eldiario.es

Menú

Leonard

Tarde o temprano, todos tendremos que levantarnos de la mesa y lo más elegantemente posible, como Leonard, abandonar la partida

- PUBLICIDAD -
El cantante Leonard Cohen falleció tras sufrir una caída durante la noche

El cantante Leonard Cohen falleció tras sufrir una caída durante la noche EFE

El secreto para alcanzar la felicidad es aceptar que el mundo es un lugar horrible que escribiera Bertrand Russel así que hace tiempo que los medios de comunicación adquirieron el hábito de mostrarnos únicamente las tragedias que se suceden en el planeta con el propósito, supongo, de facilitarnos la tarea recomendada por el filósofo británico.

Durante la sobremesa de todos nuestros días la televisión, por ejemplo, no hace más que mostrarnos manadas de niños famélicos, mujeres apuñaladas por hombres destruidos, políticos que se corrompen por una mínima ración de codicia, cadáveres desmembrados que se amontonan en la calle tras cualquier atentado, hectáreas de bosques devoradas por incendios fabulosos o inmigrantes subsaharianos ahogados frente a las costas de nuestro paraíso occidental.

El diablo sabrá por qué, pero lo cierto es que a la hora de elegir, los propietarios de los medios han elegido lo peor de la especie para mantenernos puntualmente informados del último asesinato, la última violación, la última hazaña terrorista, el último comunicado imbécil de cualquier grupo de psicópatas o la última disertación de algún tertuliano pronunciando por milésima vez las palabras relato o populismo para demostrarnos, supongo, su altura intelectual. En esto ha terminado derivando el negocio al que hace ya muchos años pertenezco.

Si queremos expresar la derrota común procuremos hacerlo siempre dentro de los estrictos límites de la dignidad y de la belleza.

Todas estas desgracias parecen la suma exacta del tiempo que nos ha tocado vivir. Aunque, en verdad, no son más que un limitado fragmento de la realidad hacia el que han sido enfocadas todas las cámaras. Pero más allá de estas cámaras existe otra realidad que nunca es televisada: la vida de las personas que, perdidas en el tránsito diario, anónimas, sobrellevando como buenamente pueden las propias desdichas, trabajan como científicos, profesores, enfermeras, taxistas, dependientes, médicos o músicos callejeros; personas que cuidan enfermos, pasan los fines de semana con minusválidos, cocinan para el disfrute de sus amigos, mantienen distraídos a los niños, limpian las casas que habitamos con la misma minuciosidad con la que las monjas de clausura, hace ya tiempo, hilaban tapices o escriben para mostrarnos lo que desconocemos o para recordarnos, como hiciera Leonard Cohen, que si queremos expresar la derrota común procuremos hacerlo siempre dentro de los estrictos límites de la dignidad y de la belleza...

Nada de lo que estas personas hacen interesa a los medios porque lo que a ellos les resulta extraordinariamente rentable es que cada día comprobemos que el mundo es un lugar horrible, como bien dijera Bertrand Russell, mientras que nosotros, los afortunados, nos damos diariamente con un canto en los dientes porque, de momento, tenemos salud, trabajo, compañía, bares en los que emborracharnos, una cuenta en Twitter donde desfogarnos y la inteligencia justa para comprender que, tarde o temprano, todos tendremos que levantarnos de la mesa y lo más elegantemente posible, como Leonard, abandonar la partida.

- PUBLICIDAD -
- Publicidad -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha