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El día de los sociólogos

El tablero vasco ha sido pateado con fuerza sorprendiendo a aquellos que pensaban que el tablero estaba cerrado o que directamente el tablero era suyo

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El día después de unas elecciones es siempre un día en que las tasas de paro en el sector de la sociología desciende notablemente, más en elecciones como las que llevamos viviendo los últimos dos años. Una vez más nadie ha podido predecir los resultados y el comportamiento de una sociedad viva que ha decidido cerrar un ciclo.

Hoy hemos podido ver a varios sociólogos analizando el resultado de las elecciones en diferentes programas de televisión (algunos platós con desfile de cuatro o más), intentando explicar fenómenos paranormales como el hecho de que Podemos haya ganado en Euskadi superando al PNV en votos, que no en escaños.

Si en algo se han puesto de acuerdo los sociólogos (puesto que son datos objetivos), es en que el voto tanto en los herrialdes como en las capitales ha sido homogéneo, con un porcentaje de votos similar, destacando un repunte en Araba.

Estos datos ponen en jaque a todos aquellos que dudaban de la implantación territorial de Podemos en Euskadi, que ha demostrado ser no sólo amplia en decenas de pueblos, sino que además activa y efectiva. Esta implantación es reflejo también de la pluralidad que compone Podemos Euskadi, que ha conseguido canalizar esta diversidad en fuerza y en propuestas de sentido común y de entidad local que han calado en una mayoría social, que por un lado comprende como injusta la crisis que hemos padecido (con un especial repunte en municipios históricos en la lucha social) y que además se siente cómoda con la propuesta de Podemos sea cual sea su identificación nacional. Entendiendo la apuesta plurinacional como sincera y de sentido común.

La sociedad vasca lleva años exigiendo la apertura de un nuevo tiempo político real, a la altura de las circunstancias, con unos partidos que abran puertas y ventanas y acaben con los pactos viejos y por arriba, en diputaciones y ayuntamientos.

Una mayoría social que ha entendido que la insolidaridad no se da entre territorios ni entre naciones, sino entre los que más tienen y los que menos tienen. Es esa misma implantación la que ha hecho que Podemos haya levantado en Euskadi una campaña desde abajo, municipio por municipio, Herrialde por Herrialde, llenando los pueblos y ciudades de morado y que ha hecho que Podemos sea el partido con más presencia en la calle a lo largo de toda la campaña vasca. No había otra forma de hacer esta campaña. Era desde abajo, o no lo era.

El tablero vasco ha sido pateado con fuerza sorprendiendo a aquellos que pensaban que el tablero estaba cerrado o que directamente el tablero era suyo. Este domingo se ha demostrado que no es así. Lo que pretendía ser patrimonio de pocos ha de volver a ser patrimonio de su gente, de su pueblo, y Podemos ha venido a Euskadi para quedarse y ser agente central en la política vasca en los próximos años.

La sociedad vasca lleva años exigiendo la apertura de un nuevo tiempo político real, a la altura de las circunstancias, con unos partidos que abran puertas y ventanas y acaben con los pactos viejos y por arriba, en diputaciones y ayuntamientos. Es hora de estar a la altura de una sociedad que claramente ha exigido cambio, y que clama por él. Podemos recoge este testigo, y con humildad, trabajará para llevar este cambio allá donde sea necesario.

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