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El estado menguante

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Aún andamos dándole vueltas a los resultados del proceso participativo (que cada cual le ponga el nombre que le resulte más cómodo) que tuvo lugar el pasado domingo en Catalunya y haciendo comparaciones entre la situación política en ese territorio y en Euskadi, en Escocia o en Quebec. Unas reflexiones que nos llevan a replantearnos el modelo constitucional de 1978, el modelo en el que se ha atrincherado el Partido Popular. Un partido que no contempla ninguna modificación sustancial, salvo aquellas que ellos mismos planteen y que, básicamente, consisten en propuestas para limitar la democracia participativa y amordazar a los grupos sociales que no comulguen con su visión y sus políticas restrictivas.

Finalmente, el 9N solamente ha servido para certificar algo que ya sabemos: que existe una parte importante de la ciudadanía catalana que no se siente integrada en ese inacabado proyecto que es el estado español. Vamos, lo mismo que ya sabemos que sucede en Euskadi. Y que es una cuestión que no se va a solucionar en este marco constitucional. El marco que defienden los grandes partidos con mayor o menor flexibilidad. O partidos no tan grandes con absoluto fanatismo, como es el caso de UPyD.

El marco legislativo que regula una sociedad debe responder a la realidad que vive esa sociedad. Y como la realidad es algo siempre cambiante, las leyes deben ir cambiando con la sociedad. Así como las estructuras donde se aplican esas leyes. Mucho ha cambiado la sociedad española desde 1978, pero como el punto número 1 de quienes se benefician del presente 'status quo' es dejar las cosas como están, la brecha entre realidad y marco político es cada día mayor, lo que produce disfunciones crecientes y malestar social.

Los cambios que se están produciendo en nuestra sociedad, y de forma vertiginosa, son consecuencia de la crisis económica. En unos lugares se manifiesta en el incremento del nacionalismo, que alienta la idea de que un estado propio nos deparará una vida mejor. En otros es el populismo el que capitaliza la indignación por lo perdido, culpando a los partidos que han gobernado hasta que comenzó una crisis que no saben comprender y prometiendo “recuperar” el poder para el pueblo. Lo estamos viendo en todos los países de Europa y no va a ser fácil frenar una avalancha que amenaza con llevarse por delante muchos de los derechos que hoy damos por sentados en nuestra casa común europea.

Es hora de plantearnos seriamente si la fórmula de Estado-nación creado por el capitalismo es el instrumento adecuado para la transición que necesitamos

Pero todos estos movimientos no tienen en cuenta que la crisis no es solamente económica. Esta crisis es una crisis de modelo porqué el capitalismo se ha topado ya con los límites físicos del crecimiento. De ahí la crisis energética y la crisis medioambiental que vivimos y que ya están condicionando de forma decisiva la economía de todo el continente. Solamente la ecología política tiene en cuenta estos factores y plantea soluciones concretas a estos problemas, que si bien son de sobra conocidos y están perfectamente documentados, son ignorados por la mayoría de partidos políticos, que prefieren sacrificar a una parte de la ciudadanía en sus ansias por mantener o por acceder al poder.

La imposibilidad de seguir creciendo de forma exponencial que ya percibimos en muchos países no se soluciona ni levantando muros ni con eslóganes posibilistas sin contenido detrás. El estado mengua a ojos vistas, y aun falseando sus estadísticas para seguir manteniendo una ficción de crecimiento, no consigue frenar el creciente malestar social de quienes han perdido su empleo, sus prestaciones sociales, los servicios públicos de calidad, etc. Es hora de plantearnos seriamente si la fórmula de Estado-nación creado por el capitalismo es el instrumento adecuado para la transición que necesitamos. Y si no lo es, tenemos que apostar por un nuevo modelo que se adecue a la nueva realidad y que mantenga la democracia como pilar básico de funcionamiento. No es tarea sencilla, desde luego. Y más si tenemos en cuenta que la mayoría de la sociedad no es consciente de la gravedad de la crisis energética y medioambiental a la que nos enfrentamos. Es lo que nos hace perder un valioso tiempo en una carrera en la que los estados van a seguir menguando y no vamos a tener nada consolidado con que sustituirlos.

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