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Nuevos retos en la movilidad urbana

Hoy día casi nadie pone en cuestión que uno de los desafíos más importantes que tenemos en el presente siglo en nuestras ciudades es la movilidad urbana.

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Marcha cicloturista en Santander

Marcha cicloturista

Del 16 al 22 de septiembre se celebra la Semana Europea de la Movilidad 2017, también en Euskadi y Navarra, para fomentar hábitos de movilidad saludables y respetuosos con el medio ambiente en la ciudadanía. Las capitales vascas y navarra así como numerosos municipios de nuestra comunidad, con el apoyo del Gobierno vasco, a través de la Udalsarea 21 (Red Vasca de Municipios hacia la Sostenibilidad), participarán en las actividades programadas con diversas iniciativas para generar un cambio de hábitos en la movilidad.

Esta iniciativa surgió en Europa y a partir del año 2000 contó con el apoyo de la Comisión Europea. Se celebra cada año, del 16 al 22 de septiembre, realizando actividades para promocionar la movilidad sostenible y fomentando el desarrollo de buenas prácticas y medidas permanentes. El 22 de septiembre se celebra además el evento ¡La ciudad, sin mi coche!, origen de esta iniciativa europea, que pretende encontrar nuevas soluciones a los problemas asociados al aumento del tráfico en las ciudades y municipios.

Sin duda, se trata de un evento de enorme interés para participar en las diversas actividades programadas, pero también una buena oportunidad para realizar algunas reflexiones sobre la insostenibilidad que priman en muchas de las actuaciones y soluciones que se han adoptado frente la creciente demanda de movilidad.

El tema elegido este año por la Comisión Europea está centrado en la movilidad limpia, compartida e inteligente y el lema es: ¡Compartir te lleva más lejos! La Unión Europea anima a fomentar soluciones de movilidad compartida y destacar los beneficios de modos de transporte más limpios, apoyándonos en las tecnologías del transporte inteligente. Y se establecen cuatro áreas prioritarias: innovación, digitalización, descarbonización y ciudadanía.

Hoy día casi nadie pone en cuestión que uno de los desafíos más importantes que tenemos en el presente siglo en nuestras ciudades es la movilidad urbana.

Recogiendo algunos datos de los informes realizados últimamente en Europa sobre los impactos que genera la movilidad urbana, destacaría los siguientes.

Uno de ellos es el producido sobre la salud urbana y el vínculo con la polución del aire, y especialmente, con las partículas finas relacionadas con el tráfico automotor. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha creado a escala mundial, una base de datos de la contaminación atmosférica urbana, comparando los niveles de pequeñas y finas partículas (PM10 y PM2,5) en 795 ciudades de 77 países en un período de cinco años (2010-2015). Con la actualización de 2016, la OMS apunta que la contaminación del aire en áreas urbanas continúa progresando a un paso alarmante, con efectos devastadores sobre la salud humana. Más del 80% de la población que vive en zonas urbanas, donde la polución del aire se vigila, están expuestos a niveles de calidad del aire que no respetan los límites establecidos.

La movilidad urbana supone alrededor del 40% de todas las emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal causante del cambio climático

Otro tema importante es que la movilidad urbana supone alrededor del 40% de todas las emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal causante del cambio climático. En estos pasados días en que se han sucedido fenómenos meteorológicos tan extremos y tan devastadores, como la terrible tormenta tropical, bautizada con el nombre de Irma, que ha producido una espiral de muerte y destrucción por las islas del Caribe hasta el Estado de Florida, nos vuelve a poner en primer plano lo que desde hace tiempo nos vienen advirtiendo los científicos de que una de sus primeras manifestaciones del cambio climático será la intensificación de fenómenos climáticos, que son ya habituales, pero que cada vez serán más frecuentes y más devastadores.

El año 2017 figura, junto a 2014 y 2015, como el año más cálido de la historia desde que se tienen registros, y la temperatura media de la tierra sigue elevándose, y de no cumplir con el Acuerdo de Paris -último tratado internacional legalmente vinculante, establecido en esa ciudad en diciembre de 2015- podemos superar los 2ºC al finalizar el presente siglo, respecto a los niveles preindustriales (1880), que es el límite acordado en la capital francesa.

Un tercer impacto es que el actual modelo de movilidad urbana no solo causa muertes, sino también mucho dinero. La Comisión Europea estima que la congestión del tráfico en nuestras ciudades, contabilizando diversas variables como el tiempo perdido, el combustible desperdiciado, etc., asciende a 100 mil millones de euros, lo que representa un 1% del PIB cada año en la Unión Europea.

Retomando el lema elegido por la Comisión Europea para la Semana de la Movilidad 2017 y las cuatro áreas prioritarias -innovación, digitalización, descarbonización y ciudadanía-, se ve que son todas ellas vitales.

Comenzando por el fomento de soluciones de movilidad compartida, los beneficios son indudables. Se descongestiona el tráfico en los centros urbanos, se reduce la contaminación, fomentando otras redes de transporte público, etc. Se calcula que el usuario podría tener un ahorro de 2.500 euros al año (costes fijos y variables de un vehículo en propiedad) frente al coste promedio de 70 céntimos de euro por kilómetro del coche compartido.

Por otra parte, la digitalización, es decir la gestión de datos, también es muy importante, porque permite reorientar a los conductores para evitar la congestión y entresacar numerosa información para desarrollar una planificación territorial más sostenible.

También se plantea un cambio en el uso de las fuentes de energía con el vehículo eléctrico. La idea no es solo reducir el uso del coche, sino mejorar también la eficiencia de los que se sigan usando. Ahora bien, en el caso del coche eléctrico todavía es necesario superar algunas barreras tecnológicas para su implantación de forma importante como es la capacidad y autonomía de las baterías, la mejora de las infraestructuras y la capacidad de la red eléctrica. Pero, además, si bien el vehículo eléctrico no produce ninguna contaminación al circular, su potencial ecológico depende del origen de la energía que se consume. En realidad, hay que imputarle la contaminación generada para producir la electricidad que lo mueve. Si se procediera en su totalidad de fuentes renovables, entonces no produciría ninguna contaminación.

Otra cuestión fundamental es que toda política sobre otro tipo de movilidad urbana, debe implicar nuevas formas de gobernanza, mucho más participadas por la ciudadanía. Esto no es un “lujo”, sino que la experiencia demuestra que la participación ciudadana redunda a su vez en la eficiencia de las ciudades: se mejora la accesibilidad universal; la ciudad se vuelve amable, lo que hace más agradable moverse a pie o en bici, con la consiguiente reducción de externalidades negativas del sistema de transportes; y se planifica en base a las necesidades ciudadanas. De este modo, la ciudad se diseña así incluyendo a niños, mujeres y ancianos, cuestión que hasta hace poco no se ha tenido en cuenta.   

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