catalán, pero el sentido común resulta suficiente para deducir que el proceso se les ha ido de las manos a los catalanes de todas las condiciones. Se les ha ido a los que mandan en la autonomía y se les ha ido a quienes son mandados. Bien poco se puede decir de estos últimos a los que las consignas, verdaderas o falsas, les han enrollado sin pararse a pensar que las vidas de los ciudadanos de a pie son suficientemente complicadas como para que se distraigan en reivindicaciones anecdóticas.

Pero se puede decir mucho, y muy diverso, de quienes han gobernado Cataluña hasta traerla al laberinto legal, político, económico y social en que está metida. Los catalanes y las catalanas siguen madrugando para acudir a sus trabajos (los que aún le conservan), hacen sus compras en los grandes almacenes que responden a grandes cadenas comerciales o multinacionales, se divierten en los bares y demás lugares de recreo de sus pueblos y ciudades, y pasean por las ramblas y jardines aprovechando las sombras cuando el sol golpea las testuces en exceso. Es decir, hacen lo mismo que cualquier otro español.

Mientras esto acontece, la clase política catalana permanece embarullada en un bucle absurdo. El entramado de partidos de ámbito exclusivamente catalán se ha deshecho para dejar paso a formaciones políticas inexpertas y, sobre todo, desideologizadas, a las que solo les ocupa, -o mejor, les obsesiona-, la constitución de un Estado catalán: la independencia.

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17 y medio

Playas de Cádiz

Hablemos de coyuntura. Estamos a mediados del ejercicio y es hora de hacer balance. Parece, y así coinciden todos los analistas, que la economía española va bien. Otros pueden sospechar –con motivos más que justificados-  que economistas y gobierno nos están escondiendo, como buenos tahúres, las cartas. Veamos.

La economía española creció en el primer trimestre del año a una tasa del 0,8 % y en el segundo trimestre – a expensas que lo confirme la Contabilidad Nacional Trimestral del INE-  al 0,9 %. La tasa de crecimiento anual se encuentra en el entorno del 3 %, por encima de las previsiones iniciales del gobierno y de todos los pronósticos de los gabinetes de análisis de la OCDE, el FMI, la UE o el propio Banco de España. Este crecimiento de la economía se puede analizar desde dos ópticas diferentes. Desde el lado de la demanda y de la oferta.

Desde la perspectiva de la demanda, el consumo y la inversión – la demanda nacional- aportan 2,2 puntos porcentuales al crecimiento del PIB y la demanda exterior aporta 0,8 p.p.  Este crecimiento tiene su origen en el incremento –ahora algo ralentizado- del consumo de los hogares (bajos tipos de interés, crecimiento del empleo y recuperación del consumo aplazado durante la crisis) y del consumo público, pero también de la inversión en equipos y maquinaria de las empresas. Los negocios empresariales marchan bien.

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El nuevo imperialismo de las élites económicas

Silicon Valley

Hace unos años, y de forma paralela a la crisis que sufrieron los planteamientos más tradicionales de la izquierda clásica tras la desaparición del llamado bloque soviético, el término imperialismo cayó en desuso hasta su casi desaparición del lenguaje político y quedó relegado a los libros de historia. No era moderno hablar de imperialismo, como casi tampoco lo era declararse de izquierdas y sí, a lo sumo, progresista. Sin embargo, el mundo sigue dando vueltas y el afianzamiento del neoliberalismo y de sus consecuencias más duras, traducidas en el dominio de los mercados y de las élites económicas sobre la vida de los estados y pueblos, vuelve a poner sobre la mesa este término.

Así, ajustándose a las nuevas realidades político-ideológicas que hoy vivimos, se hace necesaria una revisión y actualización del término y de su significado. Interesa en este sentido un enfoque que hable del nuevo imperialismo basado principalmente en el desplazamiento de la acumulación del poder desde las manos de las clases políticas tradicionales y de los estados-nación hacia las élites económicas. Pero, hasta llegar a ello, y para entenderlo mejor, exploremos algunos elementos fundamentales del imperialismo clásico.

Hanna Arendt observó hace ya un tiempo que la acumulación sin fin de propiedad requería a su vez de una acumulación sin fin de poder. Es decir, cuanta más riqueza se tiene, más poder se necesita para su protección y ampliación. La historia ha demostrado que los diferentes imperialismos habidos cumplían en gran medida esta regla, entendiendo además que la acumulación de poder tenía la necesidad a su vez del aumento de la expansión y control territorial. Tendremos así los tres elementos esenciales en el desarrollo imperialista, a saber: capital, poder y territorios. De esta forma, el término imperialismo será aplicado a la teoría y práctica política que promueve el dominio de pueblos y países a través del empleo de la fuerza, ya sea ésta económica, militar, política o, en la mayoría de las ocasiones, del uso de las tres.

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Pero, ¿qué tipo de Escuela Pública defiende la Consejera Uriarte?

Hace un par de años me hacía una pregunta similar en otro artículo [“¿Existe escuela pública para el Departamento de Educación?”. El Correo], al hilo de dos lecturas que hablaban de los peligros de la implantación de la ideología conservadora en el mundo educativo. Los dos autores leídos (Owen Jones y Jurjo Torres, desde distintos ángulos) insistían en la amplia gama de recursos utilizados por el capitalismo voraz, una vez oteada una presa tan atractiva -y, hasta cierto punto, virgen- como la educación pública mundial.

La estrategia no por simple resulta menos efectiva. Primero, se trata de generar desprestigio sobre lo público (falta de rendimiento según estándares privados, baja calidad de servicio a la ciudadanía, mezcla de sexos y categorías sociales, escaso interés por la excelencia educativa… Ineficacia en suma, si se atiende exclusivamente a parámetros privados). Después, un paso más sibilino: ofrecer determinadas soluciones a los grandes problemas del sector educativo, siempre desde la oferta privada: idearios de centro -para acabar con la anarquía ideológica reinante-, selección de las familias -para obtener el alumnado deseado-, tecnificación puntera de infraestructura y materiales escolares -para mostrar distancia con la otra escuela-. Educar para el siglo XXI, dicen, cuando lo que pretenden en demasiadas ocasiones es tan solo mantener el prestigio de centros rancios, cuya maquillaje no consigue eliminar el fuerte olor a naftalina.

Me preocupaba entonces la sensación de escasa contención que la Consejería de Educación vasca estaba realizando ante la ofensiva privatizadora de esta realidad mundial. Mi temor nacía de algunas situaciones descritas, en las que las decisiones adoptadas por la administración vasca, generaban dudas sobre su apoyo a la red pública.

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¿Subir los sueldos?

La ministra de Empleo, Fátima Báñez, -de la cual recuerdo cómo dirigía las votaciones de los diputados del PP en el Congreso, levantando su mano con uno, dos o tres dedos estirados según fuera el sentido que deberían dar a sus votos-, ha avisado a los empresarios que “la mejora del empleo tiene que ir acompañada de una ganancia del poder adquisitivo de los trabajadores”, es decir, que hay que subir los sueldo de los obreros. A mí este modo de obrar me parece demencial. Que una ministra se atreva a abrir la veda del incremento de los salarios de esta manera me da a entender que fue igualmente ella, y el Gobierno al que pertenece, el que mantuvo los salarios congelados provocando un “frío” helador en los trabajadores durante demasiado tiempo.

Y si ha sido principalmente el Gobierno el que ha provocado la miseria de tantos trabajadores (no solo de los desempleados) que han tenido que solicitar subsidios y ayudas sociales para resistir, si ha sido el Gobierno el responsable de la actual desigualdad que impera en nuestra sociedad, si ha sido Fátima Báñez la que ha colaborado tan activamente para que la pobreza se instale tal como lo ha hecho entre la ciudadanía, ¿cómo es que el PP no es castigado en las urnas teniendo en cuenta la gran mayoría existente de trabajadores mal pagados o en paro?

Lo cierto es que Fátima Báñez se ha atrevido a “aconsejar” a los empresarios esta subida de sueldos después de que haya esquilmado la hucha de las pensiones, después de haber anunciado que volverá a sacar 3.500 millones de la hucha del sistema de pensiones público, que se queda con solo 11.602 millones, exactamente 55.000 millones menos que hace seis años, en el año 2011 en que el PSOE dejó el Gobierno.

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Robo

Si el periodismo en este país fuera independiente el titular diario de todos los periódicos sería el siguiente: “los banqueros han robado a los españoles 70.000 millones de euros“, pero nadie puede ser independiente cuando está en la ruina económica. La ruina generalizada a la que los medios se vieron abocados con el formidable desarrollo de las redes sociales convirtió a los banqueros en sus propietarios ya que la mayoría de los medios tuvieron que recurrir a ellos para sobrevivir, con lo que los periodistas hace ya tiempo que solo pueden comunicar lo que los banqueros deciden comunicar..

El periodismo ya arrastraba algunos males desde la década de los noventa del siglo pasado; más o menos desde que la tarjeta de crédito fue santificada como el único placer no pecaminoso, desde que el muro de Berlín se viniera abajo sin que ningún tertuliano lo anunciara de antemano y desde que la codicia colectiva y la indiferencia individual consagraran al capitalismo como única ideología no solo posible sino también necesaria. En aquellos días, días del primer esplendor de la princesa bulímica en todas las portadas de la prensa del corazón, comenzó la decadencia de semanarios tan prestigiosos como Triunfo o el Viejo Topo al tiempo que surgían los suplementos semanales de los periódicos dedicados a la gastronomía, las cremas hidratantes, la decoración de interiores, la jardinería, el bricolaje, la guía de espectáculos, los hoteles con encanto y otros asuntos por los que el periodismo se ha extendido pero no se ha hecho más profundo.

Uno de estos males, tal vez el que más daño ha hecho al oficio, fue el descubrimiento de que los medios de comunicación solo podían sobrevivir halagando al público; un público cuyo tiempo libre podía ser ocupado por los medios siempre que estos dedicaran menos tiempo a la reflexión y más a los métodos de atontamiento generalizado puestos ya en práctica – con indudable éxito, por cierto – por la televisión.

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Evitar el cierre por arriba. Apuntes sobre el cambio de ciclo político en Euskadi

Alcanzamos en estas fechas el ecuador del primer año sin elecciones desde 2014, y por ese motivo es fundamental pararse a pensar. Todas las fuerzas políticas, las nuevas y las tradicionales, estamos asentadas social e institucionalmente en el tablero vasco. Por eso es un buen momento para evaluar qué hemos hecho este tiempo y para vislumbrar por dónde podrían ir las cosas a medio plazo.

Desde 2011 hemos asistido a un importante ciclo de movilizaciones sociales, con altibajos y diferencias entre territorios, pero muy potente en general. A partir de 2014, esta fase fue protagonizada, no en exclusiva pero sí sustancialmente, por las fuerzas políticas que componen Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea a nivel estatal y Elkarrekin Podemos en Euskadi. Llegamos muy lejos en muchos lugares, incluso allá donde los “expertos” dijeron que nunca llegaríamos. Los mismos que vaticinaban que nunca entraríamos en las instituciones vascas porque Euskadi era otra cosa acabaron criticándonos por no haber alcanzado los resultados que preveían sus propias encuestas autonómicas.

Unos meses después, con los presupuestos aprobados y los primeros pasos de la legislatura vasca a nuestras espaldas, parece claro que no estamos en una fase de movimientos rápidos. Estamos en un momento diferente en el que los partidos políticos tradicionales están reaccionando y agrupándose para lo que se viene encima. El ciclo está pasando de un momento de apertura por abajo a otro de cierre desde arriba. En resumen, la alternativa política ha protagonizado una fase con vocación de desafiar la agenda y la hegemonía existentes, pero no ha sido capaz de desbordarlas.

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