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El 'green' ya pasa de castaño oscuro

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Nuestra ciudad es verde, siempre lo ha sido. Pero no por los esfuerzos de nuestros alcaldes sino porque no para de llover. Las sucesivas campañas institucionales para conseguir el galardón primero y para venderlo después como fuente de atracción turística se me antojan excesivas, a lo mejor no por la cantidad de recursos gastados sino porque da la impresión de haberse convertido en un santo grial: ser la capital verde nos va a convertir en el centro del mundo, las hordas de turismo van a invadir la ciudad y los euros van a reventar las arcas municipales.

Pero de un tiempo a esta parte estamos empeñados en que la única forma que existe para generar ingresos es convertirnos en un gran destino turístico, y lo siento, pero nunca lo hemos sido y creo que nunca lo seremos. Ponerle una barandilla al Zadorra no lo va a convertir en la Concha y aunque envolviéramos el Artium en papel de aluminio nunca va a ser el Guggenheim.

Hace ya tiempo que los árboles no nos dejan ver el bosque, al menos desde el Ayuntamiento, y a pesar del chiste fácil, creo que nuestros rectores han perdido de vista las verdaderas necesidades de la ciudad, las necesidades de los vitorianos. Atraer turismo a la ciudad es igual a generar ingresos, cierto. Ingresos necesarios, imprescindibles para todos. Pero todo tiene un límite.

De un tiempo a esta parte estamos empeñados en que la única forma que existe para generar ingresos es convertirnos en un gran destino turístico, y lo siento, pero nunca lo hemos sido y creo que nunca lo seremos. Ponerle una barandilla al Zadorra no lo va a convertir en la Concha y aunque envolviéramos el Artium en papel de aluminio nunca va a ser el Guggenheim.


Necesitamos los ingresos del turismo, es cierto, pero no como se está haciendo apostando a un único caballo, un caballo que cada vez se va pareciendo más al de Atila. Tenemos muchas cosas que ofrecer a la gente de fuera, pero algunas de ellas están a punto de quedar sepultadas, asfixiadas por el verde.

Mientras siguen las campañas, encuentros, foros, es decir los gastos por promocionar la capitalidad verde europea de Vitoria, un espacio emblemático como Montehermoso se muere. El Azkena Rock Festival que va a celebrarse dentro de un mes tiene ya también pinta de moribundo y qué decir del Festival de Jazz, que se celebrará en julio y se presenta el viernes 31. Un festival que ha sido referente a nivel europeo y que ahora apenas puede mantenerse con las gotas que se escapan de la manguera que riega el verde de la ciudad.

No desprecio el impacto que la capitalidad europea ha tenido y tiene sobre la ciudad, pero hay muchas cosas más aparte de ser 'green'. Repito, creo que se ha convertido en una obsesión y se ha perdido la perspectiva de lo que es, ha sido y tiene que ser la ciudad.

Vitoria siempre ha sido de los vitorianos, siempre hemos estado orgullosos de nuestra ciudad por lo tranquila y cómoda que ha sido siempre para vivir, de sus parques y de su equipamiento social, de su calidad de vida siempre destacada en todos los estudios.

Vitoria tiene que ser algo más, tiene que haber otras formas y más alternativas para generar ingresos para la ciudad, para los vitorianos, para los ciudadanos en definitiva. Para que vuelva a ser una ciudad modelo en muchos aspectos pero sobre todo una ciudad en la que se vive muy bien, o al menos se vivía, porque con esta obsesión verde también parece que se ha olvidado el Ayuntamiento de que tiene un gran número de frentes abiertos, conflictos que afectan a la calidad de vida de la ciudad y a sus ciudadanos, conflictos laborales con los trabajadores municipales, reivindicaciones vecinales incumplidas y desoídas y un largo etcétera.

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