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Elecciones locales 2015: un primer vistazo desde Euskadi

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En unas elecciones locales los resultados, nunca mejor dicho, siempre van por barrios. Y estas en concreto, que además de locales se han mostrado un punto “locuelas” (según el DRAE: “Dicho de una persona: De corta edad, viva y atolondrada”), hace que el análisis pormenorizado exija dedicar más tiempo que en otras ocasiones. Así pues, tómese lo que sigue como una primerísima y muy general reacción a lo ocurrido ayer. Todos los datos proceden de la web del Ministerio del Interior.

1.- Empezando por lo obvio, el PNV se consolida como referencia política central en Euskadi. Si en 2011 obtuvo el 30% de los votos y 872 concejales, en 2015 ha aumentado su porcentaje de votos hasta el 33% y el número de concejalías a 1.017; en total, casi 34.000 votos más. ¿Cómo puede explicarse este fenómeno? Como hemos visto en diferentes convocatorias electorales, no sólo en el escenario nacional sino también en el internacional, ser partido de gobierno en época de crisis no es precisamente contar con una carta de triunfo; al contrario, es algo que pasa factura. Pero no en el caso del PNV. ¿O tal vez habría que decir “de este PNV”? Bajo el liderazgo de Iñigo Urkullu, el partido jeltzale ha sido capaz de presentar su mejor cara al electorado vasco: la de un partido responsable, centrado en la gestión, que no genera conflictos, con una clara dimensión social: extraditado el seny de Cataluña, este ha encontrado un nuevo oasis de sensatez en Euskadi. ¿Y lo de la corrupción?, dirán algunos. Comparado con lo que ocurre en España, lo de aquí parece simple menudeo.

2.- A pesar de la pérdida de algunas de sus plazas fuertes, especialmente Donostia-San Sebastián, EH Bildu apenas ha disminuido su porcentaje de voto en dos puntos porcentuales (del 25,45% de 2011 al 23,40% de ayer), aunque esta brevísima diferencia ha supuesto bajar de 954 a 896 concejales y perder 22.000 votos en toda Euskadi. Lo más importante, en mi opinión: la izquierda abertzale ha abrazado definitivamente la democracia representativa, con todo lo que ello supone. Al fin se han convertido en aquello que combatían hace cuarenta años.

3.- El PSE continua su lento pero implacable descenso: del 16,34% del voto y los 235 concejales de 2011 al 14,55% y los 203 concejales de hoy; en conjunto, 19.000 votos menos. En este caso, sería muy necesario bajar al nivel de los “barrios”, pues las dinámicas del voto socialista dibujan realidades muy curiosas: los casos tan distintos de Barakaldo y Portugalete, o de Bizkaia y Gipuzkoa. ¿Por qué en unos se pierde y en otros se gana? Otra cuestión de mucho interés: estas elecciones han dejado claro que aunque el PSE es el partido de la izquierda-no nacionalista que más votos recibe, ya no recibe la mayoría de estos votos de izquierda. La “constelación-Podemos” suma más votos, aunque su dispersión minimice su presencia en Euskadi.

4.- El PP vasco se ha estrellado contra el PP español y ha pagado la factura del fiestorro del austericidio y la corrupción al que se han entregado con frenesí sus camaradas: una caída del 13,53 al 9,41% de votos (44.000 votos menos que en 2011) y una pérdida de más de 80 concejalías. Poco más hay que añadir.

5.- En cuanto a “los nuevos”, Euskadi desberdina da. Ciudadanos no cuaja y el Podemismo se enfrenta contra sí mismo. Su división suma aritméticamente, pero resta políticamente. No tiene pinta de que esto se vaya a volver Barcelona o Madrid, lo cual es una lástima, pero al menos las nuevas agrupaciones han roto el bipartidismo nacionalista (PNV/Bildu) característico de muchas localidades costeras, como Bakio o Bermeo, y recogen un voto de izquierda que el PSE no ha sabido atraer, evitando su desaparición por el agujero de la abstención.

6.- Por último, una breve referencia a los casos de Vitoria y de Sestao, donde dos alcaldes denunciados por sus actitudes hacia la inmigración (no entro ahora a valorar los casos) han conseguido unos resultados sobresalientes. ¿Es que acaso la sociedad vasca está derivando hacia escenarios tan preocupantes como los que se vienen delineando en otros lugares, con un electorado crecientemente orientado hacia discursos formalmente xenófobos? No lo creo. De hecho, Juan Maria Aburto ha cosechado unos excelentes resultados en Bilbao a pesar de que en su momento hubo quienes quisieron utilizar en su contra su firme apuesta a favor de la RGI y en contra de la estigmatización de determinados colectivos de personas inmigrantes. Más bien creo que: a) los responsables políticos tienen una enorme capacidad de construir la “zona de aquiescencia” (Pippa Norris), es decir, el espacio de los que se puede/debe o no decir en el debate sobre la imigración; b) que cuando los responsables políticos optan por un discurso o por otro, están pulsando unas teclas que existen en la sociedad: tanto la tecla compasiva como la implacable; y c) que las organizaciones que trabajan en favor de las personas inmigrantes deben ser más conscientes de que su oposición a los discursos y comportamientos susceptibles de generar aquiescencia hacia la xenofobia debe ser frontal, sí, pero también inteligente, ya que hay formas de plantear esta oposición que pueden dejarnos internamente muy satisfechos, pero que desde una perspectiva estratégica resultan nefastas.

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