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Sardinas asadas

Una metáfora sobre la mesa y la campaña electoral.

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En los restaurantes actuales más modernos el precio de los platos determina su sabor: cuanto mayor es el precio más amplia es la fusión de sabores. Así una cinta de sepia con mandarina caramelizada sobre un lecho de ralladura de piña, mango y chirimoya te cuesta un riñón dado que la mezcla de sabores termina explotándote en el paladar como una bomba culinaria con efectos retardados que te acompañarán durante el resto de la jornada. La sencillez conlleva humildad.

Los primeros días soleados de la primavera han traído consigo la apertura de las cerveceras, los merenderos y los asadores. Los hombres y las mujeres que transitamos por este polvoriento país sin más pretensiones que superar estos meses de campaña electoral sin que el fantasma de los políticos que aspiran a ser elegidos se nos aparezca en mitad de la noche reclamándonos el voto, ya podemos degustar al aire libre, bajo una sombrilla decolorada por el sol o bajo un majestuoso chopo centenario, chuletas de buey, costillas de cerdo, morcillas, pimientos del Padrón, bonito a la plancha, pollos asados, sardinas a la brasa y ensaladas de lechuga y tomate salpicadas con perejil, pimienta, cilantro, vinagre de vino y unas cuantas gotas de aceite de oliva virgen extra.

La fe más extendida es la de Santo Tomás que no consiste más que creer en lo que ves. Lo mismo que en los restaurantes más modernos tienes que hacer un acto de fé para creer que los lomos de salmón noruego que te estas comiendo han sido marinados durante horas en una balsámica vinagreta de zumo de mandarina angoleña, sal marina recogida en la desembocadura del Nilo y aceite siciliano con partículas ralladas de pimienta jamaicana, en estos locales al aire libre crees fervorosamente en las sardinas asadas a la parrilla puesto que has podido contemplar como se hacían, lenta y minuciosamente, sobre las brasas del carbón mientras, en compañía de tu cuñado, tu cuñada, el jefe de tu departamento o de tu santa esposa, bebías a tragos breves pero intensos un vino blanco barato, cristalino, cabizbajo y dulzón.

En la política nacional ocurre lo mismo. El Partido Popular ha recortado la sanidad y la educación pública salvajemente, ha ejecutado una reforma laboral cavernícola, ha destrozado la cohesión social promoviendo una desigualdad propia de la Edad Media y nos ha robado toneladas de dinero público para repartírselas en sobresueldos, comisiones, contabilidades B y demás trapacerías. Lo otro, lo que ahora dicen en los mitines, los telediarios, los polideportivos o los debates no es más que una de las muchas variantes de una literatura gastronómica que bastantes veces, muchas más de las que nos creemos, acostumbra a darnos, a un precio ridículamente desorbitado, gato por liebre.

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