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Los gritos del silencio

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La izquierda abertzale siempre ha sabido dirigir a sus militantes y simpatizantes con la organización y precisión de un general en jefe a sus soldados. Sus convocatorias han sido históricamente multitudinarias y sus escenografías, impresionantes. A menudo, en el sentido más literal del término: de poner el vello de punta.

Sin embargo, en la multitudinaria marcha del sábado en Bilbao, no quiso acallar a una minoría de sus seguidores que rompió el silencio pactado entre el presidente de Sortu, Hasier Arraiz, y el del PNV, Andoni Ortuzar. Y, de esta manera,  los gritos de  “amnistía”, “presoak kalera” o “independentzia” se han convertido en protagonistas de la marcha.

Lo esencial es que la convocatoria fue una demostración de que los vascos se han rebelado, como acertadamente tituló un periódico catalán. La marea humana que ocupó las calles de Bilbao se manifestó por los derechos de los presos de ETA pero, sobre todo, contra el  inmovilismo del Gobierno del PP y la escalada de decisiones político judiciales de las últimas semanas que alcanzaron su cénit con la prohibición de la convocatoria de Sortu.

¿Se podría haber respetado el acuerdo y mantenido el silencio? Seguramente si, como sostiene Andoni Ortuzar, los dirigentes abertzales hicieran más pedagogía  con sus bases y les explicaran que los tiempos hace mucho que cambiaron. Y que si se pacta algo, hay una obligación moral de cumplirlo: te guste o no. Pero, los convocantes eligieron hacer oídos sordos y mirar hacia otro lado.

El silencio fue una imposición que parte de los participantes abertzales no estaban dispuestos a aceptar. “Encima tenemos que venir con la boca pequeña”,  oí por azar que se quejaba un veinteañero a su joven acompañante.  Es muy probable que fuera la opinión de muchos de los que secundaron la llamada de Sortu.

Lo que el sábado sucedió en Bilbao trae a la memoria las palabras de Jerry Adams en sus esclarecedoras´Memorias políticas, el largo camino de Irlanda hacia la paz': lo difícil no es llegar a acuerdos, sino que se cumplan, vine a decir el histórico dirigente del Sinn Féin.  

Y parece que al mundo de Batasuna le cuesta cumplir; no salirse siempre con la suya. El sábado lo demostró de nuevo. Lo que allí ocurrió no fue lo acordado. Los nacionalistas realizaron un gran esfuerzo para caminar junto a los abertzales.  Porque si unos se tuvieron que tapar la boca, los otros, se cubrieron la nariz.

No  hay duda de que las voces que gritaron mejor hubieran estado calladas. Pero, dicho todo esto, quizá porque he tenido que contemplar demasiadas manifestaciones y actos en los que “ETA, mátalos” era la consigna,  y  porque entiendo que algunos no quisieron desaprovechar la oportunidad –aunque no lo comparto- las proclamas del sábado no me parecen excesivamente relevantes.

 Gritar “amnistía” o “presoak euskal herrira” no constituye delito alguno. Que madres, abuelas, familiares y amigos  anuden alrededor de su cuello pañuelos blancos con la sentencia “presoak kalera”, tampoco debería. Durante décadas nos han asolado ceremonias  de terror y ahora saltan las alarmas por una escenificación que nada tiene que ver con la violencia. Y, sin la amenaza de ETA.

Sin embargo, no era necesario poseer una bola de cristal para saber, nada más oír las primeras proclamas,  que  alguna organización, incluso la Fiscalía pediría la apertura de una investigación y que el PNV sería la diana de las críticas. La Asociación Dignidad y Justicia ha presentado un escrito ante la Audiencia Nacional y los nacionalistas han sufrido la ira de sus opositores.

 Algunos han querido colocar al PNV a los pies de los caballos, que si “palmeros”, que si se han arrojado a los brazos de Batasuna y de los terroristas, que si quieren dividir a los vascos entre los nuestros y los otros… En mi opinión, nada más desacertado. Encuentro valiente la decisión de Andoni Ortuzar de proponer su colaboración a la izquierda abertzale para que se pudiera celebrar una marcha alternativa a la prohibida. No dudo de que existieran motivos políticos para hacerlo, lo que es legítimo.

Me parece valiente la decisión de Andoni Ortuzar de colaborar con la izquierda abertzale para celebrar una marcha alternativa. No dudo de que hubiera motivos políticos, lo que es legítimo. Pero Ortuzar arriesgó y prefirió anteponer el interés general para evitar una batalla campal entre manifestantes y Ertzaintza. Lo que pasó después no es cosa suya. Él cumplió su palabra.


Pero, el  burukide   –uno de los políticos mejor valorados en Euskadi- prefirió anteponer el interés general al propio y evitar lo que, casi con toda seguridad, hubiera sido una batalla campal entre manifestantes y Ertzaintza. Algún otro partido y la  mayoría de los vascos criticaron la prohibición de la manifestación de Sortu. Pero, solo Ortuzar arriesgó y buscó una solución. Lo que pasó después no es cosa suya. Él cumplió su palabra.  

Es duro, muy duro, echar la vista atrás y ver a los autores de tanto sufrimiento frente a frente. Pero, no hay otra elección. La gran mayoría de los ciudadanos vascos está decidida a hacer el esfuerzo de recrear un país donde quepamos todos. El final del terrorismo abre sendas hasta ahora intransitables. Pero quienes han justificado su existencia no pueden ni deben pretender que las cosas se hagan solo a su medida. Se terminó el tiempo de las pistolas y del miedo. Y, eso también deben saberlo el PP y  su Gobierno. Nadie debería olvidar que el victimismo siempre ha dado muy buen resultado a la izquierda abertzale. Por cierto, Otegi sigue en la cárcel… preparándose para ser lehendakari.

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