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La sordera

Una de las denuncias más constantes de esta época es que las autoridades no escuchan. No ya los líderes mundiales, permanentemente reunidos en remotas cumbres, sino los dirigentes más cercanos: los concejales, los alcaldes, los diputados... Una vez que las doctrinas políticas del pasado han terminado rindiéndose ante las tesis liberales que tanto promueven las multinacionales, parece ser que la única aspiración política de este tiempo es distanciarse de los demás para que los demás no fastidien demasiado con sus mezquinos problemas de salud, de empleo, de educación, de medio ambiente o de hastío. Nada tan relajante como atrincherarse entre las cuatro paredes de un despacho cualquiera de la administración pública para no escuchar más que el aleteo de las mariposas, el murmullo del viento, el reparador sonido de la caja registradora o los latidos del propio corazón, en el supuesto, claro está, que aún no lo hayamos vendido a cambio de una subsecretaría, una concejalía, una asesoría técnica, etcetera, etcétera... Los profesionales de la política - tan mal considerados, últimamente - han conseguido desempeñar con tanta brillantez esta aspiración que, por contagio, ha terminado extendiéndose a otras profesiones.

Hay periodistas, por ejemplo, permanentemente "preocupados" por el desempleo, la proliferación de los contratos basura, el recorte de las prestaciones sociales y la forzosa migración de nuestros jóvenes en busca de cualquier trabajo, que ya solo se escuchan a sí mismos puesto que han terminado por acaparar todos los medios de comunicación. No solo escriben artículos para distintos periódicos sino que también colaboran en varias tertulias radiofónicas, sentencian todas las mañanas en las televisiones - tanto en las públicas como en las privadas – chatean en internet, pronuncian conferencias en los ateneos provinciales, emiten pregones en las fiestas patronales de los pueblos, etcétera, etcétera; todo ello, por supuesto, bien remunerado, poco trabajado y tan escasamente exigible que en todas estas tribunas se les permite la constante repetición de tópicos, latiguillos, frases hechas, lugares comunes y otras construcciones huecas... Personas que acostumbran a criticar constantemente la política de subvenciones estatales pero que casualmente son o han sido funcionarios en las empresas más subvencionadas del país (TVE, ETB, TV-3, RNE, Canal Sur, etcétera, etcétera...).

Parece ser que la única aspiración política de este tiempo es distanciarse de los demás para que los demás no fastidien demasiado con sus mezquinos problemas de salud, de empleo, de educación, de medio ambiente o de hastío

Nadie escucha. Nadie. No sé si porque todos nos creemos en posesión de la verdad, porque los demás, cuando no podemos sacarles un rendimiento, nos importan tanto como a Mariano Rajoy el escandaloso aumento de la pobreza infantil en nuestro país o porque la sordera es una sigilosa epidemia que no solo se ha extendido por los despachos de las administraciones públicas, sino también por las redacciones de los medios de comunicación, las oficinas, los almacenes, los bancos corridos de los merenderos y las barras de los grasientos tugurios donde acostumbro a desentenderme de mí mismo. En todas partes lo único que se percibe es el constante ruido que produce internet, la cháchara incesante de los twitters, los chats, los whatsapps y los programas de la televisión dedicados al fútbol, al cotilleo o la estupidez, pero al margen de esta contingencia, meramente virtual, ya nadie escucha a nadie. Nadie. Ni las putas a sus clientes ni los perros a sus dueños. Mucho menos los gobernantes a los gobernados y los administradores a los administrados. Tal vez por eso, cada día estoy más convencido que escribir artículos de opinión para un periódico cualquiera, es lo más parecido a ir hablando solo por los pasillos de una casa inmensa, oscura, antigua, remota y deshabitada.

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El alma de Kutxabank

Aquellas cajas de ahorro de toda la vida, donde nuestros padres y abuelos guardaban lo poco que podían sustraer cada mes de sus gastos habituales y que nacieron precisamente para fomentar la actividad económica "real" del comercio y de las pequeñas y medianas empresas del territorio donde se asentaban, han desaparecido definitivamente. No es algo que nos pille por sorpresa, ya que la bancarización de esas cajas de ahorro ha sido un proceso largo, acelerado por las profundas convulsiones producidas por la crisis financiera de 2008, pero también por la desnaturalización de los fines de estas entidades a lo largo de los años de bonanza, cuando se convirtieron en un instrumento en manos de los partidos mayoritarios para financiar proyectos más o menos faraónicos, pero en la mayoría de los casos alejados de las necesidades reales de la sociedad.

Es triste y doloroso ver como el alma de Kutxabank, heredera de aquellas cajas municipales y provinciales de nuestra infancia, ha acabado en manos del diablo de los mercados financieros, entes no tan abstractos en realidad, pero carentes de cualquier sentimiento que no sea la codicia desmedida. Y todo gracias a partidos y sindicatos que son incapaces de ver más allá del corto y medio plazo, que viven de espaldas a la ciudadanía y a sus problemas reales y que solamente trabajan por mantener su privilegiado estatus de influencia y poder. Ahora, las cajas vascas ya no son nuestras, sino de los patronatos de las fundaciones en las que se han convertido, es decir, que han acabado en manos de grupos cerrados de pocas personas elegidas a dedo, que responden a los intereses de esos partidos y sindicatos y no a los de la sociedad vasca.

las cajas vascas ya no son nuestras, sino de los patronatos de las fundaciones en las que se han convertido, es decir, que han acabado en manos de grupos cerrados de pocas personas elegidas a dedo

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Transformar o solo reformar

Leyendo hace unas pocas semanas las páginas de un medio escrito de este país se podía encontrar, el mismo día y en una suerte de amontonamiento de noticias, algunas informaciones de este tipo: “Iberdrola gano 953 millones de euros hasta marzo”, “BBVA ganó 624 millones de euros en el primer trimestre”, “el Ibex (las 25 grandes empresas españolas que cotizan en bolsa) gana 1,5% en abril”. También era noticia destacada, el mismo día y en el mismo periódico, el nombramiento del expresidente del Partido Nacionalista Vasco, Josu Jon Imaz, como consejero delegado de Repsol. Esto último, como un nuevo ejemplo de aquello que se ha dado en llamar “las puertas giratorias”, mecanismo por el que exaltos cargos políticos pasan, en muchos casos casi inmediatamente después de dejar sus cargos, a ser parte de los consejos ejecutivos o de administración de las grandes transnacionales españolas. Por supuesto este mecanismo de trasvase de políticos, aunque no ilegal, es cuando menos sospechoso y poco ético, dando lugar a dudas razonables sobre si esta entrada en las élites del mundo económico, financiero y empresarial no tiene mucho que ver con lo que se conoce popularmente como “pago por los servicios prestados o por prestar aún”.  

Pero al margen de esto último y dado que no se pretende en este escrito hacer una nueva denuncia de la dudosa moralidad que suponen estos bailes entre altos cargos de la política y el poder económico, dejemos ese dato simplemente apuntado en la suma de los titulares anteriores. Lo que realmente se quiere ahora destacar es que, posiblemente, lo verdaderamente llamativo y a la vez muestra evidente del modelo de sistema y sociedad en crisis en la que ya nos movemos en una suerte de ruleta interminable de este tipo de noticias, es el hecho que todas ellas se publicaban un 1º de mayo, día internacional de la clase trabajadora.

Al día siguiente muchas informaciones y declaraciones de políticos en activo resaltaban el hecho de que se había arrojado pintura roja en algunos cajeros automáticos o que se habían producido algunos incidentes con la policía al finalizar las manifestaciones de ese día. Todas las declaraciones eran en la línea, incluso literal, del “así no se sale de la crisis”. Estando de acuerdo en que posiblemente esas no sean las formas y acciones más adecuadas, lo que realmente debería llamarnos la atención es la concatenación de las noticias que se producían el día que siempre se ha entendido como de lucha de la clase trabajadora y que, sin embargo, parecía de fiesta empresarial gracias a sus buenos resultados en el primer trimestre del año. No había ninguna declaración, ni denuncia, contra el empresario que en esos mismos días arrojaba a la calle a 150 trabajadores o a los banqueros enriquecidos a costa de engañar a los clientes mediante la venta fraudulenta de las ya famosas preferentes bancarias, que se han comido los ahorros de miles de trabajadores y trabajadoras y que, por lo tanto, este 1º de mayo poco podían celebrar, salvo mostrar su enfado contra el injusto sistema que ahora les arroja a una vejez en la indigencia en muchos casos después de una vida de trabajo.

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Urrosolo Sistiaga y el viaje de Urkullu a Madrid

En su calendario vital permanecen marcados para siempre con un círculo rojo 16 asesinatos, dos secuestros y varios atentados con bombas. Fue uno de los etarras con mayor capacidad de mando y más escurridizo;  capaz de vivir en una furgoneta durante un año para no levantar sospechas. Se llama Joseba Urrosolo Sistiaga. Un nombre que con solo oírlo sugirió terror durante 20 años.

Aquel José Luis, como figuraba siempre en su historial policial, quien fuera jefe del sanguinario comando Madrid; el único con quien habló durante su cautiverio el empresario Emiliano Revilla, se despojó de su piel de terrorista hace muchos años. Se arrepintió de sus crímenes, reconoció el daño causado y condenó la violencia. Incluso llegó un día en que volvió a encontrarse con su secuestrado. Esta vez, ya sin capucha. Para entonces, ETA le había expulsado de sus filas.

Urrosolo Sistiaga ingresó en prisión en 1997 y desde entonces arrastra una condena de 449 años sobre su largo esqueleto.

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De verdades, mentiras y más mentiras

No es verdad que la salida del túnel esté hoy más cerca ni lo es tampoco que el Gobierno de Mariano Rajoy vaya a bajar los impuestos. Lo único cierto es que portavoces y voceros oficiales tratan de que ambos mensajes calen en los ciudadanos como lluvia fina para ocultar una realidad incontestable, la que apunta que las desigualdades han crecido a un ritmo vertiginoso y que las reformas fiscales que el ejecutivo español pone en marcha -en principio no afectan ni a Euskadi ni a Navarra-  consolidan la protección a los sectores económicos mejor situados.

Nada alivia las dificultades de las personas más empobrecidas. No se puede hablar de progreso ni de justicia cuando lo que crece es la desigualdad. Y los datos nadie se los inventa. El último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que se ha hecho público hace apenas una semana, pone el dedo en la llaga cuando asevera que España es el país industrializado en el que más han aumentado las diferencias entre ricos y pobres.

Según el estudio, entre 2007 y 2011 los ingresos anuales del 10% más pobre de la población retrocedían un 42,4% mientras que el 10% más rico sólo perdió un 5,6%. Si tuviéramos que fijarnos en un 'top ten' de la desigualdad, España ocuparía el octavo puesto de los 34 miembros de la OCDE.  También subraya el informe que la tasa de pobreza infantil es la más alta entre los países europeos (pese a que lo niegue el Gobierno).

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El lehendakari, penúltima opción de los espectadores vascos (y de las espectadoras)

Compareció ayer el lehendakari Iñigo Urkullu ante las cámaras de ETB 2 para contestar a las preguntas formuladas por los periodistas Asier Odriozola y África Baeta. Lo hizo, no podía ser menos, en horario de máxima audiencia, aunque evitando lo más duro del prime time, entre las 21:46 y las 22:28. Una manera correcta de concitar más presencia de vascos y vascas delante del televisor para escuchar, de primera mano, las explicaciones y consideraciones que el lehendakari tuviera que hacer sobre los numerosos temas de actualidad, algunos de ellos historia pura, que han acaecido en las últimas semanas en este país que algunos llaman España.

Según publica hoy la web de EiTB, los temas abordados fueron la sucesión monárquica y todo lo que ha rodeado al evento: abdicación, sucesión, aforamiento, vigencia de la institución… En este capítulo, Urkullu sancionó positivamente que Felipe VI visite Gernika por iniciativa propia para, imagino, sojuzgarse bajo el árbol y de paso reconocer nuestros derechos históricos.

Asimismo repasó su relación con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, “amable pero sin resultado práctico”. Igualmente insistió en profundizar en el autogobierno vasco con un acuerdo entre diferentes, reclamó el desarme “total, ordenado e incondicional” de ETA, acompañado –como no, una a Dios y otra al Diablo- de “otra política penitenciaria”.

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El 'cambiazo' de Zarzuela explicado en cinco puntos

Puedo llegar a comprender que han podido ser múltiples los motivos del heredero de Franco para anunciar el reciente 'cambiazo' al frente de la Jefatura del Estado español (también denominada abdicación) en las fechas en las que lo ha hecho y cómo lo ha hecho. Ello me lleva a analizarlo en base a cinco motivos:

En primer lugar, obvia decir que, sin duda, ha influido la "escapada" de Rubalcaba al frente de la Secretaría General de un Partido que aún se dice "socialista, obrero y español" y al que, a estas alturas, nadie le puede negar la "P" de partido y la "E" de español. Lo de socialista y lo de obrero ya no es que sea discutible sino que se antoja imaginario. Sin ir más lejos, en su Segunda Conferencia (celebrada en Madrid antes del previsible descalabro electoral del 25-M) dejó atado y bien atado, y en una clara connivencia con el Partido Popular y con Zarzuela, que el PSOE se pasaba a denominar favorable al regímen constitucionalmente establecido, a saber: monárquico.

Al margen de traicionar a sus Estatutos fundacionales (dónde el PSOE se autodefinía republicano sin ambages), se destapó sin querer. Ya que ya no le valía aquéllo de seguir considerándose 'juancarlista', pasaron a ser 'felipistas' (de Borbón) sin ni tan siquiera parpadear. Luego, si lo del apoyo a Juan Carlos podía tener un pase basado en el bla, bla, bla que le ha llevado a los resultados por todos conocidos, el hecho de apoyar sin fisuras a Felipe VI ya no puede ser leido en clave 'juancarlista' sino abiertamente monárquica. El de la coleta (como le llaman en Ferraz) les pondrá en su definitivo sitio ya que, para Podemos, el PSOE está a su derecha. Espero que en su Congreso+primarias (o en la mezcla de ambos) la militancia socialista se decante por un proyecto socialista sin titubeos. A mí, por gustarme, me gusta el candidato de Izquierda Socialista... el que aboga en esa línea ya que me parece el candidato más preparado y el menos 'aparatista'. Ojalá así sea ya que sin un PSOE republicano sin complejos no hay la más remota posiblidad de una consulta en la que el pueblo pueda optar por la fórmula de Jefatura del Estado que decida: bien por infinita descendencia sanguínea o por otra que surja de la voluntad del Cuerpo Electoral expresada en la urnas. De todas maneras, todo esto, como he dicho, ya estaba hablado entre el PSOE, el PP y Zarzuela. Digamos que a Felipe González se le escapó antes de tiempo lo de la Gran Coalición, un sinónimo de eso que muchos venimos llamando PPSOE.

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Jóvenes trabajando, anticipo de lo que nos viene

Recientemente, he tenido el placer de trabajar, junto con Luis Campos y Manuel Rodríguez,  en un estudio del Consejo de la Juventud de España sobre la juventud trabajadora. La experiencia investigadora ha sido de sumo interés, especialmente porque hace veinticinco años realicé otro estudio sobre el mismo campo. Y ciertamente, los tiempos han cambiado.  La impresión básica que he sacado es que estamos ante una tendencia de cambio social profunda, provocada por un desplazamiento del valor social del trabajo. Un cambio social donde los jóvenes, por ser los últimos en incorporarse  al mundo laboral, son los pioneros en esta nueva sociedad.

El trabajo está siendo desplazado, sin ser sustituido, como factor de socialización, como productor de derechos y como instrumento de emancipación. El modelo laboral se ha transformado. El anterior, llamado fordista, nos guiaba por una senda lógica y previsible: del aprendizaje al trabajo para toda la vida, en la misma estructura productiva, cuando no en el mismo trabajo. En este momento histórico, abunda una suerte de trayectorias laborales segmentadas, rotas, de dudoso destino, donde los saltos y las circularidades son más habituales que la linealidad biográfica. Y sobre todo, donde la precariedad no es solo la puerta de entrada de los jóvenes al mundo del trabajo sino que se convierte en la característica de por vida del nuevo modelo de empleo. Y, quizás, uno de los datos más llamativos del informe sea, justamente, la aceptación y la tolerancia de las personas jóvenes a esa precariedad: cuatro de cada diez jóvenes ocupados consideran que para encontrar trabajo es importante o muy importante estar dispuesto a aceptar cualquier trabajo. Podemos decir que la precariedad laboral está interiorizada en el imaginario colectivo de los jóvenes como sutil modo de dominación-explotación. Pero no lo entendamos como sumisión. Ante la falta de garantías laborales los jóvenes lo que hacen es desplazar al trabajo como referencia vital principal; situándolo en los márgenes. Es decir, si el trabajo pasa de ellos; ellos, pasan del trabajo.

Estas percepciones no son tomadas al calor de la coyuntura, de la actual crisis. En dicho estudio, se les preguntó a los jóvenes trabajadores cómo se veían dentro de dos o tres años. Seis de cada diez consideraban que tendrán que seguir trabajando en lo que sea;  cuatro de cada diez ve bastante o muy probable tener que salir al extranjero para trabajar.

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Goebbels tenía razón

Hace muchos siglos una mentira repetida hasta la saciedad generaba una costumbre o una religión, pero ahora las mentiras que se propagan continuamente a través de los medios de comunicación no generan más que periodistas que parecen funcionarios, patriotas que parecen fanáticos, consumidores que parecen drogadictos y políticos que parecen líderes eclesiásticos. Me parece recordar que fue el lascivo y lisiado Josef Goebbels, ministro de propaganda del tercer Reich, quién sostuvo la revolucionaria teoría de que basta con repetir una mentira lo suficiente como para que todo el mundo se la crea. Por eso lo sorprendente de este estado de cosas en nuestro maltratado país no es que a nadie le escandalice que un presidente de Gobierno tenga por mejor cualidad ser un consumado mentiroso – recuérdese, por ejemplo, lo que ocurrió con sus promesas electorales o lo que dijo acerca de la contabilidad B de su partido – sino que haya quien se sorprenda de que quienes ejercen el poder, cualquier forma de poder, mientan. El poder miente. Siempre. Está en sus genes. No admitirlo resulta tan ingenuo como pretender ganarse la vida ejerciendo honestamente tu oficio en un país donde el dinero solo se obtiene mediante la especulación, la estafa, la malversación de fondos públicos, el tráfico de influencias o adhiriéndose a alguna de las muchas sectas, político, religiosas o económicas, que brotan por todas partes como malas hierbas en un jardín desatendido.

El engaño es la actividad económica que más rendimientos mercantiles obtiene, seguramente porque la cultura de nuestra época está basada en la mentira de la que hablaba Goebbels – en esto, como en tantas otras cosas, los nazis han terminado venciendo -. Todo ello explica el tremendo éxito del premio Planeta, por ejemplo, las tetas de silicona, las cremas antiarrugas, la cotización bursátil de las empresas tecnológicas, las dietas adelgazantes, los muebles de Ikea, las exposiciones en museos como el Guggenheim y las películas porno, además de todas esas hollywoodenses que muestran mujeres pluscuamperfectas, asesinos chicanos, coches que no sufren rasguño alguno aunque colisionen contra manadas de rinocerontes histéricos y musculosos protagonistas que no se despeinan el flequillo ni un ápice por más que los despeñen desde la cumbre más alta de las Montañas Rocosas.

Esto explica el tremendo éxito del premio Planeta, por ejemplo, las tetas de silicona, las cremas antiarrugas, la cotización bursátil de las empresas tecnológicas, las dietas adelgazantes, los muebles de Ikea, las exposiciones en museos como el Guggenheim y las películas porno, además de todas esas hollywoodenses que muestran mujeres pluscuamperfectas

"El mundo es tal estercolero que me veo obligado a llevar sombrero", reza una sentencia de Leonard Cohen. Esto ha sido siempre así, desde el inicio de los tiempos hasta el reinado de Felipe Sexto. Así que para sobrellevar, con un mínimo de dignidad, toda la inmundicia que, a diario, cae sobre nuestras desorientadas cabezas me parece que el truco consiste en aprender a convivir con la mentira. Eso sí, sin hacer demasiados aspavientos, sin rasgarse las vestiduras, sin proferir estremecedores alaridos por los pasillos y procurando, siempre, no mesarse desesperadamente los cabellos ante las desvergonzadas mentiras que el poder promociona continuamente desde sus innumerables medios de comunicación. Convivir con la mentira como quién convive con un animal doméstico ligeramente trastornado. O lo que es lo mismo, levantarse todas las mañanas de la cama teniendo perfectamente asumido que no solo los espejos mienten – uno siempre es mucho más joven de lo que los espejos reflejan - sino que también lo harán los periódicos, la radio, la portavoz del gobierno, los analistas bursátiles, el tendero, María Dolores de Cospedal, el charlatán del barrio, las canciones de los Rolling Stones, los ideólogos de Podemos y la amistad que se encuentra en eso que llaman las redes sociales. Nada es lo que parece. Nada. Salvo, tal vez, las rutinas que conforman los limitados horizontes de nuestras limitadas vidas. Aunque a veces ni siquiera eso...

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Guatemala sumándose a los nuevos paradigmas

Cuando todavía hoy muchos hechos y sucesos históricos determinantes de cada uno nuestros propios países nos son desconocidos para la mayoría de la población, cómo saber que este mismo mes de junio se cumplen 60 años de un golpe de estado en un lejano país, al otro lado del océano. Ese estado es Guatemala y el golpe aludido ahora cerró una década (1944-1954) de ilusiones y pequeños avances en la que se dio, ya entonces, en llamar la revolución democrática y que no supuso sino intentos de transformaciones que mejoraran las condiciones de vida de la mayoría de la población, por cierto, abrumadoramente indígena (maya y xinca).

Guatemala era un cortijo en manos de unos pocos grandes hacendados y de la gran empresa estadounidense que explotaba el banano como producto principal de la economía del país. En esta gran hacienda el régimen de trabajo era, prácticamente, de semiesclavitud con fuertes desplazamientos migratorios internos de la población en función de las diversas cosechas. Sin embargo, durante la década señalada se intentaron introducir pequeños cambios que pudieron suponer alteraciones de esas duras condiciones de trabajo, pero también sobre la estructura económica y política del país. Tal y como declaró el presidente de la época, Jacobo Arbenz, desde dentro siempre del sistema capitalista, se pretendía avanzar en una modernización del país, con un cierto control del Estado que pudiera establecer el desarrollo de una economía mixta, la industrialización, las mejoras de las infraestructuras viarias, la protección del mercado interno, o la definición de una reforma agraria que introdujera elementos de justicia en cuanto a la tenencia de la tierra aunque, todo ello, sin alterar radicalmente el sistema mismo.   

Pero estos pequeños y tímidos pasos eran demasiado para los intereses latifundistas y, especialmente, para la United Fruit Company, y el golpe de estado que se definió en Washington, ya en aquellos años entendía a éste como la mejor salida política para no perder el control de la hacienda, del cortijo. Evidentemente, esto reafirmaba la actualización de la "doctrina Monroe" que estableció más de un siglo antes no solo el dictamen de "América para los americanos", sino lo que en realidad este axioma quería expresar que era: "América para los norteamericanos", estableciendo al continente como "el patio trasero" de los Estados Unidos. Ya se habían aplicado medidas de invasiones y derribos de presidentes incómodos para los intereses económicos del "gran hermano del Norte", pero la acción en Guatemala abre una larga y oscura época de varias décadas donde el golpe de estado y el establecimiento de dictaduras militares sería la tónica dominante y característica del continente. Este modo de actuar, propio de la geopolítica imperial de esas décadas, se mantuvo hasta descubrir las potencialidades de las "transiciones democráticas a la española" para mantener, desde aparentes sistemas democráticos, el mismo dominio y favorecer además la implantación de las medidas neoliberales que supeditarían, una vez más, los poderes políticos, los gobiernos, a los intereses de las élites económicas internacionales, con una pequeña participación de las oligarquías locales.

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