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Un nuevo curso

El curso empieza con muchas iniciativas que plantean soluciones al sistema neoliberal, sistema que no puede detenerse, que necesita incrementar la dominación y reproducirse

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En esta primera columna post vacacional del nuevo curso que se inicia repasaré, a modo de recordatorio, algunos de los acontecimientos que se nos avecinan, y que demuestran, a pesar de decepciones y sinsabores, la energía y la capacidad que la ciudadanía atesora y emplea en la lucha por una sociedad más justa y orientada a las personas.

El manifiesto por un plan B para Europa de reconocidos intelectuales y que propone una cumbre internacional abierta a ciudadanos, intelectuales, organizaciones diversas, etc, y que partiendo de una reflexión que recoge la necesidad de volver a negociar completamente los tratados europeos, los oriente a reconstruir la cooperación entre los pueblos para llevar una política de reparto de la riqueza, creación de empleo, transición ecológica y refundación democrática.

Las marchas por una Europa democrática y solidaria, que en la primera quincena de octubre se dirigirán a Bruselas, demandando a la Comisión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo la oposición a las políticas de austeridad y privatización de servicios públicos, el apoyo a las decisiones democráticas de los pueblos sin chantajes, se deben tomar en serio medidas para acabar con los paraísos fiscales en la UE, y detener la negociación del TTIP.

Las diferentes luchas contra los Tratados de Comercio (TTIP, TISA, CETA, TPP, etc) que avanzan con dificultades y grandes esfuerzos, pero que van aportando elementos para que en sociedades maduras los ciudadanos pueden emitir opiniones razonadas al disponer de información y espíritu crítico. En este sentido no es baladí recordar que históricamente las políticas que nos han conducido a cuotas inaceptables de desempleo, precariedad y niveles elevados de pobreza han sido defendidas con argumentos relativos a la creación de empleo, crecimiento económico (incremento del PIB) y apoyo a las PYMES

Incluso, aunque sea bastante escéptico, este mes se aprueba en la ONU la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que a través de 17 objetivos a cumplir se busca el compromiso de los estados para erradicar la pobreza, proteger el planeta y garantizar la prosperidad para todas y todos. Sirva de ejemplo que el Estado Español debiera de reducir a la mitad los actuales niveles de pobreza para 2030. ¿Entienden mi escepticismo?

También se presenta en octubre Alternatiba Herria, que se anuncia como una movilización constructiva, en la que todos y todas tienen cabida. Y manifiestan que nuestras vidas y la naturaleza están bajo amenaza: aumento de las desigualdades, saqueo de la riqueza social por parte del capital, cambio climático, debilitamiento de los derechos sociales, aumento de la exclusión social, despilfarro de los recursos naturales, ansia por privatizar servicios públicos, fortalecimiento del orden patriarcal, incapacitarnos para poder decidir y organizarnos, modelo de producción y consumo insostenible,… pero las personas que hacen este llamamiento quieren  demostrar que hay alternativas y que ya están en marcha, que es el sistema el que tiene que cambiar.

Por eso reivindican un nuevo modelo de sociedad que ponga en el centro a las personas. Para vivir bien, para satisfacer las necesidades de las personas y de los pueblos, para cuidarnos y para cuidar el planeta, para cambiar el sistema dominante. Seis ejes: modelo económico, naturaleza, sostenibilidad de la vida, diversidad, bien común, y democracia, soberanía y participación. En estos ejes se harán visibles decenas de alternativas: economía social y solidaria, soberanía alimentaria, economía feminista, consumo responsable, procesos participativos, gestión de la diversidad,…

Y no quiero olvidar el llamamiento que hicimos antes del verano un grupo de personas a las organizaciones políticas para presentar candidaturas unitarias en el que establecíamos la necesidad de un cambio social mediante un giro a la izquierda en políticas públicas y actitudes sociales, dando por acabadas las políticas de austeridad y la utilización de la crisis para una involución social tanto en los niveles de renta como en el empleo, los servicios públicos o los sistemas de protección. El cambio social busca revertir los procesos de desigualdad que se han acentuado en los últimos años y que golpean a las mayorías sociales. La sostenibilidad de la vida debe estar en el centro de todo proceso social, político o económico, desplazando así a los mercados.

Las respuestas no han sido muy positivas en general. El reto sigue ahí.

En definitiva un curso empieza con muchas iniciativas que plantean soluciones al sistema neoliberal, sistema que no puede detenerse, que necesita incrementar la dominación y reproducirse. La unión, invertir la relación de fuerzas, la lucha de clases nos ofrece esperanza si somos capaces de articularla, porque la técnica, los conocimientos y las personas los tenemos, es  decir todo lo necesario para forzar los cambios que hacen falta.

"Y entre tanta agonia, es hora de sembrar una nueva cosecha. Plantemos pensamientos entre las cenizas" (Chusa Lamarca).

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