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Euskadi, entre la opinión pública y la publicada

Si lo que se pretende no es hacer una reforma estatutaria que sirva al bienestar de los ciudadanos, sino reafirmar una vez más la doctrina y el poder del nacionalismo, a lo mejor es preferible que nuestro Estatuto se quede como está

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Gure Esku Dago da inicio a su consulta en 13 localidades vascas con algunas de las urnas utilizadas en Cataluña el 1-O

Euskadi y España cada vez se parecen más, aunque sólo sea porque también aquí rige esa famosa diferencia, aireada en su día por Felipe González, entre la opinión pública y la publicada. De acuerdo con la primera, el desempleo y las crecientes desigualdades sociales generadas por la crisis económica son las preocupaciones prioritarias de los vascos. De acuerdo con lo que se refleja en nuestros medios de comunicación, lo que nos quita el sueño es el 'derecho a decidir', considerado elemento clave de la futura reforma de nuestro marco de autogobierno.

La avalancha de análisis y debates mediáticos que el 'derecho a decidir' está suscitando contrasta abiertamente con la escasa importancia que se le ha venido dando en el ámbito institucional. Ni está ni se le espera en el cuadro de preocupaciones ciudadanas que periódicamente reflejan nuestros sociómetros. Tampoco figura de manera relevante en el acuerdo de Gobierno que sirvió para conformar el Ejecutivo de coalición entre socialistas y nacionalistas.

Un acuerdo que, en su mismo encabezamiento, estaba pensado para construir una Euskadi con "más y mejor empleo, más equilibrio social, más convivencia y más y mejor autogobierno". Por ese orden, y no por casualidad. Aunque, si quisiéramos alterarlo, poniendo el acento en el nuevo Estatus, podríamos decir que deseamos contar con más y mejor autogobierno para hacer posible que tengamos más y mejor empleo, más igualdad social y más convivencia. De ahí que no le falte razón a la secretaria general del PSE-EE, Idoia Mendia cuando reclama como máxima aspiración de una buena reforma estatutaria el blindaje efectivo de los derechos sociales de los ciudadanos vascos.

Es una aspiración tan razonable, que debería estar en el centro del debate sobre el 'nuevo estatus'. Pero no lo va a estar. La 'marca de la casa' del socialismo vasco no es la del nacionalismo, en todas sus vertientes. La suya sigue siendo el orgullo nacional: que Euskadi se convierta en una nación que se relacione 'de igual a igual' con España; es decir, la historia del derecho a decidir, de cualquiera de las maneras que pueda camuflarse; incluyendo en ellas ese nuevo 'look' de autonomismo de última generación que EH Bildu se ha fabricado hurgando en la guardarropía del PNV.

Parece que algo del "Esto se ha acabado" de Puigdemont ha llegado a entrar en el cerebro de Arnaldo Otegi, seguramente consciente de que al "derecho a decidir" se le ha pasado el arroz, por su clara inviabilidad; y algo habrá que hacer para seguir teniendo animada a la afición con sucedáneos mientras se decide cómo se acaba de vestir al muñeco.

Me temo que hay que tener mucha imaginación para meter el 'derecho a decidir' en el molde, bastante confuso, de los 'derechos históricos'

El programa de festejos de Gure Eusko Dago puede ser el entretenimiento necesario para que el senderismo nacionalista vaya haciendo camino al andar en esta etapa intermedia. Y más en un año en que las ansias de la sociedad vasca por votar su independencia se van a ver reflejadas al máximo. Basta recordar que la consulta que la plataforma independentista tiene programada este año para San Sebastián podría pulverizar la participación masiva en otras ya realizadas, hasta llegar a ¡un 23 % de donostiarras que se acerquen a las urnas!

Y luego ya se verá. A lo mejor hay que mancharse las manos con algo de españolismo para llegar a los máximos objetivos nacionales deseables. Lo del "París bien vale una misa" puede perfectamente actualizarse con la idea de que "el derecho a decidir bien vale un poco de ingeniería constitucional". Ésa que contribuye a legitimar el Concierto Económico siempre que le llueven chuzos de punta desde el centralismo recalcitrante. O la que ahora alude a la vía de la actualización de los derechos históricos, como solución para no entramparnos en un "debate nominalista", al decir del PNV.

Me temo que hay que tener mucha imaginación para meter el 'derecho a decidir' en el molde, bastante confuso, de los 'derechos históricos'; aunque sólo sea porque no sabemos quiénes son sus depositarios: ¿los “territorios forales”, como asegura la disposición adicional de la Constitución Española? ¿o el “pueblo vasco”, según se expresa en el Estatuto de Autonomía? ¿O a lo mejor con tal vía lo que se pretende es que, al final, se pueda volver a asegurar que lo mejor de la Constitución  es que tiene una “puerta de salida” para abandonarla? La misma puerta de salida que ofrecía el Estatuto de Gernika, según Joseba Egibar, en la época gloriosa del “ser para decidir”, cuando el Estatuto estaba muerto.

¿El Plan Ibarretxe, pues, aunque con un poco más de vaselina? Si así fuera, habría que concluir que para este viaje no harían falta semejantes alforjas. Si lo que se pretende no es hacer una reforma estatutaria que sirva al bienestar de los ciudadanos, sino reafirmar una vez más la doctrina y el poder del nacionalismo, a lo mejor es preferible que nuestro Estatuto se quede como está. No es tan malo a fin de cuentas. No recoge el “derecho a decidir” la independencia de Euskadi. Pero hace posible que las instituciones vascas decidan sobre lo que tiene que ver con la calidad de vida de la gente. Sólo hace falta voluntad para decidir. Los socialistas vascos la han tenido y, por eso, este país dispone de una Ley que consagra de manera efectiva el derecho a la vivienda. Es un ejemplo, entre tantos que se podían enumerar.

Javier Arteta

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