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Asamblea: mandar obedeciendo

Necesariamente todos los movimientos a partir de ahora en Podemos Euskadi deben ser constructivos

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El portavoz de Podemos en Euskadi denuncia una agresión de críticos abertzales

Nagua Alba, Lander Martínez y Pili Zabala EFE

En la pasada reunión del Consejo Ciudadano de Podemos Euskadi se ha decidido la convocatoria de una Asamblea Ciudadana Ordinaria que supondrá un nuevo debate político con la posterior elección de nuevos órganos de dirección. Aunque a algunas personas les pueda parecer extraño no lo es, lo lógico en un partido asambleario es que se celebren asambleas y en este caso era algo esperado por varias razones. Un motivo capital es que no se realizó un análisis ni profundo ni suficiente de las elecciones autonómicas, su desarrollo y sus consecuencias.

A pesar de que hubo círculos que debatieron sobre la campaña y los resultados remitiendo su valoración a la dirección, solo hubo manifestaciones que no satisficieron a la mayoría. La convicción, que supimos transmitir, de que éramos una fuerza transformadora y radicalmente democrática es lo que nos llevó a obtener los extraordinarios resultados de los dos comicios anteriores a las elecciones autonómicas.

La excusa del voto dual no es válida cuando se retrocede al nivel de nuestros comienzos en solitario, sin los coaligados que llevábamos en esta ocasión. La primera reflexión debió de haber sido que no se supo aplicar nuestra naturaleza transversal e inclusiva a lo que se proponía para la realidad de Euskadi. Cual había sido la razón de este desacierto en las propuestas es una pregunta pendiente. Una parte de la militancia permanecía desconcertada ante algunas oscilaciones sin una previa aclaración de sus razones.

Posiblemente se pospusieron labores por la proximidad de la Asamblea Ciudadana Estatal de Vistalegre II. Pero siete meses después seguíamos sin realizar el análisis que se demandaba de los resultados autonómicos y sin el examen de lo acontecido en Vistalegre II y su forma de aplicación al ámbito autonómico. Máxime cuando de la Asamblea Ciudadana Estatal salió reforzado el concepto de plurinacionalidad. No se había visto ningún movimiento claro ni constructivo en este sentido por parte de la dirección ni por parte del sector que se reclamaba como el más afín a las tesis que prevalecieron en febrero.

Porque necesariamente todos los movimientos a partir de ahora deben ser constructivos. Las prácticas dentro del partido tienen trascendencia en cuanto que muestran las esperables en las instituciones. La siguiente cita electoral va a ser crucial para Podemos porque la política municipal es la más difícil, es la política de proximidad, de las soluciones precisas a los problemas concretos. En ese ámbito sobran las grandilocuencias, las generalidades y no se puede recurrir a optimizar las carencias y las malas prácticas de los demás partidos en forma de protesta. A la cita municipal hay que concurrir con solvencia, con un trabajo político previo y riguroso, con diagnósticos ceñidos a la realidad de los que resulten propuestas que aúnen sensatez y audacia.

En está ocasión la labor política va a ser más ardua porque hay que levantar la costra de la mentira de la superación de la crisis. Nuestros servicios públicos están siendo recortados y van perdiendo calidad. Nuestra industria cada día nos da una nueva mala noticia. Una vez han consumido las ayudas públicas se desmoronan las empresas sin que sepamos qué ha pasado con el dinero de todos. La realidad es la de un país donde la pobreza se ha profundizado y se ha feminizado. Donde la media de ingresos de salarios y pensiones está bajando, donde los ahorros de las familias están descendiendo de forma preocupante. Donde se está instalando el silencio de los que cada vez tienen menos, avergonzados de su suerte frente a los incomprensibles datos de población satisfecha que nos muestran los medios.

Porque lo que se está haciendo es disciplinar en la penuria a una gran parte de la ciudadanía. Dividirnos entre los que cuentan porque pueden y votan lo que deben y el resto que cada vez cuenta menos aunque sea más numeroso. Esa es la realidad con la que vamos a batallar en nuestros pueblos y ciudades, tener que decir sin miedo lo que no está bien pero ofreciendo alternativas para el desarrollo colectivo.

Quizá haya quien se sorprenda de que saludemos la convocatoria de una asamblea con un texto con contenidos críticos, pero decidimos ser transparentes y si estuviéramos de acuerdo en todo nos sobrarían las asambleas. Si hubiera unanimidad sin discusión sería el signo inequívoco de que responderíamos a un poder vertical en el que quienes se habrían alzado con el mando reparten prebendas a cambio de obediencia y nuestro propósito es acabar con eso en la vida política. Se nos está reprochando vivir en permanente crisis y se pone el foco entre los partidarios de una u otra familia política.

No nos extraña que no se comprenda nuestra realidad. No nos extraña que el debate político lo entiendan como pelea quienes beben del desprecio que siempre ha mostrado la derecha hacía los que osaban hacer política no siendo políticos profesionales o siendo gentes de condición modesta. Pensamos que esas opiniones negativas expresan la imposibilidad de ver que esta asamblea la han exigido un gran número de militantes, de esa militancia de Podemos compuesta por gentes insumisas, y la dirección no ha podido hacer otra cosa que convocarla porque era lo que se debía hacer. Mandar obedeciendo.

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