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El futuro pasa por un nuevo modelo social

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“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.”

Con esta frase del siempre recordado Eduardo Galeano quisiera iniciar la columna de hoy, día en el que se produce el pistoletazo de salida de las elecciones municipales y forales en Euskal Herria y recordar a los ciudadanos que en este mundo ciego en el que nos inculcan que la realidad es intocable, en el que nos imponen la ideología de la impotencia y del miedo, de un miedo que quieren que mate la esperanza y que nos obligue a hacer lo contrario de lo que quisiéramos hacer, la existencia de personas que insisten en cambiarlo es de una importancia capital, y esas personas necesitan que venzamos ese miedo paralizante y les apoyemos.

Y a estas personas, los candidatos y candidatas, pedirles que se hagan las preguntas correctas, que sean valientes en sus propuestas y sus hechos y nos demuestren que todavía hay esperanza en el futuro, en ese l´avenir de Derrida, ese porvenir inesperado y por tanto único que merezca el nombre de futuro, el futuro impredecible, el único futuro real, la idea de que nuestro mundo, a pesar de las brutales distorsiones neoliberales, sigue significando alguna cosa.

Y en este contexto de un nuevo futuro, abordo, en este espíritu de ir un tanto a contracorriente, un aspecto de vital importancia que debe ser prioritario en la agenda de nuestros futuros y futuras representantes como es el cambio del modelo productivo, asunto que ha de ser planteado como una parte de un nuevo modelo social y que exige construir un nuevo discurso, un discurso alternativo huérfano de retórica vacía.

Se necesita en todas las esferas de gobierno un poder político capaz de asegurar una sólida hegemonía progresista capaz de impulsar un gran consenso social

Se necesita en todas las esferas de gobierno un poder político capaz de asegurar una sólida hegemonía progresista capaz de impulsar un gran consenso social pues se precisa de este consenso social y un esfuerzo continuado de muchos años y evidentemente una cantidad elevada de recursos para financiar las políticas públicas directas. Es una apuesta decidida por la competitividad de las PYMES, esencial para la modernización productiva con una perspectiva orientada a la creación de empleo, combatiendo la lógica productivista del sistema, que fomenta la dualidad al poner el foco en la mayor calidad de la creación de valor en la población ocupada sin tener en cuenta que el mejor incremento de productividad se obtiene de convertir en productivo lo improductivo, convertir lo desocupado en ocupado. No olvidemos que el austericidio lleva una política industrial implícita.

Hablamos de plantear prioridades políticas y sociales distintas, construir competitividad y valor añadido desde los equilibrios internos entre lo público y lo privado, entre capital y trabajo y por supuesto hacer compatible la competitividad con el progreso social, con la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos y con el respeto medioambiental. Exige revalorizar el papel de lo público y democratizar los modelos económicos.

Este es el debate esencial, es imprescindible afrontar nuevos modos de crear y organizar la riqueza, democratizar la economía, profundizar en el modelo social, abordar la transformación ecológica de la economía. Cambiar el modelo productivo modificando el paradigma económico como transición hacia el cambio de modelo productivo cambiando el paradigma económico (defino paradigma económico como el conjunto de relaciones que se establecen entre todos los elementos del conjunto constituido por los conocimientos, las técnicas, los sistemas tecnológicos, las instituciones, la cualificación de los trabajadores, las empresas que generan bienes y servicios, y las relaciones de estos con los elementos del resto del nuevo modelo económico: nuevo modelo productivo, nuevo modelo energético, etc.)

A modo de pinceladas, algunos puntos a considerar son: fortalecer los consensos internos y la participación del trabajo en las empresas (clave para la innovación), desarrollar la economía colaborativa, la importancia del trabajo en la creación del valor, fomentar el contrapoder en las empresas, relocalización, exportación sostenible con relación de intercambios no abusivas, emprendimiento, reindustrialización en sectores clásicos y en nuevos sectores (nanotecnologías, robotización, cultura, etc.), mejora de la productividad por mayor densidad empresarial, crear redes permanentes de conocimiento, incorporar inversión en investigación, innovación y formación, dotarnos de la capacidad de la toma de decisiones compatible con la colaboración internacional, detentar el control público de determinados sectores financieros, científicos y agroindustriales.

En definitiva una tarea ingente, pero necesaria e inevitable, que precisa de estas personas que quieren cambiar este mundo y de todos nosotros, pues el futuro pertenece a los pueblos y a las sociedades. Como diría Rimbaud; “basta un golpecito del dedo en el tambor para liberar todos los sonidos y poner en marcha la nuevo armonía”.

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