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Las mentiras del poder

La Guardia Civil rescata el cuerpo de una de las 15 personas que murieron ahogadas en Ceuta.

Hay políticos que no le dicen la verdad ni al médico. Por eso no les creo. Por eso me han convertido en una desconfiada. Y entiendo que también por eso una buena parte de los ciudadanos van ampliando su desafecto hacia quienes desempeñan las tareas que, en principio y por decisión popular (afortunadamente en democracia), resultan necesarias para el bienestar de la comunidad.

Seguro que al generalizar me equivoco. Pero es tan frecuente el recurso a la mentira por parte de quienes gobiernan que no queda mucho margen para la duda. Es como si hurtar la verdad se hubiera institucionalizado. A estas alturas, no hay versión oficial de cualquier hecho que respete una narración acorde con lo realmente ocurrido.

Esto es, nunca, en ningún caso, los responsables políticos se manifiestan dispuestos a aceptar que, efectivamente, a quienes se les ha encomendado el monopolio de la fuerza hayan podido cometer una infracción o un error.

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La transparencia de EiTB

Ya que no hemos sido los primeros, vamos a ver si ganamos la medalla de plata Maite Iturbe. No sé si la directora general de EiTB se habrá enterado de que TV3, la televisión autonómica catalana, tendrá la obligación de hacer públicos los contratos que firmen con empresas audiovisuales externas para la producción de programas de televisión.

Para ello, el Govern aprobó el pasado el martes 11 de febrero, el 'Proyecto de ley para la transparencia y sostenibilidad del sector de la comunicación', con el objetivo confeso de “desgubernamentalizar” (¡toma verbo!) la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) y el Consejo del Audiovisual de Catalunya (CAC). Dos organismos que, curiosamente, están presididos por dos altos cargos de Convergencia Democràtica de Catalunya. Que les vaya bien.

El texto aprobado también habla de impulsar la transparencia en la contratación de productos externos por parte de la Corporación, en la que se integra la televisión pública catalana. En particular hace referencia a la compra, el desarrollo, la producción o la coproducción de programas audiovisuales, para “facilitar la competitividad (…) del sector audiovisual en su conjunto”. Según el proyecto de ley todos los contratos serán públicos y se “prohíbe la cláusula de confidencialidad y reserva en la compra de productos y servicios de la Corporación”.

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Más confusión, más lío

Uno no tiene vocación de agorero pero ya anunciaba un lío inminente con la implantación de la FP básica en el sistema educativo vasco. Sé que estos temas para el público “municipal y espeso”,  que decía una vieja amiga, resultan muy lejanos pero procuraré acercar el tema a nuestros lectores.

Como todo el mundo ya sabe,  la aprobación de la llamada ley Wert conlleva un calendario de implantación imposible: el próximo curso se deben implantar los cursos impares de Primaria (1º,3º,5º) y la Formación Profesional Básica. Esta FP nueva  se diseña en la ley para alumnado con graves dificultades o con escasas posibilidades de obtener el graduado en ESO; se pretende que tras el primer ciclo de la ESO se oriente hacia esta FP Básica,  al alumnado “disruptivo”, alumnado objetor escolar, en riesgo de exclusión o en la exclusión, que antes accedía a los antiguos Programas de garantía social y que desde el 2007 hasta ahora cursaba los Programas de Cualificación Profesional Inicial.

Los nuevos ciclos de la Formación Profesional Básica de la LOMCE serían de oferta obligatoria y carácter gratuito con una duración de 2 años y posibilitarán la obtención de un título de FP Básica en 14 títulos a los chavales a partir de los 15 años. En definitiva, “se trataría”, en la intención de esta ley, de una FP integrada dentro de la Educación básica en la oferta ordinaria de los centros que imparten la ESO y/o la FP.

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El poder y los medios

El problema de las democracias actuales en nuestro disparatado hemisferio occidental es que nuestros representantes libremente elegidos no son ya libres para adoptar decisiones. Las decisiones realmente importantes las toman poderosas asociaciones económicas - bancos, constructoras, multinacionales - en definitiva, consorcios que no están sometidos a ningún control democrático y que en mayor o menor medida, también se dedican, entre otros negocios, a financiar partidos políticos. Los parlamentos de los países occidentales han visto como su función ha quedado reducida a comportarse como meras sucursales de estos consorcios; sucursales que legislan para procurar sus beneficios, mantener sus privilegios, facilitar sus estrategias y vendernos un estilo de vida donde sus ganancias son lo primordial y nuestra libertad y seguridad lo secundario. Las nuevas esclavitudes nos las están imponiendo quienes han supeditado la política a la economía: los grandes grupos económicos que han dejado a los ciudadanos sin más protección que su precario puesto de trabajo – en el milagroso supuesto de que se disponga de puesto de trabajo, claro - en un sistema económico de mercado libre donde lo único que cuenta son los beneficios de dichos consorcios, no el desarrollo de la educación, la sanidad, la cultura, la solidaridad, las relaciones familiares, el pleno empleo o el sacrosanto derecho a perder el tiempo del modo y manera que uno considere más conveniente para salvaguardar su salud; tanto la mental como la física. Esto es lo que hay. Lo demás son debates sobre el estado de la nación donde se discuten identidades, financiaciones para los virreyes autonómicos, liderazgos de partido y los ya habituales recortes presupuestarios para quienes, de una u otra manera, siempre han estado marginados – lo cual, por otra parte, no resulta nada novedoso, sobre todo en un país donde el bienestar de los demás nos jode tanto.

Las decisiones realmente importantes las toman poderosas asociaciones económicas que no están sometidas a ningún control democrático y que en mayor o menor medida, también se dedican, entre otros negocios, a financiar partidos políticos.

Todas estas poderosas asociaciones económicas nos están vendiendo ahora la idea de que la crisis económica por la que está atravesando nuestro país es debida no solo a nuestro excesivo gasto privado – ¿ no nos educaron en la idea de que nuestra única misión en la vida era gastar dinero como si todos fuésemos hijos de Botín? -, sino también a nuestro excesivo gasto público, que se supone que ha creado un elevado déficit y una descomunal deuda pública; lastres que dificultan seriamente nuestra recuperación económica.
Nuestro sector público, en comparación con la mayoría de los países de la Unión Europea, está subdesarrollado. Pésimamente organizado en una delirante multiplicidad pero subdesarrollado. El subdesarrollo de nuestro sector público, como habitualmente explica el catedrático Vicens Navarro, procede de la dictadura y de los gobiernos conservadores que hemos padecido; gobiernos con escasa sensibilidad social. Estos gobiernos impulsaron unos sistemas de recaudación de impuestos escasamente progresivos, con una carga fiscal menor que el promedio de la Unión Europea y con un enorme fraude fiscal. Estos gobiernos, además de una escasa sensibilidad social, crearon un Estado muy poco redistributivo, por lo que somos uno de los países con mayores desigualdades de renta en la Unión Europea. La capacidad adquisitiva de las clases populares, como consecuencia de esta desigualdad, se ha reducido notablemente, creando una economía basada en el crédito que, al colapsarse, ha provocado un enorme problema de escasez de demanda; causa de la recesión económica. Nuestra desigualdad social y nuestra limitada capacidad recaudatoria explican que, a pesar de que nuestra deuda pública no sea descomunal, surjan dudas de que podamos pagarla.
Nuestro déficit se debe, no al aumento excesivo del gasto público, sino a la disminución de los ingresos al Estado debido a la falta de actividad económica y a la resistencia del poder económico para reactivarla: fueron las poderosas asociaciones económicas - con la banca al frente, por supuesto - las que, especulando con lo que nunca tenían que haber especulado, crearon burbujas que al estallar han generado los enormes problemas de falta de crédito. Eso sí, no conformes con sus pasadas hazañas, de las que tuvimos que rescatarles con fondos públicos - como bien dijo Joseph Stiglitz, con todos los fondos gastados para ayudar a los banqueros se podrían haber creado bancos públicos que ya habrían resuelto los problemas de crédito que estamos experimentando - ahora, tan encantadores como siempre, ya están creando una nueva burbuja: la de la ya famosa deuda pública.
Lo realmente preocupante, cuando menos en lo que a un servidor concierne, ya se sabe periodista de los de antes, o sea trasnochado, pero aún así firmemente convencido que nuestra función es contar lo que el poder no quiere que se sepa, es que la inmensa mayoría de los medios de comunicación han terminado por convertirse en unas simples correas transmisoras de este poder económico, ya que son los consejos de administración de las grandes corporaciones financieras quienes los financian ya sea comprándolos o condicionándolos a través de la publicidad, tanto directa como indirecta. Todo lo que sabemos lo sabemos porque resulta conveniente, necesario, provechoso para quienes nos transmiten la información. El resto, o sea, lo que no quieren que sepamos hay que rastrearlo minuciosamente en publicaciones marginales, emisoras de radio piratas, documentales casi, casi caseros o en los cada vez más numerosos blogs de los internautas. La información se confunde con la publicidad. La propaganda con la realidad. Y así más informados que nunca, con más medios de comunicación a nuestro alcance, vamos sobreviviendo como nos dictan las grandes corporaciones económicas que nos han esclavizado. Ya saben, quienes, durante décadas, nos han estado vendiendo coches todos terrenos, viajes al Caribe, móviles de última generación , microondas, apartamentos en la playa, televisiones con pantalla de plasma, partidos de futbol a todas horas, medicamentos antidepresivos y un montón de cosas que, en realidad, no necesitábamos para nada y que ni siquiera podíamos pagar.
Los medios de comunicación, la mayoría, ya no son el cuarto poder. Los periodistas, la mayoría, trabajamos para el poder. No por vocación. Se lo aseguro. Sino por que es quien paga. Más o menos lo que le sucede a usted.

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Discreción, secretismo e inmovilismo

Ya ha pasado más de una semana del encuentro secreto en Moncloa entre Mariano Rajoy y el lehendakari Iñigo Urkullu y la sociedad vasca sigue sin conocer en detalle lo que se trató en esa reunión. Parece ser que, en líneas generales, el lehendakari planteó a Rajoy la necesidad de dejar atrás el inmovilismo y avanzar con el proceso que acabe de una vez por todas con la sombra que ha arrojado ETA sobre nuestra historia de las últimas décadas.

Claro que esto son especulaciones basadas en rumores o en filtraciones, más o menos interesadas, de personas que no estuvieron en esa reunión. Encuentro al que habría que sumar algún otro con líderes socialistas del que tampoco ha trascendido demasiado y que habría servido como preparación del que se celebró el pasado martes en Moncloa. La realidad es que, una vez más, se ha dejado al margen al conjunto de la sociedad vasca, que no ha sido informada de nada de lo que se ha tratado en esas reuniones.

¿A qué responde este secretismo? Urkullu y la cúpula del PNV hablan de discreción, como si fuese un mal inevitable para conseguir un fin necesario. Parece ser que la luz y los taquígrafos no son del agrado de los partidos mayoritarios, que no quieren arriesgar sus estrategias electorales con debates públicos en una cuestión que afecta a toda la sociedad, pero a la que se deja al margen en un supuesto acto de responsabilidad política. Los ciudadanos tendremos que esperar a que dentro de diez años alguien escriba un libro o realice un documental sobre el tema para enterarnos de todos estos movimientos en torno al final de ETA.

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La mujer decide, la sociedad respeta, el Estado garantiza, y la Iglesia no interviene

Tras dos años de gobierno, al final el Partido Popular va a cumplir una, quizá la única, de sus promesas electorales. Se trata de la nueva regulación del aborto. Como no podía ser de otra forma, en aplicación de la neolengua a la que nos ha acostumbrado este gobierno le coloca un nombre ("Anteproyecto de Ley Orgánica de protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada") que dice casi lo contrario del contenido real del proyecto de ley. De la misma forma que las famosas “sostenibilidades” del sistema nacional de salud, o de las costas, o la ley de “seguridad ciudadana”, que lo único que asegura es que si manifiestas tu libertad de pensamiento y expresión en contra del gobierno puedes acabar muy mal.

En el tema del aborto el debate puede ir muy lejos. Podemos hablar sobre cuándo empieza la vida, pero para ello deberíamos definir primero qué es vida y, más aún, qué es vida humana. Ahora mismo no estoy seguro de que la ciencia pueda, y no creo que deba, afirmar con seguridad en qué momento empieza esta vida. Digo que no creo que deba porque este debate está demasiado influido por ideas ajenas a la ciencia; ideas religiosas que afirman que la vida es un don de Dios, sólo basadas en la fe.

Si definimos la vida como la capacidad de existir de forma independiente y separada del cuerpo materno, el feto no es viable hasta pasados unos cuantos meses de embarazo; momento en el que, si se adelantara el parto, sería posible su vida fuera del útero. Pero si entramos en el debate de qué es vida humana, las “exigencias” serían mayores y no sólo afectarían al caso del aborto sino de la eutanasia, por ejemplo; y este es otro debate, que da para mucho.

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A veces, los buenos ganan

En este país de infantas sin escrúpulos, maléficos políticos, de pandereta o misa diaria, o ambas cosas, guardias civiles a la caza de emigrantes envueltos en sueños. Y, en definitiva, donde los dueños del poder juegan con la infamia, no siempre es fácil elegir solo un tema sobre el que descargar la crítica y, a veces, la rabia.

Hoy, quiero escribir sobre los inmigrantes: esos seres humanos que un día sufrieron el duelo de los adioses: pocas situaciones son tan dramáticas como dejar el amor (del tipo que sea) detrás. Muchos se juegan la vida y demasiados la pierden. Lo vemos con frecuencia.

Sin embargo, hay formas diferentes de referirse a la inmigración.

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The Infantita's Team

Eso de "no me consta, no lo sé y no lo recuerdo" me suena a aquéllo de "lo siento, me he equivocado y no volverá a pasar". Y me lo recuerda por esa especie de instrucción de los Servicios Jurídicos y de Comunicación de Zarzuela en lo referente  a efectuar declaraciones cortas y con tres ideas básicas. Ni dos ni cuatro: Tres. Pero vayamos por partes: 

En la vida he visto algo tan inusual como que un imputado disponga de su propia defensa a la que se adhiera la Abogacía del Estado, la Fiscalía y órganos dependientes de diferentes ministerios. Ello sin contar con la intromisión del presidente del Gobierno que, al parecer, lo de la independencia entre los poderes del Estado le debe sonar a su típico "vaya usted a saber" precedido de un "mire usted". Y en la vida he visto como se puede plantear, teniendo todos los medios al alcance una defensa tan absurda como quijotesca, propia de un país de pandereta donde, vengo observando, que hay gentes que ya no solo se carcajean en la primera clase de un avión sino que ya lo vienen haciendo desde sus reales cunas.

Uno de sus letrados, Silva, nos viene a contar que Cristina no sabía nada porque tenía una confianza ciega en su marido. O sea, la milonga de lo híce por amor. No vale. Seguimos, tenemos a otro de sus letrados, Roca, que ni pestañea cuando declara: "además de infanta, es madre, trabajadora y ama de casa". ¿Qué no se ríen? Pues suena a chufla salvo que se hayan creído (que se lo creen) que los ciudadanos somos una suerte de plebe ignorante o, para entendernos, que somos sencillamente idiotas.

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Luz, taquígrafos, cocina y política

Según una encuesta del CIS los políticos son el cuarto problema que más preocupa a los ciudadanos españoles. Y por encima de él el paro, que hace sufrir demasiado a la gente, la corrupción y el fraude que afecta en gran medida a la clase política, y la economía que dirigen con una buena dosis de fracaso los políticos. En suma, que la Política y quienes la ejercen han caído demasiado y los ciudadanos no parecen dispuestos a restituirles la reputación perdida. No es extraño que suceda así. Al desarme ideológico, que se dio en llamar el “ocaso de las ideologías”, hay que añadir los episodios de la corrupción y el nepotismo protagonizados por unos políticos mucho más preocupados por lo suyo que por lo de todos.

Sin embargo soy de la opinión de que no solo es el fondo lo que está deteriorado en la Política, sino la forma. Tal vez sea debido a la desidia con que muchos políticos han actuado desde los cargos públicos que han ocupado. Y como, para llegar a ocupar dichos cargos, en algunos casos había que extremar el ejercicio de ciertas “virtudes” en el seno del partido correspondiente (sumisión a la dirección, ductilidad y maleabilidad en las acciones) los partidos se han ido desarmando y convirtiendo en sociedades de amigos o compañeros, sin otro compromiso que la fidelidad a cuanto dice la Dirección, que no siempre coincide con lo que dice el Partido. Este modo de obrar apenas perjudica a la derecha, que aboga por defender intereses, pero ha infligido un K.O. inapelable a la izquierda que, en el rincón del cuadrilátero malamente resuella, como un púgil noqueado. Quienes suministran los cuidados al púgil, que son gente sumisa a la dirección, restañan los pómulos y paran las hemorragias allí donde brota la sangre, pero saben que su misión más perentoria es tirar la toalla en cuanto la situación se ponga irresistible. En modo alguno propondrán al día siguiente cambiar al púgil o el modo como el púgil boxea. Al fin y al cabo él es la Dirección, y debe ser preservada a toda costa.

En el mismo diario en que leo los resultados del sondeo del CIS, del jueves para más señas, leo que el Lehendakari había tenido una reunión nocturna de dos horas en Madrid, dos días antes, con Mariano Rajoy, y que el mismo Lehendakari se había reunido cuatro días antes con Rubalcaba en un despacho ocasional de Bilbao, a media tarde, es decir de forma “semiclandestina”. ¿Extraña que la Política y los políticos se hayan convertido en un problema? ¿Extraña que no se confíe en ellos, que consideran que las cosas de la Política hay que hablarlas en secreto, sin que los ciudadanos sepan realmente a qué dedican su tiempo? Porque lo grave es que el secretismo se rompe para dictar a un periodista los datos que a cada cual le interesen, casi siempre verdades de Perogrullo o simplificaciones oportunistas.

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¿Puede Europa hacer algo más?

Pese a las denuncias, pese a los miles de folios ya escritos en torno a casos como los de Filesa antes o la Gürtel ahora; pese a los papeles de Barcenas o a la fantasmagórica actividad del Instituto Noos; pese a que se pueda cobrar por un cargo que no se ejerce o por un trabajo que no se desarrolla, aquí no pasa nada. Siempre pasa nada. La corrupción continúa campando tan tranquila, pese al asco ciudadano que produce.

Por si hubiera alguna duda, la Comisión Europea acaba de divulgar un informe en el que se precisa con claridad que la corrupción dentro de la UE es una práctica tan extendida que le cuesta a la economía 120.000 millones de euros al año.

El estudio, avalado por la comisaría de Interior Cecilia Malmstron, señala a España como un miembro “cualificado” en este asunto. Vamos, que se registra como uno de los Estados donde más casos de corrupción se producen. Apunta cómo áreas de preferencia para esos episodios las que tienen que ver con la financiación de los partidos políticos, el desarrollo urbanístico y la contratación pública (ni se mencionan los relacionados con la familia real).

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