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La dicha y el honor de ser catalán

Yo de mayor quiero ser catalán. Me apetece formar parte de un pueblo de hombres y mujeres adorables, con la sonrisa en los labios y la papeleta de votar en la mano. Un pueblo de padres y madres que aman con ternura a sus niños y les llevan a jugar a los colegios para defender su derecho a la educación; y hasta les proporcionan clases prácticas de educación cívica y democrática, alzándolos sobre sus hombros cuando se enfrentan a quienes, en cumplimiento de una ley inicua (española, no les digo más), vienen a secuestrar sus libertades y sus urnas chinas. Un pueblo, en fin, que es muy consciente de que la voluntad popular está siempre por encima de las normas legales.

Tiene que ser reconfortante formar parte de un pueblo que nunca se equivoca y siempre tiene razón; que todo lo que hace lo hace en son de paz, hasta cuando amenaza a quienes, partidarios de la guerra, le llevan la contraria. Un pueblo que combate con alegría contagiosa y que tiene muy claro que la calle es para quien la trabaja; y, por eso precisamente, puede afirmar con toda verdad que la calle es suya, y no de cualquier indocumentado que pase por allí. Un pueblo, en fin, al que le gusta la fiesta y hace de sus atractivos castillos en el aire la imagen más adecuada de la construcción de la independencia que persigue con tanto ahínco.

Me pregunto si estaré a la altura de mi propósito o si necesitaré un asesoramiento previo de Gure Esku Dago, para ponerme al día y orientarme por las nuevas borrascas nacionales que atraviesan España. Porque no se puede ser catalán de cualquier modo. Ser catalán no es fácil. No basta sólo con vivir en Cataluña. Y, si me apuran, no es suficiente ni siquiera con ser “de Cataluña de toda la vida”. Porque, vamos a ver, ¿de qué le sirve a un catalán haber nacido en Cataluña, si al fin pierde su alma y se convierte en una gallina española? Y no es ésta la hora de las gallinas ni de quienes se ven acometidos por temblores de piernas ante la tarea grandiosa de  alumbrar un nuevo Estado, como el Gran Timonel de la independencia advirtió en su toma de posesión.

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Siglo XIX

El siglo diecinueve es el siglo de los fervores románticos. Nunca está de más revisitarlo dado que, entre otras desgracias, nos dio magníficos personajes históricos, fabulosos pintores y dos de los escritores españoles que mejor han sabido soportar el paso del tiempo, aunque tampoco es menos cierto que ese siglo, entre otros males, también nos deparó el suicidio por amor, el arte popular, la tuberculosis, el nacionalismo, la histeria, el sadismo, la bondad natural, la poesía como sacerdocio, el alma colectiva de los pueblos y el sentido de la historia como método para anular el sentido de los individuos.

La propuesta de independencia que el president Puigdemont presentará en el Parlamento catalán es una secuela romántica de este fatídico siglo diecinueve que como todo fervor romántico, más tarde o más temprano, termina derivando en religión desbordada. Esto es lo que cada vez resulta más evidente en nuestro país. Los dirigentes políticos nacionalistas, apelando a las características principales del temperamento romántico, o sea, más al sentimiento que a la inteligencia, más al instinto que a la prudencia, se han convertido en los sacerdotes de este tiempo, en los líderes religiosos de todos los ciudadanos que en lugar de vivir en el mundo que les ha tocado transitar, o sea, en el mundo presente, prefieren vivir en un mundo fabuloso, mítico, supuesto, legendario; un mundo plagado de patrañas, dioses ancestrales, rebaños pastando, nostalgias matriarcales, párrocos cantando las alabanzas a nuestro Señor y todo el acostumbrado batiburrillo del populismo campestre.

La propuesta sentimental del president pretende recuperar los supuestos derechos históricos de un pueblo azuzando los sentimientos nacionalistas de la población

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Objetivos de Desarrollo Sostenible y Educación

A comienzos de este mes de septiembre, que se nos acaba de ir con tanto ruido político, se celebró en el Bizkaia Aretoa, de Bilbao, unas jornadas educativas  organizadas por la cátedra UNESCO de la UPV y patrocinadas por la Diputación de Bizkaia, los departamentos de Educación y de Medio Ambiente del Gobierno Vasco, con la colaboración de Unesco Etxea. El tema, Educación y Objetivos de Desarrollo Sostenible, nos devolvía con rapidez a la realidad de los compromisos asumidos en momentos de mayor exigencia.

Las jornadas, desarrolladas a lo largo de tres días, contaron con intervenciones de equipos mutidisciplinares que desde las buenas prácticas y el intercambio de experiencias pretendían  informar y transmitir la importancia de la educación en la consecución de los 17 objetivos de desarrollo sostenibles aprobados hace ahora dos años en la Asamblea anual de la ONU, en New York, a través de la Agenda 2030.

Porque de eso se trata. De tener presente, cada vez que cunda el desánimo entre las personas que nos dedicamos a esto que llamamos educación, qué objetivos tenemos, para qué desarrollamos nuestra labor y qué espera de todo ello la sociedad. Pero también se trata de que ésta, reconozca nuestra misión y, en una tarea compartida, colabore activamente en el desarrollo común de las personas, en su progreso material y moral, en su formación integral como ciudadanas y ciudadanos del mundo.

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De la energía escasa a la energía inagotable

Desde el comienzo de la revolución industrial, la disponibilidad de energía utilizable ha estado históricamente asociada a la escasez relativa de las fuentes de energía primaria disponibles. El siglo XIX fue el siglo del carbón y el siglo XX el del petróleo con el carbón, el gas natural y la energía nuclear de fisión como energías de acompañamiento del petróleo.

Por lo tanto, durante los dos últimos siglos hemos construido un mundo basado en la utilización de las energías fósiles –carbón, petróleo y gas natural- y de la energía nuclear de fisión que si bien abundantes son recursos limitados y por lo tanto en principio agotables.

En el mundo existen seis fuentes de energía primaria, cinco reales o positivas y una virtual o negativa. Las cinco fuentes reales son el carbón, el petróleo, el gas natural –las denominadas energías fósiles-, la nuclear de fisión y las denominadas energías renovables. La sexta la forman el ahorro y la eficiencia energética, que a pesar de ser virtuales se comportan de hecho como una fuente positiva más al casar de manera muy real la oferta y la demanda energéticas por el lado de una menor demanda para satisfacer las mismas o superiores necesidades energéticas asociadas al desarrollo económico y al bienestar.

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Mi cuerpo es mío. Yo decido

La lucha por el derecho al aborto y el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos es una reivindicación constante y central por parte del movimiento feminista. Una maternidad segura y libre fundamentada en los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, se deriva del derecho de toda persona a la vida, la salud y la reproducción. Concretamente, nos referimos a una maternidad libremente elegida que reciba los cuidados médicos y servicios sociales necesarios, incluyendo el derecho al ejercicio de la autonomía durante todo el proceso, tanto si opta por continuar el embarazo, como si opta por interrumpirlo. De este modo, las políticas orientadas a que las mujeres puedan acceder en igualdad de condiciones a un aborto legal, seguro y oportuno constituyen la base fundamental para el ejercicio de una maternidad segura, evitando cualquier riesgo para la vida y salud de las mujeres.

La Ley Orgánica 11/2015, de 21 de septiembre, para reforzar la protección de las menores y mujeres con capacidad modificada judicialmente en la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) suprimió la posibilidad de que las menores de edad pudieran prestar el consentimiento por sí solas. La ley pasa a exigir que para la interrupción voluntaria del embarazo de las menores de edad es preciso, además de la manifestación de su voluntad, el consentimiento expreso de los titulares de la patria potestad, remitiéndose expresamente al régimen establecido con carácter general en el Código Civil para solucionar cualquier tipo de conflicto que pudiese surgir al prestar el consentimiento por los representantes legales o cuando la decisión de estos pudiese poner en peligro el interés superior de la menor.

Por ello, entendemos que en ningún caso esta reforma responde al ejercicio de protección de las niñas y adolescentes, sino más bien es una reforma cortada por un claro patrón machista y que va directamente en contra del desarrollo y la protección de los derechos más fundamentales de las mujeres, recogidos y amparados por diversos organismos como el Consejo de Europa, ONU, parlamento europeo; y legislaciones, incluso las nuestras, en las que queda recogida con meridiana claridad la intención de eliminar todo tipo de discriminación contra las mujeres

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Insultos

Lo último que se lleva en el mundo de la política es el insulto. No sé sí porque ya no hay ideas o porque la conversación es una práctica en desuso, pero lo cierto es que no existe nada tan moderno como insultarle a alguien, sobre todo en España que, por herencia, sospecho, pero también por pereza, ya no se razona sino que directamente se odia que siempre resulta más cómodo y además no da mucho que pensar..

He aquí la novedad: si quieres pertenecer al círculo selecto de los profesionales de la política no hables nunca de política ni de dinero, no escuches propuestas, no atiendas razones, no te intereses por los problemas de los demás, no elabores presupuestos para construir escuelas, hospitales, laboratorios o carreteras; limítate a llamarle estúpido a tu adversario, pásate por la entrepierna - a ser posible en público - sus resultados electorales, escribe artículos en la prensa tildando de fascista a todo aquél que te lleve la contraria y luego brinda a la salud de tus muertos con una copa de champagne en la mano, porque los muertos de los demás, al fin y al cabo, no fueron más que unos sarnosos hijos de perra que nunca tuvieron más que la miserable existencia que siempre se merecieron.

Este es el país en el que vivimos. Cada vez más parecido al que vivieron nuestros antepasados durante las primeras décadas del siglo veinte: un lugar retórico donde unos líderes políticos sin soluciones, sin ideas, sin capacidad y sin proyectos, necesitan encontrar un enemigo donde sea para así reafirmarse. Todo esto explica, en parte, el incremento electoral que los movimientos populistas están obteniendo en casi todos los estados europeos. Estas organizaciones son las únicas, al parecer, que han encontrado a los culpables de todos nuestros problemas, las que más rápidamente han conseguido definir al enemigo: ya saben, el enemigo es siempre el otro, sobre todo si es inmigrante, pero también aquel que tiene un criterio propio, que piensa por su cuenta, que no enarbola ninguna bandera y que además no se atiene a los mandamientos del pueblo, la nación, la raza o la religión donde nosotros estamos situados.

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Cataluña: sedición para la seducción

La quimera catalana no responde a ninguna razón objetiva, ni siquiera a un razonamiento deductivo lógico que partiendo de una situación complicada requiera y conduzca a una solución mediante un método reflexionado previamente. Los catalanes, -o mejor, sus elites-, deben resolver sus problemas sin recurrir a esa idiotez del “cuanto peor, mejor” porque, salvo en la mente de los necios o de los malintencionados, lo peor siempre es “más malo”.

Los gobernantes catalanes actuales han propuesto a sus administrados un proyecto sedicioso con ánimo de seducirlos. Es decir, que la sedición que predican y proponen se ha constituido en su modo de seducción, en su forma de cautivar el ánimo de los catalanes y las catalanas para engañarles e incitarles suavemente hacia el peor derrotero. El engaño es manifiesto, y la endeblez de los fundamentos en que sustentan su propuesta sediciosa es aún más manifiesta. Hay un puñado de catalanes y de catalanas que desean irse de España, es decir, dejar de ser españoles. A todos ellos, al parecer, nunca se les ha oído ningún aserto diferente al que niega su españolidad, pero ahora desean ir bastante más lejos, si por ellos fuera construirían una muralla como la china para aislarse de Aragón o de Castellón, y de ese modo olvidar tantos años y vicisitudes en las que han tenido que ser españoles por obligación. Pero nunca, hasta hace muy poco tiempo, se han mostrado tan inhóspitos para sus vecinos españoles.

Las autoridades autonómicas catalanas, en un alarde de arbitrariedad, han superado y pisoteado las leyes y procedimientos que en su día hicieron que llegaran a su posición predominante de Gobierno

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El conocimiento, fundamento de la educación

Recientemente, a través de un buen amigo que me procura lecturas interesantes, he tenido conocimiento de un artículo que mezclaba de forma inteligente política y educación. Concretamente, a lo largo de varias páginas, y desde el portal electrónico Sin Permiso, pretendía contestarse a la pregunta que enmarcaba su trabajo: ¿Ayuda a la extrema derecha la displicente actitud de la izquierda hacia la enseñanza de conocimientos? ( Russell, Richard).

No es la primera vez que hemos escrito sobre ambos conceptos, política y educación;  en junio, sin ir más lejos, hablamos de ello por cuestiones relacionadas con unas declaraciones de la Consejera Uriarte [Despolitizar la educación. eldiarionorte.es 6 junio 2017), adjetivando la educación vasca de politizada ante las reivindicaciones sociolaborales que hacíamos los sindicatos. Ahora, sin embargo, es otro el matiz del artículo del maestro británico: potenciar el valor del conocimiento como herramienta educativa fundamental en la tarea formativa y reivindicarlo  desde posiciones políticas de izquierda. Para ello –y siempre desde su punto de vista- se vale de la crítica a actuaciones presentes que relegan el aprendizaje a cuestiones de habilidades hechas a espaldas de la creatividad y de la crítica. “Sin conocimiento, el pensamiento crítico resulta inútil”, afirma con rotundidad.  Y no se puede dejar esa defensa solo a la ideología conservadora.

Cuenta Paulo Freire, en 'A la sombra del árbol', que en cierta ocasión le narraron cómo militantes de izquierda rechazaban sus enseñanzas bajo el argumento de que carecían de sentido; que la educación que se necesitaba nada tenía que ver con sueños, utopías y concienciación, sino con formación técnica y profesional del educando. A lo cual el admirado pedagogo contestó: “Por formación en­tendían entrenamiento. Eso es exactamente lo que siempre interesó a las clases dominantes: la despoliti­zación de la educación. La educación, en verdad, necesita tanto de formación técnica, científica y profesio­nal como de sueños y de utopía.”

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El cambio energético y el statu quo

“El cambio de modelo energético es una necesidad imperiosa y urgente que se ha de acometer”; “Se deben potenciar la utilización de fuentes de energía renovable” Estas y otras afirmaciones en la misma línea son asumidas por toda la sociedad, las suscriben todos los partidos políticos e incluso las grandes empresas eléctricas.

Y ello basado en dos razones incuestionables: la necesidad de luchar (en realidad, limitar) contra el Cambio Climático y el hecho de que los combustibles fósiles se están agotando.

El Gobierno español se ha comprometido en distintos foros con la reducción de emisiones, el aumento de la eficiencia energética y el fomento del uso de las energías renovables .

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Pueblos

No es que en los medios de comunicación haya mucha información al respecto pero tengo entendido, según me han comentado en el bar nuestro de cada día, que hay una preocupación generalizada en este país por lo que está ocurriendo en la comunidad autónoma catalana debido al deseo de buena parte del “pueblo catalán” de independizarse de España.

Motivos para independizarse de España nunca han faltado, más en este momento en que además de tener que soportar a Rafael Hernando soltando sandeces cada vez que se desprende del palillo incrustado en la comisura de sus labios, estamos gobernados por gente que no solo se consideran los propietarios de este desértico país desde que el cardenal Cisneros lo fundamentara sino que también llevan una enorme cantidad de años mintiéndonos, despreciándonos, condenándonos a salarios de miseria, cuando no al desempleo, y robándonos toneladas de dinero público, pero con todo no estaría de más que de una vez por todas en nuestra bárbara historia milenaria no cediéramos a la tentación de confundir la velocidad con el tocino ni a España con los desvergonzados delincuentes que la mal gobiernan.

No hay pueblos, hay individuos, aunque esto sea algo bastante difícil de admitir dándose una vuelta un sábado por la tarde por un centro comercial

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