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El bipartidismo ha muerto: ¿a dónde vamos?

Terminamos nuestros diálogos de cara a las elecciones del domingo

Sandra León y Lluis Orriols discuten hoy el fin del bipartidismo y los cambios en el sistema de partidos en España y Cataluña

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Sandra León: En esta ocasión parece que las encuestas auguran un paso más en la crisis del bipartidismo, relegando al PSOE a tercera fuerza política. ¿Tú crees que realmente estamos ante el fin del bipartidismo o se trata de una crisis pasajera?

Lluis Orriols: Existen indicios de que efectivamente el bipartidismo se fue para no volver, al menos a corto o medio plazo. Los nuevos partidos se están consolidado y muy particularmente Podemos. Los vínculos entre Podemos y sus votantes son cada vez menos de tipo carismático y más de tipo programático o ideológico. El hecho de que su éxito electoral dependa cada vez menos de su líder es, creo, una muy buena noticia para los podemitas, pues eso sin duda les garantiza una mayor estabilidad y continuidad en el tiempo.

La supervivencia de los nuevos partidos también está en cierto modo garantizada por el conflicto generacional que se ha instalado en nuestro país en los últimos años. Si bien en las elecciones generales de 2011 jóvenes y mayores no votaron de forma muy distinta, hoy el mercado electoral está claramente segmentado según la edad. Mientras la mayoría de los jóvenes han dado la espalda a los partidos tradicionales, los mayores de 65 años siguen viviendo bajo la lógica del bipartidismo. No veo fácil que el PP y PSOE puedan recuperar ese voto joven que ya se está socializando bajo otra realidad política.

SL: De todas maneras, Lluís, lo que explicas parece indicar que sabemos de dónde venimos, pero no tanto hacia dónde vamos, es decir, qué tipo de sistema multipartidista se consolidará, es decir, si acabará estando dominado por tres o por cuatro partidos. Lo interesante del marco actual es que la fragmentación del sistema de partidos se caracteriza por tener cuatro partidos relativamente grandes y no está claro que todos ellos puedan sobrevivir teniendo en cuenta los rasgos mayoritarios de nuestro sistema electoral.

LLO: Esto es cierto, nuestro sistema electoral puede generar presiones a que algún partido acabe no sobreviviendo. ¿Crees que los partidos nuevos pueden acabar sucumbiendo en las circunscripciones más pequeñas?

SL: Más bien me pregunto si hay espacio electoral para que sobrevivan cuatro partidos con un tamaño similar al actual teniendo en cuenta que más de la mitad de las circunscripciones electorales en España son muy pequeñas (se eligen de 1 a 5 diputados) y en ellas el umbral efectivo para conseguir un escaño es de casi el 20%. Quizás en un sistema electoral con estas características uno de los cuatro partidos está condenado a ser irrelevante. Aunque esto es ahora es difícil de predecir, los votantes irán poco a poco aprendiendo sobre la correlación de fuerzas entre las cuatro principales formaciones y se irán coordinando alrededor de aquellas que aparezcan como viables electoralmente en cada distrito.

LLO: ¿Podrías hacer la apuesta de cuál será el más débil?

SL: En los distrito más pequeños, donde es más difícil conseguir escaños, el PSOE y el PP parten con cierta ventaja respecto a C's y UP porque se trata de partidos con una amplia penetración organizativa. Los nuevos partidos no han tenido suficiente tiempo para desplegar su aparato, aunque la estrategia de Podemos de unirse a las confluencias precisamente le permitió paliar la ausencia de estructura a partir de las alianzas, y su coalición con Izquierda Unida quizás le permita también llegar a provincias donde de otra manera hubiera sido imposible penetrar organizativamente. Quizás Ciudadanos es el partido que tiene el reto organizativo más importante para penetrar y estabilizarse en las zonas rurales.

De todas maneras, otro aspecto interesante sobre la evolución del sistema de partidos, además de su número, tiene que ver con las dinámicas de pacto entre ellos. De momento veo que hay muy poco solapamiento entre lo que puede ser aritméticamente posible y lo que es políticamente viable. Parece que tras el 26J, la política de pactos solo se vislumbra en forma de bloques. ¿Dónde queda la promiscuidad ideológica o el mestizaje?

LLO: Es cierto que el gobierno “mestizo” o del cambio que proponía Pedro Sánchez ha muerto. Al final la lógica izquierda –derecha se ha impuesto. En todo caso, creo que el principal escollo que existe actualmente para alcanzar pactos no es la incompetencia de nuestros políticos o la falta de cultura del pacto, como oímos con demasiada frecuencia. Esta conclusión es analíticamente pobre y perezosa, además de injusta.

En realidad tanto PP como PSOE tienen un largo historial de pactos de gobierno en gobiernos autonómicos y locales. El principal elemento que dificulta los pactos de gobierno es la inestabilidad del sistema de partidos. Los políticos no tienen claro qué escenario político les depara el futuro y anticipan –creo que acertadamente- que los pactos pueden tener importantes consecuencias para un electorado aún muy volátil. De no ser así, probablemente el PSOE no habría tenido tantos reparos en buscar algún tipo de acuerdo con, por ejemplo, el PP. La gran coalición es una fórmula perfectamente homologable a nuestro entorno europeo. Pero el problema es que si bien el SPD alemán no temió excesivamente por su posición hegemónica en la izquierda al decidir qué alianzas realizar, el PSOE sí tiene la intuición de que puede pagar muy caro ciertas compañías.

SL: La estabilidad progresiva de las bases electorales ayudará a disminuir las reticencias, aumentará la seguridad con la que pueden comprometerse, menos imprevisión sobre cómo reaccionarán sus votantes…

LLO: De todos modos, a pesar del terremoto político y electoral que ha sufrido nuestro país desde 2014, no deja de ser irónico que, al final, los nacionalistas catalanes y vascos hayan mantenido su posición de partidos bisagra.

SL: Sí, los partidos nacionalistas siguen estando ahí, y aritméticamente podrían seguir siendo relevantes, por ejemplo en proporcionar los escaños que falten para la aprobación de una coalición de izquierdas entre Unidos Podemos y PSOE. Sin embargo, pensando en los partidos nacionalistas catalanes – ERC y CDC – creo que su capacidad de pacto es mucho menor que en el pasado debido a la deriva soberanista en Cataluña. El apoyo de CiU al PP a la legislatura 1996-2000, por ejemplo, es algo impensable en estos momentos. Lo mismo ocurre con el PSOE y las tensiones internas que se generan en el partido cuando se plantea llegar a un acuerdo con ERC o CDC. Por lo tanto, aritméticamente seguirán teniendo un peso similar, pero políticamente tienen menos capacidad de forjar alianzas.

En todo caso, creo que la relevancia del tema de Cataluña va más allá del papel que jueguen los partidos nacionalistas en la configuración de mayorías y es mucho más interesante si miramos al ascenso de En Comú Podem en Cataluña. O, dicho de otra manera, de cómo el cambio en el sistema de partidos en Cataluña tiene un impacto en la configuración de fuerzas en el Congreso. La polarización en Cataluña alrededor de la cuestión sobre la independencia perjudicó a los partidos de posiciones intermedias (PSC y CSQEP) en las últimas elecciones en Cataluña. Lo interesante es que en las generales En Común Podem puede beneficiarse tanto de la relativa desmovilización de los quienes votaron a ERC o a CDC el 20D como del hecho de que representa un doble voto útil: el ideológico, que quiera evitar que gobierne el PP, alimentado por las expectativas de sorpasso de UP, y el territorial, como opción mejor posicionada para desencallar el conflicto en Cataluña.

LLO: Estoy de acuerdo, pero el triunfo de Podemos en Cataluña nos está señalando un posible cambio del escenario político catalán. Hasta ahora no había ninguna fuerza política capaz de atender las demandas del votante catalán “federalista” altamente desafecto con el statu quo. El PSC y por extensión el PSOE dejaron de ofrecer alternativas creíbles a ojos de esos votantes. La falta de terceras vías creíbles ha ayudado a que muchos de adhirieran al único proyecto que se presentaba como alternativo al statu quo, la independencia.

SL: Lluís, tenemos que dejarlo. Pero no me voy sin que me hagas un pronóstico de lo que va a ocurrir el domingo. 

LLO: Vale. Para la grabadora y te lo hago.

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