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Lío plurinacional

Con el debate territorial tan polarizado, colocarse en una posición intermedia entre quienes defienden la Constitución a capa y espalda y quienes pretenden la secesión es como meterse en tierra de nadie en pleno fuego cruzado

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Algunos socialistas, como  navarros catalanes se sienten cómodos con la “España plurinacional”. Otros muchos, incluyendo a destacados barones, ven con recelos la apuesta de Pedro Sánchez en el pasado congreso del PSOE por la plurinacionalidad. Los socialistas andaluces temen que la plurinacionalidad derive en una distinción entre “ españoles de primera y de segunda”. La posibilidad de un Estado plurinacional también divide a los  expertos y algunos  advierten de los riesgos de ambigüedad que conlleva el concepto de plurinacionalidad.

¿Por qué pues se ha metido el PSOE de Sánchez en este lío plurinacional? Sin duda, puede ser un error más de los muchos que ha cometido el PSOE en tiempos recientes.

A primera vista, sacar la plurinacionalidad de la chistera política parece una mala estrategia precisamente en momentos de fuerte tensión como este. Cuando el debate sobre la cuestión territorial se ha polarizado tanto, colocarse en una posición intermedia entre quienes defienden la constitución a capa y espalda y quienes pretenden la secesión de un territorio es como meterse en tierra de nadie en pleno fuego cruzado. Lo lógico es resguardarse en la trinchera.

Como indica el gráfico 1, la opinión pública catalana parece que se refugia en los extremos. La población prefiere o bien el estado autonómico actual (35,8%) o bien la independencia (34,7%). La opción intermedia, un estado dentro de una España federal es atractiva sólo para un quinto del electorado.

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En otras palabras, parece que la sociedad catalana no distribuye sus deseos territoriales siguiendo la forma de un dromedario (es decir, con una sola joroba en el medio), sino como un camello (con dos jorobas en los extremos que dejan vacío el centro). Malos tiempos para el consenso, pues, en política, es siempre más fácil lidiar con sociedades dromedarias – basta con proponer una solución central para tener estabilidad – que con sociedades camellas – que dan lugar a inestabilidad y movimientos pendulares.

Esa inestabilidad puede verse en los gráficos 2 y 3. Ninguna de las dos “jorobas” (la independencia en el gráfico 2 y la situación actual en el gráfico 3) recibe un apoyo mayoritario. Los catalanes contrarios a la independencia son más numerosos que quienes la rechazan (gráfico 2): 49,4% frente a un 41,1%. Una mayoría de catalanes no quiere un cambio tan brusco como la independencia. Pero, al mismo tiempo, una mayoría de catalanes tampoco quiere la continuación del estatus quo. Pues el 62% considera insuficiente el actual nivel de autonomía (gráfico 3).

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Si existe tanto una mayoría en contra de la independencia como una mayoría en contra del actual encaje de Cataluña en España, hay, por lógica, espacio para una opción intermedia. Pero, como hemos visto en el gráfico 1, esa opción, de momento, no parece ser que Cataluña sea un estado dentro de una España federal.

Es ahí donde entra la propuesta de un político instintivo como Sánchez: intentar moldear una iniciativa intermedia que pueda atraer a ese gran grupo de catalanes incómodos tanto con el continuismo como con el rupturismo.

Y hay dos maneras de construir esa alternativa central. La primera es apelar al bolsillo, proponiendo, por ejemplo, un pacto fiscal para Cataluña. Sin embargo, tal propuesta se vería con malos ojos en otras CCAA, pues sería fácilmente interpretable como un juego de suma cero. Lo que gana Cataluña lo pierde Valencia o Murcia, o viceversa. Es por ello que, en estas circunstancias, apelar al corazón, a cuestiones identitarias – por etéreas que sean, como la plurinacionalidad – puede ser una baza ganadora. Vendida con cuidado, el reconocimiento de una España plurinacional puede entenderse como un juego de suma positiva. Nadie pierde, como mínimo, en términos materiales.

No sabemos si la estrategia de Sánchez funcionará. Pero las encuestas, por ahora, no le quitan razón. El PSOE se consolida como principal partido de la oposición en toda España y, en Cataluña, remonta posiciones. Resulta significativo que, en intención directa de voto, el PSC es el único partido que, junto con ERC (que supera el 18%), llega al 10% de los votos en la última encuesta del CEO (Centre d’Estudis d’Opinió). El tándem Sánchez-Iceta puede seguir bailando.

Es un baile con riesgos. Sánchez se está adentrando en la inhóspita tierra de nadie entre continuistas y rupturistas. Pero si su olfato político le ha funcionado en otras ocasiones, es lógico que siga confiando en él.

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