eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

El trabajo es la mejor política social (y otras fábulas fordistas)

Afirmar que el trabajo es la mejor política social tiene dos errores de diagnóstico.

En la actualidad, encontrar un trabajo no es por sí mismo una manera eficaz de salir de la pobreza.

Además, el aumento en la intensidad de los procesos de automatización hace que sea muy improbable que ni la industria, ni ningún otro sector conocido, sea capaz de crear puestos de trabajo de calidad y permita ocupar a muchas personas con bajas cualificaciones.

- PUBLICIDAD -

Hace unas semanas, la consejera catalana de Trabajo, Asuntos Sociales y Familia, Dolors Bassa (proveniente de ERC), participó en un coloquio que llevaba por título "Las políticas sociales y de trabajo: un solo eje". Ya sé que no me debería sorprender tanto. La propia denominación de la consejería fue toda una declaración de intenciones y la misma consejera ya había dicho que cree que el trabajo es la mejor política social que podemos hacer. Aquello tan repetido, pero tan poco contrastado que es mejor dar la caña que no regalar el pescado. Es una consideración que me parece que implica al menos dos errores de diagnóstico y alguna asunción difícil considerar "de izquierdas".

El primer error de diagnóstico es que no podemos pretender que encontrar un trabajo sea por sí solo una manera eficaz de salir de la pobreza. En el año 2007, en el pico de la burbuja y del milagro español, el 11% de los ocupados era -a pesar de tener trabajo- pobre. Si los "working-poor" ya eran un problema que necesitaba respuestas entonces, imaginemos cómo debe ser tras nueve años de depresión económica. Otro ejemplo. La evaluación de la renta mínima de inserción que hizo el Instituto catalán de evaluación de políticas Ivàlua mostraba que sólo una cuarta parte de las salidas del programa eran debidas a la inserción laboral y, entre los hogares que habían salido porque habían encontrado un trabajo, la tasa de participación laboral durante los cuatro años siguientes a la salida del programa era de menos del 50%.

Pero hay un segundo error de diagnóstico: el empleo no puede ser la principal respuesta a las situaciones de pobreza y privación actuales porque el mercado laboral no es el de 2007. Tenemos un problema, y es que el aumento en la intensidad de los procesos de automatización hace que sea muy improbable que ni la industria, ni ningún otro sector conocido, sea capaz de crear puestos de trabajo de calidad y permita ocupar a muchas personas con bajas cualificaciones. Sí, es verdad que algunos estudios han augurado que la construcción, los servicios a las personas y las ventas podían ser sectores donde se podrían generar puestos de trabajo que podrían servir para emplear una parte importante de las personas paradas. Pero no parece que las administraciones estén invirtiendo ni generando empleo en estos sectores y puede que hayamos sobreestimado los potenciales de la reindustrialización. Como se explica en un interesante trabajo de la OCDE, "traer la producción deslocalizada a casa (reshoring) sólo crearía un número limitado de empleos, y cada vez más de alta cualificación”.

Así que seguramente la industria no volverá a ser un importante sector ocupacional. O al menos no una industria que provea de miles de puestos de trabajo rutinario. De hecho, todo apunta a que la automatización y la computerización destruirán más puestos de trabajo y que las respuestas se deberán buscar en otra parte. La solución que proponen Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, los autores de " The Second Machine Age" -un libro que precisamente trata de anticipar las consecuencias del automatización- es clara: dar directamente dinero a la gente.

El supuesto que difícilmente se puede considerar de izquierdas es el que trata el desempleo y la desigualdad como un mero problema de ajuste entre oferta y demanda de trabajo y centra la intervención de las políticas sociales en mejorar las habilidades y las actitudes individuales de las personas pobres y no en la pobreza en sí mismo. Primero porque el Estado no puede limitarse a mediar en el mercado de trabajo, renunciando a intervenir para cambiar las relaciones de poder entre oferta y demanda de trabajo, entre trabajadores y empresarios. Segundo porque cada día es más evidente que la cobertura de las necesidades básicas para la supervivencia y la garantía de unos ingresos mínimos debe ser una parte importante del programa de cualquier fuerza que se pretenda de izquierdas. Y tercero y más grave, porque condicionar el bienestar de los niños que viven en hogares pobres en el que hagan o dejen de hacer sus progenitores es una magnífica receta para condenarlos a no poder salir de la pobreza, si tenían ninguna opción.

El terreno de juego está bastante claro: tecnología y globalización acelerarán la pérdida de puestos de trabajo y salarios y harán falta dinero y tiempo para generar nuevas industrias y nuevos mercados. Mientras, garantizar rentas seguramente es la única manera eficaz de asegurar que todo el mundo tiene derecho a unos mínimos vitales y que no comprometemos, aún más, el futuro. ¿Empezamos?

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha