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La agenda vasca

¿Cuál es la agenda vasca jeltzale? Son el TAV, la incineradora de Gipuzkoa, el fracking y el continuismo de un modelo económico devastador para las persona

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Uno de los mantras más repetidos durante esta campaña electoral en Euskadi es el de que los partidos “españoles” no tienen en cuenta algo que llaman “la agenda vasca”, curioso nombre que, sobre todo los jeltzales, dan en su imaginario a aquellos temas que afectan a la CAV y que solamente ellos van a defender en Madrid. Por descontado, es una vez más el viejo truco de envolverse en la ikurriña para ganar votos despertando los –sin duda legítimos- sentimientos nacionales de una parte de la ciudadanía vasca.

De esta forma se presenta el PNV como único garante en el Congreso, allá en la capital del reino, de los intereses de una ciudadanía (vasca) a la que convierten en un todo homogéneo que no responde para nada a nuestra realidad social. Y por ende, descalifica a los que llaman “partidos españoles”, con una estrategia agresiva sobre todo contra la coalición Unidos Podemos, como si las personas que aquí trabajamos por llevar sus propuestas a la realidad, hubiésemos venido desde más allá del Ebro y no fuésemos parte de esa sociedad diversa que ellos quieren obviar.

Defender una agenda, que sea más menos vasca lo dejo a su apreciación, va mucho más allá de lo que plantea el PNV. Defender los derechos de las personas, exigir una regeneración democrática para un sistema político que ya no se adapta a la realidad social o luchar por la preservación del medio ambiente para proteger a futuras generaciones es también agenda vasca. Hay temas que no conocen fronteras, que no se pueden “adaptar” a voluntad. Si una reforma laboral es mala para los trabajadores andaluces, también lo es para los vascos, por mucho que la contrapartida sea una competencia estatutaria en una u otra materia. Y eso es algo que ya hemos sufrido.

Además, la realidad desmiente este concepto. Basta con tirar de hemeroteca. Al menos desde Equo, que en estas elecciones se presenta en la coalición Unidos Podemos, en esta mini legislatura en la que hemos contado con la representación en el Congreso de ambos coportavoces, Rosa Martínez y Juantxo López de Uralde, como diputados por Bizkaia  y Álava respectivamente, se han presentado proposiciones No de Ley sobre Cambio Climático, por un calendario de cierre nuclear que incluye, como no, el cierre definitivo de Garoña, por la protección del lobo, contra el fracking, por el fomento del autoconsumo o por la descontaminación del lindano. ¿Son temas que no afectan a la ciudadanía vasca? Yo diría que sí, que nos afectan y mucho.

Uno de los mantras más repetidos durante esta campaña electoral en Euskadi es el de que los partidos “españoles” no tienen en cuenta algo que llaman “la agenda vasca”, curioso nombre que, sobre todo los jeltzales, dan en su imaginario a aquellos temas que afectan a la CAV

Entonces, ¿cuál es la agenda vasca jeltzale? Son el TAV, la incineradora de Gipuzkoa, el fracking y el continuismo de un modelo económico devastador para las personas y el medio ambiente, que pone por delante los intereses de las grandes empresas respecto a los derechos y, en ocasiones, la propia dignidad de la ciudadanía. Los hechos desmienten lo que prometen en su programa electoral. Si no han llevado a cabo estas medidas ya en Euskadi, no es probable que las defiendan en Madrid. Arrogarse el mérito de ser la voz y la defensa de los intereses de Euskadi en Madrid es un ejercicio de arrogancia intolerable. Sobre todo porque hablar de los intereses de Euskadi supone engañar a la gente: es una clásica simplificación del nacionalismo frente a la realidad compleja de la sociedad de hoy en día.

Tampoco es cierto que partidos de ámbito estatal o supraestatal, como es el caso de Equo, que es el que conozco de primera mano, sean ajenos a los problemas concretos de Euskadi. Equo presentó hace unos meses una elaborada y valiente propuesta para un nuevo marco político que considero que es una decidida apuesta que puede aportar una respuesta a los retos, no sólo identitarios, sino también sociales, ambientales o económicos, que nos afectan. Lamentablemente, la simplificación de los mensajes no ayuda precisamente a que se abra un debate serio para afrontar estos retos. Hablar de los de aquí y los de allí o plantear la soberanía como la solución comodín para todos los temas no va ayudar precisamente a solucionar los problemas reales de la ciudadanía vasca. Esperemos que suba el nivel del debate de cara a las autonómicas, una cita que también parece que va a cambiar bastante el panorama político de la CAV.

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