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Olvido

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La capacidad de olvido es una cualidad envidiable, saludable, necesaria. Necesaria no solo para conciliar el sueño todas las noches sin tener que recurrir a los tranquilizantes, sino también para levantarse de la cama todas las mañanas sin proferir demasiados insultos contra nada ni contra nadie. La cultura imperante de nuestra época, donde todo parece necesario pero nada es fundamental, no permite que las cosas duren, de modo que la capacidad de olvido ha terminado instalándose en nuestra sociedad como un huesped educado, apuesto, solícito y superficial. La moda es efímera. El arte breve. Las relaciones fugaces. Las conversaciones escuetas y la tecnología una divinidad idolatrada que utilizamos, mayormente, para soltar gracietas, sandeces, citas narcisistas y sentencias en los muchísimos twits destinados al olvido instantaneo. La consigna de este tiempo vertiginoso parece consistir en devorarlo todo a la mayor brevedad posible, no porque se esté demasiado acuerdo con Baltasar Gracián, sino para que todo pueda ser usado, tirado y olvidado al instante, al igual que se hace con la pasta dentifrica, los kleenex, el sexo, las estúpidas canciones de la radio, los menús de los restaurantes de comida rápida y las películas norteamericanas que mayor recaudación obtienen en taquilla

Todo es olvido. También en los asuntos de la política. Tal vez por eso los dirigentes del partido que nos gobierna, conocedores de nuestra escasa capacidad para retener algo en el cerebro, han decidido proclamar a los cuatro vientos la buenaventura de la "recuperación económica"

La vida tiene estas cosas. El olvido nos acompaña desde la cuna hasta el mismísimo umbral de la muerte y así, poco a poco, cumpliendo edades como quién cumple un requisito administrativo, nos vamos librando de las desgracias pasadas, los errores cometidos, las traiciones inesperadas, las inevitables desapariciones y también de los dulces instantes añorados.

Todo es olvido. También en los asuntos de la política. Tal vez por eso los dirigentes del partido que nos gobierna, conocedores de nuestra escasa capacidad para retener algo en el cerebro, han decidido proclamar a los cuatro vientos la buenaventura de la "recuperación económica". En este año electoral esa será su propaganda, su mantra, su salmo bíblico, recurrente, machacón y desvergonzado. Nuestra capacidad de olvido trabaja a su favor. También una considerable cantidad de medios de comunicación, pero los dirigentes del partido que nos gobierna, cuentan, sobre todo, que, con el paso de los días, entre datos macroeconómicos, delirios estadísticos, fanfarrias patrióticas y partidos, muchos, muchos partidos de fútbol, nos olvidemos de todo el dinero que nos han robado y de Barcenas, Alvaro Puerta, Gallardón, Camps, Cañete, Ana Mato, Jaume Matas, Carlos Fabra, Miguel Blesa, Rodrigo Rato, los deshaucios, la trama Gurtel, la ley mordaza, la pretendida ley del aborto y, ya puestos, nos olvidemos, también, de los compratiotas que más han sufrido los desastres cometidos por el gobierno de Rajoy y Sorayita Saenz de Santamaría. Nada tan necesario para sobrevivir como el olvido. Cierto. Pero mucho me temo que en nuestro país hemos convertido esta cualidad, tan necesaria para sobrellevar la propia biografía, en nuestro principal defecto histórico.

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