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Insultante

Si el tema del cuidado a la infancia no se plantea en toda su complejidad, las soluciones que se adopten para resolver los problemas de natalidad no serán tales, sino parches que tendremos que arreglar cada cierto tiempo

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EFE

El Ministerio de Sanidad italiano ha puesto en marcha una campaña para animar a las mujeres a que sean madres cuanto antes. El lema: “La belleza no tiene edad. La fertilidad, sí”.  Si la campaña en sí me parece un insulto a la ciudadanía, y especialmente a las mujeres, a quienes se considera responsables de los bajos índices de natalidad, qué decir del vínculo que se establece entre belleza y fertilidad. Realmente obsceno. Pero hay más. La ministra de Sanidad, Beatrice Lorenzin, quiere promover el día 22 de septiembre como “Día de la fertilidad”, algo que nos retrotrae a las épocas más oscuras de la historia de Europa, donde los dictadores animaban a las mujeres a tener hijos para la patria. Afortunadamente, las críticas no se han hecho esperar. Hasta el primer ministro, Mateo Renzi, ha comentado que “si se quiere crear una sociedad que apueste por el futuro, se deben crear las condiciones estructurales: guarderías, servicios y trabajo”.

El de las bajas tasas de natalidad es un tema recurrente en Europa desde hace más de cuarenta años, y cada cierto tiempo la clase política de nuestro entorno más próximo nos sorprende con fórmulas tan simples como reaccionarias.

Países como Suecia, Noruega, Dinamarca o Finlandia han resuelto sus problemas de natalidad con más servicios sociales y con medidas que favorecen la conciliación de la vida laboral y familiar. Pero, al parecer, los buenos ejemplos no nos sirven. En España, Portugal o Italia, por poner unos ejemplos, los políticos prefieren seguir recurriendo a soluciones del pasado para resolver los retos del futuro.

Paralelamente a la creación de servicios públicos para la infancia y al cambio de leyes que impulsen la corresponsabilidad, urge un debate profundo sobre cómo organizan su vida diaria hombres y mujeres

Si el tema del cuidado a la infancia no se plantea en toda su complejidad, las soluciones que se adopten para resolver los problemas de natalidad no serán tales, sino parches que tendremos que arreglar cada cierto tiempo. María Pazos, en su libro Desiguales por ley, expone tres medidas cruciales para abordar correctamente la atención a la infancia: 1) permisos iguales, intransferibles y pagados al 100% para cada progenitor; 2) universalización del derecho a la educación infantil de calidad desde los 0 años; y 3) horarios cortos y racionales en el trabajo a tiempo completo para todas las personas. 

Esas medidas son necesarias, en mi opinión, pero no son suficientes. Paralelamente a la creación de servicios públicos para la infancia y al cambio de leyes que impulsen la corresponsabilidad, urge un debate profundo sobre cómo organizan su vida diaria hombres y mujeres: los horarios laborales, el tiempo de ocio, el tiempo que cada uno de ellos dedica al cuidado, etc. No necesitamos campañas, ni días especiales para animar a las mujeres a procrear, sino programas políticos que pongan en el centro del debate el tema del cuidado y que apuesten decididamente por una sociedad en la que mujeres y hombres tengan los mismos derechos y deberes. Podemos aprovechar el día 22 de septiembre para convertirlo en un día de reflexión sobre el tema.

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