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Déficits democráticos

Propongo obligar a nuestros representantes políticos a que hagan un cursillo intensivo sobre feminismo. Que quien lo suspenda no se pueda presentar a las elecciones.

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Iglesias es llamado al orden durante un incidente de los diputados de Podemos

EFE

Como feminista, tengo que reconocer que las palabras del alcalde de Alcorcón ni me han ofendido ni me han molestado. Solamente me han retrotraído a épocas pasadas, en las que teníamos que oír todo tipo de insultos cuando reivindicábamos el aborto o una sexualidad libre. Las manifestaciones del alcalde de Alcorcón son las palabras de un machista inculto que nada sabe de la lucha por la igualdad.

Personalmente, me preocupan más las declaraciones de Pablo Iglesias, un hombre culto y empeñado en cambiar esta sociedad. No acierta el señor Iglesias cuando dice que “la feminización de la política no se logra con que haya más mujeres en puestos de responsabilidad en los partidos, sino llevando a la política el concepto de cuidar del otro”. Vayamos por partes. Para que una sociedad sea plenamente democrática es imprescindible que las mujeres participen en la misma medida que los varones en todo aquello que afecta a la vida pública. La paridad es un tema de justicia social. Pero eso no es suficiente. Paralelamente, los varones deben responsabilizarse de todo lo relativo a la vida privada; entre otras cosas, de lo referente al cuidado. Para ello, no sólo hay que cambiar determinadas leyes y cumplir otras que están en vigor, sino que los varones deben cambiar sus hábitos cotidianos, incompatibles con una auténtica corresponsabilidad.

Con respecto a la expresión “feminización de la política”, tengo que reconocer que no me gusta, pero, si la aceptamos, entiendo que tiene dos vertientes: una mayor presencia de mujeres en puestos de responsabilidad (ya sean políticos, sindicales, empresariales o de otro tipo) y la universalización de determinados valores asignados a las mujeres. Y con “determinados valores” quiero decir que no todos los valores femeninos son universalizables, ya que algunos nos han llevado históricamente a la sumisión al varón y a ser meros objetos sexuales.

Para que una sociedad sea plenamente democrática es imprescindible que las mujeres participen en la misma medida que los varones en todo aquello que afecta a la vida pública. La paridad es un tema de justicia social

En las sociedades más tradicionales, a las mujeres se les prohíben determinados derechos y se les impone un determinado rol, completamente distinto al del varón. Ahí la discriminación es evidente, y el cambio de leyes es un objetivo básico para la igualdad. En los países desarrollados, sin embargo, las mujeres somos, teóricamente, iguales, y tenemos libertad para elegir el tipo de vida que queremos, pero las costumbres, las tradiciones y las normas no escritas, así como el incumplimiento de algunas leyes, nos impiden ejercer esa libertad.

Muchos de los debates que actualmente se plantean en nuestra sociedad se resuelven a golpe de tweet, de rueda de prensa improvisada o de petición de perdón (por cierto, con más cinismo que arrepentimiento). No creo que sea la forma más adecuada para abordar determinados temas, y menos los relativos a la igualdad, ya que tenemos serios déficits democráticos en esa materia. Por ello, y para empezar a solventarlos, propongo obligar a nuestros representantes políticos a que hagan un cursillo intensivo sobre feminismo. Que quien lo suspenda no se pueda presentar a las elecciones.

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