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Prevención y compensación, binomio inseparable

“El enfermo o el muerto, ya está hundido, si la empresa hubiera cumplido la legislación de Seguridad e Higiene, le habría resultado mucho más rentable”

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Hoy en día, con el incremento de la siniestralidad laboral, son cada vez más las personas y colectivos, que se cuestionan en Euskadi, como en el conjunto del Reino de España, la validez del principio que dice: La inversión en prevención de los riesgos laborales, es una inversión rentable para todos.

Tal vez, la observación de la dura realidad les lleva al error. No cabe duda, el aumento de los daños en el trabajo, el ahorro por las empresas en los costes preventivos, especialmente tras la crisis económica, nos ha confirmado el fraude de los papeles de las Evaluaciones de riesgo. También parecen justificarlo, la vigilancia sanitaria genérica y no específica, las políticas de ocultación de accidentes de trabajo y, especialmente, de enfermedades profesionales, debido a la resistencia médica a cumplir con su obligación de comunicar la “sospecha” del origen laboral de las enfermedades, tras el reconocimiento médico, etc. Tanto, que la “no comunicación de sospecha”, sea convertido en un signo de competitividad entre los Servicios de Prevención Ajenos, al dar garantías a las empresas de evitarles problemas.

Desde el sindicalismo, unos limitan las causas a la precariedad laboral, otros señalan los limitados recursos públicos, para controlar el cumplimiento de la ley o a la nula voluntad sancionadora de Inspección de Trabajo y los Institutos Autonómicos de Salud Laboral. Es cierto, sin duda, todo ayuda.

Pero, ¿Desde cuando el sindicalismo reduce su actividad a esperar a que la Inspección de Trabajo y otras Instituciones, resuelvan los problemas de las clases trabajadoras, sin organización y lucha?

Desde mi experiencia sindical en la defensa de la salud laboral, soy un firme defensor del principio “La prevención, es la inversión más rentable”, como guía para que mediante la acción sindical se pueda reducir drásticamente los daños a la salud en el trabajo. Cuando digo daños, por supuesto, no los reduzco a los accidentes de trabajo, ya que las enfermedades profesionales causan mayor sufrimiento y pérdida de días de trabajo que los accidentes laborales.

No podemos olvidar que la ley obliga a las empresas a garantizar la protección de la salud. Por ello, la acción sindical no puede reducirse a exigir a la Administración mayor control de las medidas preventivas. Es necesario implicarse, sin confundir los papeles. La prioridad debe ir orientada a la visualización de los daños, así como la exigencia de compensación por los daños producidos.

Cuando digo visualización y reconocimiento de enfermedades profesionales, me refiero a las miles de Hipoacusias producidas por el ruido, el Túnel Carpiano o la Epicondilitis, el Asma o el Cáncer Profesional entre otros, reclamando las indemnizaciones recogidas en el Baremo de Lesiones Permanentes no Invalidantes que pagan las Mutuas (donde se recoge el precio de la carne humana, desde el valor de una cicatriz, a la pérdida auditiva, o en el giro de las articulaciones), logrando el reconocimiento profesional de múltiples enfermedades y lesiones, frente al intento de las Mutuas de ocultarlas como comunes. Si estas derivan en una Incapacidad Permanente, hay que reclamar las indemnizaciones correspondientes por daños y perjuicios (según Baremo de daños derivados de Accidentes de Tráfico) y sobre todo, reclamando  el Recargo de las Prestaciones de Seguridad Social, con incrementos del 30 al 50% por la falta de medidas de Seguridad cuando sea producido el daño.

La prioridad debe ir orientada a la visualización de los daños, así como a la exigencia de compensación por los daños producidos.

Eludir dicha actividad compensatoria, o abandonar a la víctima en su reclamación, como gusta a más de un “Técnico de Prevención”, situado en cómoda neutralidad. Regala tranquilidad al empresario infractor, favoreciendo la pérdida de credibilidad sindical, como en la eficacia de la rentabilidad de la inversión preventiva.

Si reclamamos la compensación por los daños, el efecto dómino genera reacción de la Seguridad Social, de las Mutuas y de las propias empresas, optando por inversiones preventivas que  eviten los daños, recursos más baratos que el pago de la compensación, mejorando las condiciones de trabajo

Por las reclamaciones de CC OO Euskadi o las sentencias judiciales logradas por ASVIAMIE, contra las empresas infractoras de la legislación del amianto, que les obliga a pagar cientos de miles de euros a las víctimas, en concepto de daños y perjuicios o de Recargos del 40% por falta de medidas de seguridad (que que no los cubre ningún Seguro), no es la primera vez que escucho: “Vas a hundir las empresas”, a lo que siempre respondo: “El enfermo o el muerto, ya está hundido, si la empresa hubiera cumplido la legislación de Seguridad e Higiene, le habría resultado mucho más rentable”.

Es decir, la prevención de los riesgos laborales y la compensación de los daños, son un binomio inseparable. Cuando, lamentablemente, dicho binomio es olvidado por algún sindicalista o Gabinete de Salud Laboral, sin darse cuenta, desvalorizan su propia función sindical en la defensa de  las clases trabajadoras, permitiendo que otros desalmados hagan negocios jugando con la salud de trabajadores y trabajadoras.

Esta orientación, debate y recuperación del activismo, es más necesario que nunca para el sindicalismo confederal, ya la situación requiere respuestas contundentes para cortar la sangría. A partir de ahora, tratare de animar la reflexión y cambio de orientación en el proceso congresual de la Confederación de las CC OO y si fuera posible del conjunto del sindicalismo. Se trata de extender y generalizar una práctica sindical con resultados positivos, tanto para los y las trabajadoras, como para el ejercicio del sindicalismo de clase.

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