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La extraña izquierda del derecho a decidir

Por suerte para la sociedad vasca, va a haber Presupuestos. Y los va a haber por acuerdo entre quienes han querido acordar y han negociado con las cesiones mutuas necesarias para que el acuerdo saliera adelante

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El portavoz de Elkarrekin Podemos, Lander Martínez

El portavoz de Elkarrekin Podemos, Lander Martínez

No acabo de entender qué Presupuestos rechazan EH Bildu y Elkarrekin Podemos. ¿Los de los “recortes sociales”? ¿Los del “artículo 155”? ¿Los de las “rebajas fiscales a los empresarios”? ¿O los que, con rebajas o sin ellas, estaban desde un principio “contaminados” por la presencia de los socialistas en el Gobierno Vasco? Si, finalmente, se hubiera acordado subir el Impuesto de Sociedades al 40 %, ¿los Presupuestos dejarían de ser los del artículo 155 y, por eso mismo, no serían merecedores de enmiendas de totalidad?

Item más, que dirían los clásicos: ¿Es la mejor forma de negociar unos Presupuestos pretender abrir una crisis de Gobierno? ¿Se hace creíble que alguien quiera dialogar con un Gobierno pidiendo la expulsión de uno de sus socios?  ¿Quería realmente EH Bildu hablar en serio de las cuentas públicas o abrir una vía de inestabilidad política en Euskadi y que nos parezcamos cada vez más a la Cataluña de Puigdemont, Junqueras y Marta Rovira? Y Elkarrekin Podemos, ¿ha hecho de verdad algún esfuerzo serio de negociación para dejar su impronta o ha preferido quedarse en lo testimonial (como hermano pequeño, y un tanto vergonzante, de EH Bildu), pensando que “en tiempos de primarias, mejor no hacer mudanzas?”.   

Visto el papel fantasmagórico jugado por esta extraña oposición de izquierda en el debate presupuestario, he llegado a la conclusión de que su apuesta por el derecho a decidir ha consistido en hacer posible que sea la derecha la que decida, a juzgar por lo que han dicho sus propios portavoces. Aunque no entiendo por qué se quejan. Me parece del género tonto lamentarse de que el PP les haya ganado una batalla que ellos no se han molestado en plantear. Y, dígase lo que se diga sobre sus aviesas intenciones, el PP vio desde el principio que eso de la política fiscal tenía su importancia; y se aprovechó, barriendo para casa, de que unos (EH Bildu) estaban en Casa Dios, entre Barcelona y Bruselas, defendiendo la independencia catalana, y los otros (Elkarrekin Podemos), mirándose al ombligo de sus elecciones internas.

¡Y eso que se veía venir! Basta recordar cómo, no hace mucho, el oráculo sindical de EH Bildu, Txiki Muñoz, había dado la voz de alarma, exigiendo a los socialistas que se opusieran a la rebaja del Impuesto de Sociedades, para no dar más poder a los empresarios; aunque luego, cuando el acuerdo fiscal entre PNV y PSE mantenía, por exigencia de éste último, el Impuesto de Sociedades en el 28 %, lo que era una cuestión de vida y muerte, pasó a convertirse para Muñoz en algo intrascendente. Y el acuerdo, según el líder sindical, no pasaba de ser un “teatrillo”.
 
Y sus pupilos en el Parlamento Vasco, en lugar de hacer causa común con el Gobierno para fortalecerlo frente a los ataques de la patronal vasca, optaron, vía enmienda de totalidad, por un “ménage à trois” con el “PP de la rebaja de impuestos”. Podía haber hecho lo mismo que ha hecho el PP, aunque en sentido contrario; y utilizarlo, además, como contrapartida inteligente para negociar con seriedad y dotar a las Cuentas Públicas de contenidos más sociales. No lo hizo, porque no le interesó hacerlo. Porque lo que perseguía era que este país no tuviera Presupuestos y dejar, así, constancia del fracaso del Gobierno.

Pero, por suerte para la sociedad vasca, va a haber Presupuestos. Y los va a haber en todas sus instituciones; y por acuerdo entre quienes han querido acordar y han negociado con las cesiones mutuas necesarias para que el acuerdo saliera adelante. Y los va a haber, además, con recursos suficientes para sostener los servicios públicos, los planes de empleo, la protección social, el derecho a la vivienda y las reformas que este país necesita para seguir avanzando; entre otras razones porque ha habido una izquierda real, de Gobierno, empeñada (vía revisión de ciertas deducciones a las empresas) en hacer efectivo el principio de que “quien más gane, más pague”

La otra izquierda, la testimonial, es la que ha permitido que sus veintinueve escaños no valgan para nada, concediéndole a los nueve de la última fuerza política vasca el protagonismo que los del derecho a decidir no han querido ejercer. Y ahora aparecen como los del chiste, cuando explican por qué, siendo quinientos, han sido derrotados por cinco: “Es que nos han rodeado”. Más o menos, lo que al partido de Iglesias y a la autodenominada Izquierda Abertzale les ha ocurrido: que se han visto rodeados por un PP que ha impuesto el “derecho de veto”. Así es como se hacen valer.  Éste ha sido su gran éxito y ésta su hoja de servicios al país. Pienso que en algún momento tendrán que hacérselo mirar.

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