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¿A quién preocupa el cambio tecnológico?

¿Les preocupa a los trabajadores cómo afectará el cambio tecnológico a su profesión?

Una encuesta muestra que los trabajadores menos cualificados son quienes más temen perder su trabajo por las nuevas tecnologías y sin embargo son el grupo que menos habla de este tema

Comparado con otras causas estructurales de despidos, el desempleo tecnológico no hace que los ciudadanos demanden un mejor reparto del riesgo o compensación a los afectados

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Como apuntaba en un post anterior, las nuevas tecnologías aumentan la demanda y los salarios de los trabajadores cognitivos, pero a la vez destruyen empleos rutinarios típicos de las clases medias y medias-bajas (por ejemplo cuando las fábricas instalan robots). El resultado es una mayor desigualdad salarial. A pesar de la importancia de este fenómeno, el debate público sobre los riesgos del cambio tecnológico es escaso o inexistente. Por ahora sabemos muy poco sobre la opinión pública hacia este tema.

Este post explota una encuesta online (con cuotas de edad, sexo, educación y provincia) realizada recientemente en Cataluña y ofrece datos sobre cuestiones básicas: ¿Hablan los trabajadores sobre cómo afectará el cambio tecnológico a su profesión? ¿A quién le preocupa perder su trabajo? Seguidamente el post explora qué piensa la opinión pública sobre cómo afrontar estos riesgos: ¿Existe apoyo a medidas para compensar a los trabajadores afectados? ¿Y es distinta la reacción según si el desempleo se debe a las nuevas tecnologías o a otras causas?

El primer gráfico muestra el porcentaje de personas activas (que tienen o buscan empleo) que han hablado bastantes o muchas veces sobre cómo las nuevas tecnologías afectarán a su profesión con compañeros de trabajo u otras personas. Desagregando los datos en nueve grupos ocupacionales, vemos que quien más habla sobre este tema son los más cualificados y en particular los técnicos superiores, un grupo que incluye a científicos, ingenieros, médicos o profesores. Destacan también los trabajadores cualificados del sector industrial (que también incluye a la construcción y la minería), quizás porque los procesos de transformación industrial han sido más visibles en este sector.

Cuando preguntamos cuán probable es, en una escala de 0 a 10, que el entrevistado pierda su trabajo, encontramos que los menos cualificados temen más al desempleo tecnológico. Una conclusión a destacar es que cuanta menos cualificación tienen los trabajadores menos hablan del impacto de las nuevas tecnologías, a pesar de que justamente este grupo es el que más debe temer un impacto negativo sobre su ocupación.

Por otro lado, quienes menos riesgo perciben son los directores y gerentes de las empresas y la administración. Este distribución desigual de la percepción de riesgo en cierta medida es preocupante porque los trabajadores son más proclives a apoyar políticas sociales como el seguro al desempleo o la formación profesional si piensan que ellos mismos pueden necesitar ayuda. Si quienes tienen salarios más altos se sienten poco amenazados, el apoyo a políticas para repartir el riesgo se reducirá.

Gallego 1

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¿Y qué piensa la opinión pública sobre qué hacer ante el riesgo de desempleo tecnológico? En general se puede intervenir sobre una transformación económica de forma directa, intentando frenarla (o promoverla), o bien de forma indirecta, con medidas compensatorias que palíen sus efectos negativos. Asumiendo que el cambio tecnológico aumenta el bienestar colectivo, una política eficiente y equitativa pasaría por compensar a los trabajadores más perjudicados, en particular quienes sufren o están en riesgo de sufrir "desempleo tecnológico", ya sea con subsidios al desempleo, ofreciendo formación a los trabajadores o introduciendo políticas como la renta básica universal.

Para profundizar en esta pregunta, en la misma encuesta realizamos un experimento. Dividimos a los encuestados en tres grupos. A todos, se les describe un proceso hipotético de reconversión empresarial en que algunos empleados de una empresa van a perder su trabajo, pero a cada grupo les mostramos una viñeta donde la empresa intenta mejorar su competitividad con una estrategia distinta. Las tres posibles estrategias que les mostramos son: adoptar nuevas tecnologías; contratar a inmigrantes con salarios bajos; o trasladar la producción a otro país. La decisión siempre implica despedir a una parte sustancial de los actuales empleados. Comparar las reacciones según distintas causas de reconversión empresarial permite especular sobre si asociar el riesgo de desempleo al cambio tecnológico aumentaría el apoyo a repartir riesgos.

Después de describir la situación se pregunta a los encuestados si apoyarían, en una escala de 0 a 10, dos tipos de medidas: 1) que el Gobierno intervenga de forma directa impidiendo a la empresa llevar a cabo esta decisión y 2) que se compense a los trabajadores despedidos con mayores subsidios y programas de formación.

Gallego 2

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Vemos que los entrevistados son mucho menos proclives a apoyar la intervención gubernamental directa cuando el motivo de una reconversión empresarial es introducir nuevas tecnologías que cuando ésta se debe a otros motivos. Esto indica que la opinión pública ve poco factible o deseable retrasar la introducción de las nuevas tecnologías en los procesos de producción. Por el contrario, el apoyo a medidas compensatorias como los subsidios o la formación profesional es alto, pero el público no discrimina según las causas del proceso de reconversión. Aunque de forma muy tentativa, los datos sugieren que, comparado con otras causas estructurales de despidos, el desempleo tecnológico no genera más demanda política de compensación a los afectados y repartición del riesgo social.

 

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